M´NAGHTEN RULES: EL ORIGEN DE LA EXIMENTE DE ENAJENACIÓN MENTAL EN EL MUNDO ANGLOSAJÓN

Sir Nicholas Conyngham Tindal

Sin duda alguna uno de los supuestos más utilizados por las defensas en asuntos penales es la eximente de incapacidad mental transitoria o, por utilizar los términos con que actualmente está contemplada la figura en nuestro ordenamiento jurídico en el artículo 20.1 de la tantas veces enmendada y maltratada Ley Orgánica 10/1995, la “anomalía o alteración psíquica” que impida a la persona “comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión”, o simplemente “trastorno mental transitorio”. Pues bien, en el mundo anglosajón las reglas del trastorno mental transitorio se conocen como M´Naghten rules, dado que derivan precisamente del caso M´Naghten, resuelto en junio de 1843 por la Cámara de los Lores (como Tribunal Supremo del Reino Unido, cualidad que ostentó hasta la Constitutional Reform Act de 2005). Expongamos brevemente los antecedentes del caso y su resolución.
El día 20 de enero de 1843 Edward Drummond caminaba por la parroquia de Saint Martin in the Fields, en el condado de Middlesex, cuando Daniel M´Naghten se le aproximó súbitamente, sacó un revolver y le disparó a quemarropa. Drummond, tras una larga agonía que se prolongó varios meses, falleció a consecuencia de las heridas que le produjo el disparo. Parece ser que M´Naghten quería atentar contra la vida del primer ministro británico, Sir Robert Peel (aunque este aspecto no está del todo claro) y parece igualmente que tomó equivocadamente a Drummond por Peel. M´Naghten fue procesado, y en su defensa se declaró no culpable. La evidencia fáctica era tal que el hecho era imposible negarlo, por lo que la defensa del acusado se basó precisamente en una enajenación mental.
Ostentaba por aquel entonces el cargo de Chief Justice of Common Pleas un eminente jurista británico, Lord Sir Nicholas Conyngham Tindal (cuyo retrato “preside” esta entrada), quien presidió los debates que dieron lugar a la sentencia del caso. Tras exponer brevemente los hechos del caso, enfoca jurídicamente el asunto para que no quepa lugar a dudas: “El asunto a resolver consiste en determinar si, en el momento de comisión del acto, el prisionero se encontraba o no en pleno uso de sus facultades de manera que supiese que estaba cometiendo un acto incorrecto o malvado. Si el jurado entiende que el prisionero, en el momento de cometer el acto, no era consciente de estar vulnerando las leyes humanas y divinas, entonces está obligado a resolver en su favor; por el contrario, si entienden que se encontraba en plenas facultades mentales, debe fallar en su contra”. Como indica la propia sentencia, se produjo un debate en el seno de los lores acerca de “la naturaleza y extensión de la enajenación mental que eximiría de responsabilidad penal en la comisión de un delito de esta naturaleza”. La sentencia recoge el debate de los lores en relación a cinco importantísimas cuestiones que marcarían el camino a seguir en el caso de que un acusado alegase en el futuro no culpabilidad basándose en enajenación mental. Las cinco cuestiones eran las siguientes:

1.- Cual es el criterio legal a seguir cuando un acusado alega haber cometido un crimen cuando tiene alterada la percepción en relación a uno o más sujetos o personas?

2.- Cómo debe presentarse la cuestión al jurado cuando una persona que alega error en la percepción en cuanto a una o varias personas e invoca la enajenación mental como defensa?

3.- En qué términos debe someterse al jurado la consideración del estado mental del prisionero cuando cometió el delito?

4.- Si el prisionero comete un delito bajo una percepción errónea en cuanto a los hechos, debe declarársele exento de responsabilidad penal?

5.- Puede un profesional de la medicina que nunca ha visto al prisionero con anterioridad a la comisión del delito, pero que está presente durante todo el juicio y el interrogatorio de los testigos, manifestar su opinión acerca del estado mental del prisionero en el momento de cometer el crimen, o manifestar si según su criterio el prisionero era consciente de actuar de forma contraria a la ley en el momento de comisión del delito?

El juez Maule se apartó del criterio de sus compañeros por varias cuestiones, entre las cuales destaca “el temor que no puedo apartar, de que las respuestas que los jueces ofrezcan a estas cuestiones relativas a asuntos de gran importancia que afectan al derecho penal y que ocurren frecuentemente, pueden dificultar la administración de justicia cuando se citen en juicios criminales”, razón por la cual “me hubiera encantado si mis distinguidos colegas se hubieran unido a mis oraciones para que sus señorías nos excusasen de responder a tales preguntas”. No obstante, intenta en un esfuerzo ofrecer su opinión: “There is no law, that I am aware of, that makes persons in the state described in the question not responsible for their criminal acts. To render a person irresponsible for crime on account of unsoundness of mind, the unsoundness should, according to the law as it has long been understood and held, be such as rendered him incapable of knowing right from wrong”. Para el juez, esta es una cuestión a resolver por la psicología, no por el derecho.
No obstante, los restantes jueces deciden entrar en el fondo del asunto y contestar las preguntas. La más peliaguda era la de cómo enfrentar al jurado con el asunto, dado que es precisamente el jurado quien ha de pronunciarse sobre la culpabilidad o no de la persona acusada. Y lo resuelven de la siguiente forma: “jurors ought to be told in all cases that every man is to be presumed to be sane, and to possess a sufficient degree of reason to be responsible for his crimes, until the contrary be proved to their satisfaction; and that to establish a defence on the ground of insanity, it must be clearly proved that, at the time of the committing of the act, the party accused as labouring under such a defect of reason, from disease of the mind, as not to know the nature and quality of the act he was doing; or, if he did know it, that he did not know he was doing what was wrong”, lo que podríamos traducir como “debe informarse a los jurados en todos los casos, que se presume a toda persona en pleno uso de sus facultades y con el suficiente uso de razón como para ser responsable de sus crímenes, a no ser que se acredite debidamente lo contrario; y que para establecer una defensa basada en la enajenación mental debe probarse indubitadamente que, en el momento de comisión del delito, la parte acusada de actuar con las facultades mentales alteradas, desconocía la naturaleza y alcance del acto que estaba realizando o que, de comprenderlo, no supiese que lo que estaba hacienda era incorrecto”.El caso termina de una forma algo divertida, pues los jueces se lanzan alabanzas unos a otros por la sabiduría y altura de miras de sus colegas.

En Estados Unidos, la primera ocasión en que se utilizó la defensa de enajenación mental transitoria fue en el enjuiciamiento de Daniel E. Sickles por el asesinato de Philip Scott Key. Sickles, un militar conocido como “Devil Dan” y cuya ajetreada vida estuvo salpicada de escándalos, en el año 1859 disparó en plena calle a Philip Barton Key (el hijo del compositor del actual himno nacional estadounidense) ocasionando su muerte. La defensa argumentó que el militar había actuado con las facultades mentales disminuidas, pues su esposa le había confesado unas horas antes del atentado que tenía un affaire con la víctima. Sickles había actuado, pues, con las facultades mentales alteradas por la confesión de su esposa, y por ello resultó absuelto.

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