LA MÁSCARA NEGRA: UNA SERIE FALLIDA.

La máscara negra

Existen películas, series de televisión y programas que marcan a uno en su niñez y juventud pero que, vistas con ojos de adulto, pierden la frescura que tenían las mismas en los años mozos y esa aureola mítica con que se les dotaba en la niñez, no ofreciendo otro aliciente al revisitarlas que evocar aquellos más o menos lejanos años de inocencia infantil. Eso ha ocurrido a quien suscribe cuando este mes de agosto ha visto de nuevo la serie que en 1982 rodó Televisión Española con el título de La máscara negra, protagonizada por un Sancho Gracia recién salido de Curro Jiménez. Recuerdo haber leído en su día una entrevista a Sancho Gracia en la que el mismo reconocía explícitamente que esta serie quizá fue un error y que debiera haberse proseguido con Curro Jiménez, y hoy en día no puedo dejar de coincidir con el protagonista de la serie que hoy glosamos. Porque, en efecto, lo que a mis ojos de niño parecía una serie de aventuras atractiva y muy interesante, treinta años después me parece no sólo algo artificial, sino fallida. Los propios orígenes de la serie incluso avalan esta interpretación que hoy me atrevo a compartir con todos.
Sancho Gracia deseaba llevar a la pantalla El Coyote, el célebre personaje creado por José Mallorquí y que había sido llevado a la gran pantalla en tres ocasiones con desigual fortuna: dos de ellas (El Coyote, La vuelta del Coyote –en las cuales, por cierto, aparece Rafael Bardem, el padre de Pilar y abuelo de Javier, como el padre del protagonista) por Romero Marchent; la tercera, un spaguetti western dirigido por Mario Caiano con el título El vengador de California. El intento se frustró porque Mallorquí ya había vendido los derechos, así que se optó por realizar una especie de adaptación del Zorro, pero en versión patria y ambientándolo en la España de la guerra de la independencia (adelantándose así a la visión que de dicho personaje tuvo Isabel Allende, cuya novela El Zorro sitúa las primeras andanzas del héroe en dicho espacio geográfico y temporal). La serie iba a titularse inicialmente El bastardo, pero incluso hasta en eso surgieron problemas al existir ya una denominación idéntica, por lo que se optó por el llamativo título La máscara negra, dado que el héroe lleva precisamente una máscara de dicho color y utiliza atuendo hispano de la época. El título no deja de ser igualmente equívoco, dado que en los once episodios que integran esta serie, en algunos de ellos la presencia de la “máscara” es poco menos que simbólica o anecdótica (baste indicar que el en segundo capítulo apenas llega a los veinte segundos, en el quinto ni tan siquiera al minuto) y únicamente el primero de los capítulos, curiosamente el de presentación del personaje, éste tiene una presencia real y destacada; justo cuando quien se esconde bajo la máscara es otra persona……
El argumento gira en torno a Carlos de Zárate (Sancho Gracia) el primogénito de una familia de clase media-alta española que, tras haber pasado bastantes años en Inglaterra, acude de nuevo a España movido por una preocupante carta que le enviase a su progenitor. Cuando llega a su patria se encuentra en todas partes con tropas francesas, y una vez llega a la capital ve que su propia casa ha sido tomada literalmente por los franceses. Allí su hermano Diego (un jovencísimo Juan Ribó, que había coincidido ya con Sancho Gracia en un capítulo de Curro Jiménez) le informa que su padre se había quitado la vida al haber sido objeto de las burlas del capitán francés Dracó, el mismo que había tomado la casa de los Zárate. La tranquilidad de la que aparentemente hace gala Carlos de Zárate contrasta con la impetuosidad juvenil de su hermano Diego, incapaz incluso de devolver el saludo a un francés y admirador, al igual que su padre, de La máscara, héroe español enmascarado capaz de plantar cara a los franceses y hacerles caer en numerosas emboscadas. No obstante, el martes de carnaval de 1808, cuando intentaba liberar a unos heridos, La máscara es herida de muerte por el capitán Draco, y es entonces cuando descubrimos que quien se esconde bajo la misma es el menor de los Zárate, Diego (un inequívoco guiño a don Diego de la Vega), quien con su último aliento es capaz de transmitir a su hermano Carlos la identidad de su asesino y encomendarle que concluya su tarea. Carlos se muestra reticente, pero en efecto, es capaz de rematar el trabajo de la máscara dando muerte al capitán francés en la propia mansión de los Zárate que es pasto de las llamas. Este primer episodio constituye en realidad y comienzo y un fin, y podría, en efecto, haberse limitado la serie a este único capítulo. En los restantes, como hemos dicho, la cámara y el guión se centra más en el personaje de Carlos de Zárate, en su aparente cinismo, en la agudeza de sus respuestas, en su estilo de bon vivant, que en la propia máscara que da título a la serie.
Con todo, y pese a ser una serie fallida, tiene algunos puntos destacables. Cuenta en sus capítulos con un gran elenco de intérpretes que son la flor y la nata de la pantalla española de aquéllos años, pues además de los indicados Sancho Gracia y Juan Ribó, aparecen Manuel Zarzo, Germán Cobos, Álvaro de Luna (mutando el papel de algarrobo por el de mameluco) José Martín (el inolvidable Edmundo Dantés de la adaptación televisiva El conde de Montecristo), Manuel Tejada, Paul Naschy, Jack Taylor, Marisa Paredes, Manuel Gil e incluso Paco Rabal. Es igualmente merecedora de un sobresaliente la música compuesta por Antón García Abril: el vibrante, alegre y apasionado tema inicial que acompaña los títulos de crédito así como el melancólico, lento y nostálgico solo de guitarra que constituye el tema de Carlos de Zárate. La situación de la España de aquéllos años es descrita magistralmente por Carlos en el primer capítulo, en una conversación con su hermano (“El tiempo de nuestros padres ha terminado. La presencia de los franceses lo puede precipitar todo y no se sabe lo que puede ocurrir”), e incluso es brillantísima la forma de indicar cómo los buenos tiempos que en el pasado vivió Carlos han pasado a mejor vida (el plano en el que la antigua casa familiar –a la que se denomina ilustrativamente “caserón”- es pasto de las llamas y el momento en el que la cámara enfoca la consunción del cuadro familiar donde están retratada toda la familia Zárate). Pero esos repuntes brillantes no permiten mutar la conclusión principal, y es que se trata de una serie entretenida, e incluso nostálgica, aunque fallida, a la que de todas formas conviene asomarse para evocar una época: la de la televisión de principios de los ochenta.
A continuación, les ofrezco un enlace con la magnífica banda sonora de la serie.

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Un comentario el “LA MÁSCARA NEGRA: UNA SERIE FALLIDA.

  1. Hombre.. tanto como fallida…

    Yo la he disfrutado mas en la revisión hecha como adulto que cuando la vi por primera vez siendo un crio. Entonces aluciné con la idea de un “Zorro” español que luchaba (¡y vencía!) a los invasores franceses, pero ahora es cuando he podido sacar todas esas cosas de las que hablas, en parte, las referencias, las ironías de Don Carlos, la calidad de la realización y de las actuaciones, la constelación de grandes actores españoles de la época que desfilaron por la serie, etc., etc., etc.

    Para mi el fallo fue no continuarla.

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