EL CABO DEL TERROR (1962): UN CLÁSICO DEL SUSPENSE.

Cape Fear (1962)

Iniciamos una serie de post veraniegos en los que el aspecto jurídico cede protagonismo, aunque sin llegar a desaparecer del todo. En esta ocasión, comentaremos un clásico del cine de suspense rodado a principio de los sesenta. Nos referimos al film El cabo del terror (Cape Fear), película dirigida en 1962 por John Lee Thompson (inmediatamente antes de rodar Los cañones de Navarone) e interpretada por Gregory Peck (que también era el productor del film), Robert Mitchum, Polly Bergen, Martin Balsam y un jovencísimo Telly Savallas aún con pelo. Esta película sería objeto de un remake por Martin Scorsesse en el año 1991, y en el cual Peck, Mitchum y Balsam tenían pequeñas intervenciones a modo de homenaje.
La trama está basada en la novela The executioners, de John D. McDonald. Sam Bowden es un brillante y exitoso abogado que reside junto a su mujer y su hija adolescente en una ciudad sureña de los Estados Unidos, ciudad en la que un día se presenta Max Cady, recién salido de prisión. Cady había sido condenado por atacar brutalmente en Baltimore a una chica (la palabra “violación” fue cuidadosamente omitida, aunque estaba implícita) y su condena se debió al testimonio de Bowden. Tras salir de la cárcel, Cady elabora un plan para vengarse de Bowden y de su familia, sin que ni el jefe de policía Charles Dutton (amigo de Bowden) pueda hacer nada porque, pese a que las intenciones de Cady son meridianamente claras e incluso en alguna ocasión explícitamente manifestadas por el propio interesado, las fuerzas del orden estaban imposibilitadas de actuar. A Bowden no le queda otra opción, para proteger a su familia, que enfrentarse a un peligroso juego del gato y el ratón con Cady en el río Cabo del Terror, que da título al film.
Señalar que el reparto no era el inicialmente previsto. Gregory Peck, que era el productor, deseaba el papel de Cady, pero su imagen estaba más vinculada a personajes bondadosos y familiares (únicamente en 1946 había interpretado a un villano en la película Duelo al sol, y aún faltarían otros diecisiete años para que interpretara al siniestro doctor Mengele en Los niños del Brasil), por lo que le disuadieron de ello y finalmente interpretó con bastante soltura el papel del letrado Sam Bowden, desplazando así a Charlton Heston, quien ya tenía casi asegurado el papel. Para interpretar a Max Cady se había pensado en Ernst Borgnine y Rod Steiger, pero fue Robert Mitchum quien se hizo con este jugoso personaje (según una anécdota apócrifa, le enviaron el guión junto con una botella de licor, a lo que el actor presuntamente habría respondido: “Estoy borracho. Acepto”). John Lee Thompson deseaba a Hailey Mills como hija del matrimonio Bowden, pero compromisos previos imposibilitaron dicha opción. En fin, que además, existen varias anécdotas que salpicaron el rodaje. Peck deseaba que la escena final en el río se desarrollara en el seno de una fuerte tormenta (como, de hecho, ocurrió en el remake de 1991) pero no pudo hacerlo a su gusto debido a imposiciones externas; en una escena entre Mitchum y Polly Bergen, en gran parte improvisada y cuyo final debía resultar en que el primero golpease varias veces a la segunda, aquél se metió tanto en el papel que sin querer golpeó accidentalmente a Bergen (ésta declararía ulteriormente en el pequeño documental relativo a la filmación, que Mitchum inmediatamente la abrazó y no cesaba de decir arrepentido: “lo siento, lo siento”). Pero Mitchum también sufrió en sus carnes algo parecido, dado que en la escena de la pelea con Gregory Peck, éste también le golpeó accidentalmente en el abdomen, pese a que en el último momento Peck había intentado reducir el impacto; Mitchum diría posteriormente con humor: “Compadezco al que se pelee con Greg”, a quien por otra parte todo el mundo reconocía que era un auténtico caballero dentro y fuera de la pantalla.
Pero la cinta nos deja también planteadas una serie de interrogantes que plantearían una serie de reflexiones: la (in)efectividad de la reinserción y la (in)eficacia de la ley para proteger a los ciudadanos respetuosos con la misma. Cady ha sido condenado por “agresión” (léase, violación), sale a los ocho años, inicia un acoso inmisericorde a la familia de Bowden y no tiene inconveniente en agredir nuevamente a una chica (Barry Chase, en una escena en cuyo punto culminante una persiana se cierra impidiendo la visión, pero no la audición de la brutal agresión de Cady, a quien veíamos segundos antes acercarse a su víctima de la misma forma que un felino), lo cual daría lugar a un intenso debate sobre las cárceles y lo que realmente representan así como si existen determinadas personas absolutamente ininsertables en la sociedad. Pero existe igualmente otro motivo de refleción: la absoluta desprotección que el ciudadano honrado tiene frente al criminal. Bowden y su familia cumplen la ley, son conscientes de que están en peligro, pero la ley no les brinda protección alguna. Charles Dutton, el jefe de policía, lo manifiesta impotente cuando relata el caso de una anciana que había sido amenazada en varias ocasiones, pero a la que no pudieron proteger porque no existía aún actuación alguna con carácter delictivo. Es paradójico que la salvación de Bowden pase por una actuación personal realizada al margen de la ley (con conocimiento de las fuerzas del orden, si, pero en un acto si no ilegal, cuando menos a-legal), y si bien el final de la película difiere notablemente del remake de 1991, no deja de causar inquietud el mero hecho de que se ponga en evidencia que el criminal sabe moverse más por los recovecos que deja la normativa que el ciudadano honrado, por mucho que éste sea un brillante abogado y que tenga a toda la comunidad de su parte.
Una gran película que recomendamos encarecidamente a los lectores del blog, y cuyo tráiler les ofrecemos a continuación:

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Un comentario el “EL CABO DEL TERROR (1962): UN CLÁSICO DEL SUSPENSE.

  1. Una de las mejores peliculas del notable artesano John Lee thompson (Los cañones de Navarone, Ella y sus Maridos, Los reyes del sol, Taras Bulba, El oro de McKenna, La India en LLamas) que en sus ultimos años como cineasta se puso al servicio de Charles Bronson y sus films sobre justicieros por encima de la ley. Filmada en un contundente blanco y negro, la pelicula tiene una atmosfera negra y turbadora, subrayada por la excelente banda sonora de Bernard Herrman -recuperada en el 91 por Martin Scorsese para su notable remake “El cabo del miedo” en lujoso panavisión-. El personaje de Max Cady-un sólido Robert Mitchum- es un expresidiario con maneras y modales de macarra vulgar y letal como una serpiente de cascabel, esta dispuesto a vengarse de Sam Bowden -Gregory Peck esplendido como casi siempre- el abogado que le envió a prisión, y no dudará en vengarse de su familia de manera que la ley tenga problemas para frenarle los pies. Efectivamente como bien dice el comentario de la parte superior, el ciudadano honrado esta indefenso ante esta autentica rata de cloaca sin escrupulos, capaz de acosar a una familia sin descanso. Recurre incluso a metodos ilegales para deshacerse de la pesadilla que representa Max Cady. El final del film no es tan espectacular como el del conseguido remake de Martin Scorsese, pero deja un buen regusto en la boca, el regusto de haber contemplado un autentico clasico del cine negro de todas las epocas

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