EL MISTERIO DE LAS DELIBERACIONES EN LOS ÓRGANOS JUDICIALES COLEGIADOS.

Deliberación

Cuentan los Evangelios sinópticos que en el momento de fallecer Jesús el velo del Templo se rasgó, hecho que reviste un simbolismo religioso evidente; y es que ese velo separaba el recinto del Tabernáculo del Sanctasanctorum, reducidísimo espacio al que tan sólo el Sumo Sacerdote estaba autorizado para penetrar, y tan sólo una vez al año, en la festividad del Yom Kippur. Dado que el Sanctasanctorum era el espacio donde, según la tradición, no sólo albergó inicialmente el arca de la alianza sino que era el único lugar en la tierra donde podía manifestarse la divinidad, la ruptura del velo suponía eliminar la frontera o separación física entre Dios y la humanidad.

En el Templo de la Administración de Justicia, no sólo no ha aparecido ningún mesías que rompa ese velo, sino que muy al contrario éste ha sido sustituido por un sólido muro de hormigón. Uno de los misterios que continúan al alcance de unos pocos elegidos es el de las deliberaciones que tienen lugar en el seno de los órganos judiciales colegiados. Dado el secretismo que las preside y el velo de silencio que rodea este particular, uno sólo puede intuir lo que manifiesta el texto de la resolución final elaborada por los magistrados y, en su caso, de los votos particulares que formulen los discrepantes. Ello ha alimentado las más variadas tesis en el seno de la cultura jurídica y, por extensión, a la popular: desde el considerar que las reuniones no tienen lugar y que el ponente se elabora la sentencia y los restantes magistrados se limitan a firmar si leer lo que su compañero me somete, hasta que las reuniones son un puro trámite pasando por la que, en efecto, considera que existen deliberaciones profundas de alto nivel jurídico. La segunda tesis (reunión puramente formularia con ausencia práctica de debate) ha recibido indirectamente en alguna ocasión el aval de los propios tribunales, como demuestra la curiosísima Sentencia 15/1999 de 22 de noviembre de la Sección Primera de la Sala de lo Civil y de lo Penal del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña dictada en recurso número 1/1999, que dimana de una querella presentada por el Ministerio Fiscal frente a los tres magistrados de la Audiencia Provincial de Barcelona por la presunta comisión de un delito de prevaricación; la causa se acaba limitando única y exclusivamente frente al ponente. De dicha sentencia no tienen desperdicio el hecho probado quinto: “Las Ilmas. Sras. Magistradas que formaban Sala con el acusado en la Sección de la Audiencia Provincial de Barcelona, declararon en el acto de juicio oral que la deliberación que precedió a la redacción del Auto de 2 de Junio de 1.998 fue en virtud de una dación de cuenta por el Ilmo. Sr. Magistrado Ponente que calificaron de superficial, alegando también que la información que les facilitó, fue muy somera., siendo auténticamente impagable la lectura del fundamento jurídico octavo, donde se contienen los razonamientos que realiza el Tribunal para enjuiciar únicamente al ponente de un Auto y no a los tres firmantes del mismo (lo que en puridad sería lo correcto dado que se estaría ante un acto de un órgano colegiado). No obstante, fuera de casos aislados como ese mencionado, las deliberaciones de los órganos colegiados continúan siendo como los misterios de Eleusis, los ritos órficos: únicamente se encuentran al alcance de unos pocos.

Contrasta esta situación con lo que ocurre en el ámbito norteamericano, pese a que el punto de partida curiosamente es el mismo: el hermetismo total. Baste como prueba que a mediados de los años sesenta, Nina Totemberg escribía en el New York Times: “No existe prácticamente un secreto mayor en América que el Tribunal Supremo. Sus nueve jueces son los hombres más poderosos, y a la vez los más invisibles de los Estados Unidos. Es extraño escuchar a un juez revelar algo acerca de su trabajo en el Tribunal, y a los law clerks se les impone igualmente el secreto. Se supone que las sentencias hablan por sí mismas. Es el poder del Estado menos responsable.” Y es que, en efecto, poco se sabía de las deliberaciones efectuadas en el seno de los órganos judiciales. Hasta que en el año 1979 la situación mudó sobremanera gracias a la aparición del clásico libro The brethren, obra de Bob Woodward y Scott Armstrong, que hicieron una exhaustiva y apasionada descripción de las interioridades del Tribunal Supremo, utilizando como fuente o “garganta profunda” para este caso al magistrado Potter Stewart, quien se puso en contacto con el primero de los periodistas y a quien surtió de innumerables datos, anécdotas y revelaciones que éste completó con otras fuentes documentales, si bien, para evitar cualquier tipo de influencia directa o indirecta los investigadores detuvieron su relato en el año 1976. Esa brecha o hueco abierto por Woodward y Armstrong fue poco a poco ampliándose, y así, ya desde el campo estrictamente jurídico, el profesor Bernard Schwartz publicó su célebre trilogía sobre el Tribunal Supremo, The unpublished opinions, estando dedicado el primer tomo al mandato de Earl Warren, el segundo al de Warren Burger y el tercero a los primeros años del mandato de William Rehnquist; trilogía que luego el autor resumió y sintetizó en un libro de bolsillo, Decision: How the Supreme Court decide cases. Esta línea ha sido continuada recientemente por autores como Jeffrey Toobin en sus libros The Nine: Inside the secret world of the Supreme Court y The Oath: The Obama White House and the Supreme Court.

Bernard Schwartz pudo acceder a la documentación personal de los magistrados del Tribunal Supremo, y que éstos hicieron plenamente accesible al público, enfrentándose incluso a la oposición de algunos de sus compañeros; Schwartz cuenta cómo William Brennan incluso recibió una carta que Rehnquist, presionado por sus colegas, le remitió haciéndole ver la preocupación de éstos por el acceso ilimitado a documentación que los jueces del supremo consideraban “delicada”. Otros, como Hugo Black, profundamente decepcionado por un acontecimiento personal (al leer una biografía del chief justice Harlan Fisk Stone escrita por un autor que tuvo acceso al archivo personal del finado, Black comprobó por vez primera que su colega no le soportaba) ordenó a sus herederos destruir toda la documentación a su muerte, o al menos eso cuentan Woodward y Armstrong. Toobin pudo entrevistarse con todos los magistrados y que por entonces desempeñaban sus servicios en el Tribunal Supremo. Así podemos conocer, por ejemplo, las agonizantes sesiones en las que Harry Blackmun intentaba tomar una decisión sobre los asuntos que se le sometían; el agudo sentido del humor de William Rehnquist, cuya simpática figura no sólo servía de contraste con la del pomposo Warren Burger, sino que le granjeó la amistad inquebrantable de sus oponentes ideológicos como William Brennan; notas tan curiosas como la que el 18 de julio de 1974 remitió el magistrado liberal Byron White al chief justice acerca de los orígenes del control de constitucionalidad de las leyes. Gracias a todo este conjunto de obras podemos conocer interioridades de las deliberaciones en asuntos tan vitales como Roe v. Wade, United States v. Nixon, Planned Parenthood v. Casey, Bush v. Gore, District of Columbia v. Heller o Citizens United, entre otros. En resumen, que ha podido atenuarse ese halo de secretismo que rodea las deliberaciones del más alto tribunal de la federación.

En nuestro país, por el contrario, la situación persiste impasible el ademán. No existe ninguna obra que pueda compararse a las de Woodward, Schwartz o Toobin, y únicamente existen versiones “castizas” de jueces estrella que, además, más que por el rigor académico se caracterizan por la logorrea inútil más orientada hacia el sensacionalismo barato que hacia el campo de la teoría jurídica o la mera exposición fáctica. Es más, en alguna que otra ocasión el lector incluso puede llegar legítimamente a la conclusión de que las deliberaciones de los órganos colegiados o no existen o que a la salida de cada una de ellas el disco duro se formatea y nada se recuerda de lo visto en la anterior, hecho éste sobre el que profundizaremos en un post ulterior.

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