EL JURAMENTO DEL REY: CONSIDERACIONES JURÍDICAS SOBRE LA CEREMONIA FORMAL.

Juramento Felipe VI

Como última entrada que aborda el tema de la abdicación del anterior monarca y la proclamación de su sucesor, abordamos en esta ocasión el tema del juramento constitucional, en concreto sobre su naturaleza jurídica y alcance del mismo.

En nuestro ordenamiento jurídico, el artículo 61 del texto constitucional establece que “El Rey, al ser proclamado ante las cortes Generales, prestará juramento de desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas”. Es este un precepto que entronca más con las constituciones europeas que con la tradición constitucional española, dado que únicamente los textos de 1812 y 1869 contemplaban un precepto similar. No en vano Fernando Garrido Falla, en sus imprescindibles Comentarios a la Constitución indica que “sólo las constituciones de 1812 y 1869 recogían la exigencia del juramento regio; no obstante, se trata de una tradición arraigada de la Monarquía española, si bien la fórmula de la Constitución vigente enlaza más con las de otras constituciones monárquicas europeas, teniendo de ese modo el juramento, como señala Alzaga, el carácter de símbolo del pacto producido a fines del siglo XIX entre las monarquías y las nuevas instituciones europeas”. No obstante, conviene hacer referencia a un hecho curioso, cual es la variación del texto final del precepto glosado respecto a la redacción inicial en el anteproyecto. En efecto, en el anteproyecto de Constitución el artículo 53.1 indicaba que “El Rey, al ser proclamado ante las cortes Generales, prestará juramento de desempeñar fielmente sus funciones, guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes y respetar y tutelar los derechos de los ciudadanos”; tras el informe de la ponencia, el texto sufrió una leve mutación, eliminando las palabras “y tutelar”, siendo finalmente la Comisión del Congreso la que añadiese la expresión “y las Comunidades” al final del precepto. En efecto, la expresión “y tutelar” pudiera dar lugar a interpretaciones equívocas que llevasen a concluir que el monarca tuviese una posición activa en materia de salvaguardia de derechos de los ciudadanos, algo incompatible con la esencia de la monarquía parlamentaria, donde el monarca reina, pero no gobierna.

Respecto a este precepto, conviene señalar un par de cuestiones:

1.- La ausencia de una fórmula expresa o cerrada de juramento. En efecto, no se establece una fórmula tipo en la Constitución, y en este sentido nuestro texto fundamental se aproxima más al artículo 79 de la Constitución de 1869 (“Cuando falleciere el Rey, el nuevo Rey jurará guardar y hacer guardar la constitución y las leyes, del mismo modo y en los mismos términos que las cortes decreten para el primero que ocupe el Trono conforme a la Constitución”), que al artículo 173 de la Constitución de Cádiz, que sí imponía una larguísima fórmula expresa de juramento (“El rey, en su advenimiento al trono, y si fuere menor, cuando entre a gobernar el Reino, prestará juramento ante las Cortes bajo la fórmula siguiente……”). Por lo tanto, siempre que se respete esa línea básica del artículo 61.1 de la Constitución de 1978, la fórmula sacramental en la que se exteriorice el juramento o promesa puede ser más larga o más corta, más genérica o más específica, pero siempre con ese núcleo esencial básico indisponible para la regia persona que ha de prestarlo. No se asemeja, pues, este precepto a otros textos constitucionales europeos, como las Constituciones belga y holandesa, donde sí se plasma en la propia Constitución la fórmula rituaria de juramento.

2.- No se explicita si ese juramento es requisito indispensable para el acceso al trono o una mera formalidad. Si acudimos a otros países veremos que existen soluciones que admiten una intepretación dispar. Así, por ejemplo, mientras que el artículo 91 párrafo segundo de la Constitución belga no admite otra interpretación más que el juramento solemne ante la Cámara es un requisito previo y esencial para acceder al trono: (“Le Roi ne prend possession du trône qu’après avoir solennellement prêté, dans le sein des Chambres réunies…”, lo que podríamos traducir como “El Rey no toma posesión del trono más que después de prestar solemne juramento ante las Cámaras reunidas…”) otras como la holandesa permite concluir que el juramento es un acto posterior a la toma de posesión efectiva del nuevo monarca, pues el artículo 32 de dicho texto establece que: “Nadat de Koning de uitoefening van het koninklijk gezag heeft aangevangen, wordt hij zodra mogelijk beëdigd en ingehuldigd in de hoofdstad Amsterdam in een openbare verenigde vergadering van de Staten-Generaal”, lo que podría traducirse como “Una vez que el Rey haya comenzado a ejercer la autoridad real, se le tomará juramento y será proclamado lo antes posible en la capital Amsterdam en una sesión pública y conjunta de los Estados Generales”.

Para quienes sean más afectos a la forma republicana, echemos un vistazo a la Constitución norteamericana. En este sentido, el último párrafo de la Sección primera del Artículo II de la Constitución federal establece que: “Before he enter on the Execution of his Office, he shall take the following Oath or Affirmation: ´I do solemny swear (or affirm) that I will faithfully execute de Office of President of the United States, and will to the best of my Ability preserve, protect and defend the Constitution of the United States´”, lo que podemos traducer como: “Antes de tomar posesión de su cargo, prestará el siguiente juramento o promesa: ´Juro (o prometo) solemnemente desempeñar fielmente el cargo de Presidente de los Estados Unidos, así como preservar, proteger y defender la Constitución de los Estados Unidos con mis mejores habilidades”. Cualquiera puede comprobar echando un vistazo a las tomas de posesión de los mandatarios norteamericanos que éstos prestan su juramento no ante el Congreso, sino ante el chief justice, es decir, no ante los representantes del pueblo (porque el presidente tiene su propia legitimidad popular) sino ante la cabeza de la judicatura federal, precedente que sentó Thomas Jefferson cuando solicitó a su odiado primo John Marshall que le tomase juramento como presidente. Cabe recordar también que todos los presidentes, tanto republicanos como demócratas, prestan invariablemente el juramento con la mano sobre la biblia y con una frase final que no viene prescrita en el texto constitucional: “so help me God” (que Dios me ayude). Además, el fasto y boato de la toma de posesión presidencial en nada desmerece a la coronación de cualquier monarca europeo (¡si Jefferson levantara la cabeza!)

Queda perfectamente claro del texto constitucional americano que el juramento es un acto previo e indispensable a la toma de posesión efectiva como Presidente. Y, de hecho, no me resisto a contar a los lectores la pequeña anécdota con la que Jeffrey Toobin abre su libro The oath: The Obama White House and the Supreme Court. El 20 de enero de 2009, cuando el chief justice John Roberts tomó el juramento al senador Barack Obama, incurrió en una equivocación en la fórmula rituaria (Roberts, uno de los abogados más brillantes y que en su época como letrado llamaba la atención precisamente por ser el único que defendía casos ante el Tribunal Supremo sin consultar papeles ni notas). El asunto, que no pasaría de anecdótico, llevó a un funcionario de la Casa Blanca a preguntarse si esa equivocación podría afectar de tal manera que el presidente, en realidad, no fuese tal al apartarse el juramento de las previsiones constitucionales, hasta el punto de que uno de los interlocutores de dicho funcionario llegó a preguntarle: “Are you telling me that he is not the President?”. Para evitar cualquier posible confusión, John Roberts volvió a tomar juramento a Obama, aunque esta vez en la Casa Blanca y en una ceremonia con muy pocos espectadores.

Para quien tenga curiosidad, aquí ofrecemos el video con el juramento de Obama en el año 2009.

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