UNA NOVEDOSA EXPOSICIÓN DEL DERECHO ADMINISTRATIVO.

Lecciones de Derecho Administrativo con ejemplos

El Derecho Administrativo es un derecho vivo y, sobre todo, muy apegado al terreno, por lo que su manejo no requiere única y exclusivamente de conocimientos teóricos (por otra parte indispensables) sino una cierta agilidad a la hora de aplicarlo a la realidad cotidiana. Por ello, quizá tanto los manuales como los docentes pecan de un cierto exceso de academicismo, limitando la enseñanza a unas cuantas reglas teóricas tan abstrusas como ininteligibles al desconectarlas de la realidad que pueden llevar al discente al cansancio, a la desesperación cuando no al odio abierto a la disciplina. Sirva un ejemplo concreto: la definición de acto administrativo. Cualquier persona aún con unos conocimientos rudimentarios en la disciplina conoce la célebre definición contenida en el Curso de Derecho Administrativo de Eduardo García de Enterría y Tomás Ramón Fernández, que el primero toma de Zanobini: “Toda declaración de voluntad, conocimiento, juicio o deseo emanada de la Administración pública en el ejercicio de una potestad administrativa distinta de la potestad reglamentaria”; ahora bien, en líneas generales el docente se detiene ahí, sin ofrecer ejemplos prácticos de lo que es un acto administrativo ya sea de voluntad (una liquidación tributaria, una sanción administrativa, una licencia urbanística) o de conocimiento (un informe o un dictamen). Recuerdo cuando hace más de diez años, cuando quien suscribe era un joven e ingenuo recién licenciado en Derecho, el prematuramente desaparecido Agustín Muñiz (excelente persona y brillantísimo urbanista) que ya atesoraba un inmenso arsenal de técnica urbanística práctica, me comentaba en una charla informal que seguramente si tuviera que definir jurídicamente una licencia probablemente yo estuviera más acertado que él, pero el problema no era ese, sino, cito textualmente: “cómo se llega a la licencia, su contenido material concreto, su adecuación a la normativa”.
Por ello no puedo menos que recomendar muy especialmente un libro recién salido al mercado: se trata de la obra Lecciones de Derecho Administrativo con ejemplos, obra colectiva coordinada por Miguel Ángel Recuerda Girela y publicada por la editorial Tecnos. En la novedad de la obra radica principalmente su principal atractivo: aborda el Derecho administrativo con una metodología ciertamente tan novedosa como encomiable: la exposición de los temas a raíz de la explicación o solución a breves enunciados prácticos. Expuesto de esa forma el Derecho administrativo deja de ser una especie de demiurgo encerrado en las cumbres del Olimpo para descender al mundo mortal de la realidad. No se expone de forma teórica qué es un acto administrativo, el principio de inderogabilidad singular de los reglamentos, la jerarquía normativa o las fases del procedimiento administrativo, sino que se nos coloca, por ejemplo, ante casos como los de una persona a quien se priva de una plaza debido al recurso interpuesto por otro concurrente a la oferta o ante una entidad pública que desea celebrar un contrato para la realización de una obra. Se trata de enunciados no muy extensos, y cuya explicación sirve precisamente para que, a la luz de ese ejemplo que le sirve de excusa, exponer los rudimentos básicos de sectores o áreas de la disciplina. Se trata de más de cuatrocientos brevísimos ejemplos que, en ocasiones, se ilustran con jurisprudencia del Tribunal Supremo.
En el prólogo de la obra se deja bien claro que no se trata de un libro de casos prácticos al estilo de los casebooks existentes en el ámbito anglosajón (por ejemplo, el clásico Administrative Law, del profesor Bernard Schwartz, tenía su complemento en el Administrative Law – A casebook, siendo éste formalmente independiente aunque materialmente conexo con aquél, dado que incluso tienen la misma sistemática). Se trata de aunar en una misma obra la visión teórica subordinada a la resolución de los casos prácticos expuestos, y no a la inversa. No se trata de exponer una brillante teoría y luego llevarla a la práctica, sino de exponer un supuesto concreto y, a la hora de explicar la solución al mismo, servirse de la teoría. Toda una novedad que merece la pena elogiarse.

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