PRIM: ASESINATO EN LA CALLE DEL TURCO. APROXIMACIÓN VALORATIVA.

Prim, asesinato en la calle del Turco

Ayer por la noche la primera cadena de Radio Televisión Española emitió la película Prim: Asesinato en la calle del turco, donde se escenificaban los acontecimientos que confluyeron en la trágica noche del 27 de diciembre de 1870, cuando a la salida del Congreso, cuando el general se trasladaba en su berlina por la calle del Turco (hoy Marqués de Cubas) fue tiroteado por varias personas. El telefilm cuenta los acontecimientos de una forma harto peculiar: a través de los ojos de un joven periodista, el canario Benito Pérez Galdós, que ese mismo mes de diciembre publicaba su primera novela, La Fontana de Oro (ambientada durante los años 1820-1821 en el célebre café madrileño de La Carrera de San Jerónimo), acontecimiento éste que se evoca explícitamente en el film.
Conviene tener claro lo que la serie es y lo que no es. No se trata de una biografía del general Juan Prim y Prats, conde de Reus y Marqués de los Castillejos, un brillante militar español (subrayo lo de español porque Prim, aunque catalán, nunca desmintió su españolismo, y si no ahí está el célebre cuadro El General Prim en la Guerra de África, obra del pintor Francisco Sans Cabot -encargado, por cierto, por la Diputación de Barcelona- donde el general aparece a caballo, sable en mano al frente de una compañía cuyo estandarte enarbola el pabellón español. No se narran, pues, sus comienzos en la milicia y en la política (en el seno de la Unión Liberal liderada por Leopoldo O´Donnell) y su decisiva intervención en el conflicto de México, siendo así que en la aventura mexicana Prim fue el único que tuvo la cabeza sobre los hombros (Inglaterra siguió el consejo de Prim y salió bien librada; Francia hizo caso omiso y pretendió imponer un emperador títere, Maximiliano, que acabó fusilado en Querétaro por los juaristas) y que, además, en esta ocasión contó con el apoyo de la propia reina Isabel II. Tampoco, por tanto, se explican los motivos por los que Prim se alinea con los revolucionarios que buscan expulsar a la reina del trono, ni su papel en los acontecimientos que llevaron al exilio a quien Galdós denominó “la de los tristes destinos”. La serie se concentra, pues, en el último año de la vida de Prim, en el periodo que abarca desde el 1 de enero y el 30 de diciembre de 1870. Todo un año decisivo, sin perjuicio de que al comienzo y en unos títulos de crédito se intente condensar toda la Revolución Gloriosa de 1868 en apenas tres párrafos de dos líneas.
La película se centra en la conspiración que tenía por objetivo acabar con la vida de Prim. Estamos ante un acontecimiento donde, como en tantas otras ocasiones, la “España oficial” y la “España real” no sólo no fueron de la mano, sino que caminaron por senderos opuestos. Oficialmente quien encabezó el complot contra la vida del Presidente del Gobierno fue el republicano radical Paul y Angulo (encarnado en el telefilm por Víctor Clavijo). No obstante, la opinión pública no encontró ni mucho menos justificada dicha imputación, y señaló con el dedo nada menos que a dos ilustres personajes: Francisco Serrano y Domínguez (a quien encarnaba en la película el veterano actor Simón Andreu), antiguo amante de Isabel II y reorientado al progresismo pero que, en realidad, buscaba medrar y en aquéllos momentos era nada menos que Regente (posición que, por cierto, buscaba perpetuar lo más posible); y, sobre todo, Antonio de Orleáns, duque de Montpensier (a quien da vida Javivi en un papel absolutamente inusual alejado de los roles habitualmente cómicos que jalonan su carrera) y cuñado de Isabel II que había derrochado generosamente sus caudales para promocionar su figura en aras a ser elegido como nuevo monarca español, opciones que él mismo volatilizó tras matar en un lance de honor a Enrique de Borbón, hermano menor de su cuñado; por cierto, que en uno de los errores clamorosos de la película se presenta al duque como renuente al duelo, que contempla el mismo como un trago amargo que nada bueno depara, siendo así que en la realidad Montpensier no sólo buscó acendradamente el fatal encuentro (honestamente ha de decirse que su rival tampoco hizo nada para evitarlo) sino que, a diferencia del otro contendiente, a Orleáns se le vio practicar tiro con frecuencia en el tiempo que medió entre el desafío y el duelo. La frustración de Montpensier y la inquina del general Serrano son, en la película, los que determinan el inicio de la maquinaria que acabó con la vida del general Prim. La trama es clara, los motivos también. Pero queda una pregunta fundamental, que es precisamente la que el film no resuelve: ¿Cómo murió el general Prim?
Lo cierto es que el atentado no se muestra de forma directa, sino a través de la evocación del mismo por varios de los protagonistas. La última vez que se ve a Prim con vida es saliendo del edificio del Congreso y entrando en su berlina junto con otras dos personas, y es precisamente el narrador, Benito Pérez Galdós, quien lo contempla. A continuación, alguien notifica a don Benito que han atentado contra el Presidente. ¿Qué ocurre? La versión oficial es que hubo una serie de disparos que, sorprendentemente, no causaron heridas mortales a ninguno de los acompañantes de Prim e incluso dejaron relativamente indemne al propio general, dado que sus lesiones (en la mano y en el hombro), eran aparatosas, pero no mortales; según esa misma versión oficial Prim subió por su propio pie las escaleras del Palacio de Buenavista; sin ninguna gravedad, pues, aparentemente. Pero tres días más tarde fallecía a consecuencia de la infección de dichas heridas. El propio narrador, Galdós, cuestiona dicha tesis, y reconoce que existen lagunas en la misma, aunque finaliza diciendo que lo que ocurre de puertas adentro en los Palacios, allí se queda. Tras esta frase la cámara muestra a dos guardias cerrando las puertas de Palacio y podemos ver a la cámara entrar por el ojo de la cerradura para desentrañar el misterio. Y es justo aquí, en el momento en que la película se aparta de la visión galdosiana, cuando la misma falla. Y falla precisamente por intentar mantenerse dentro de la “corrección política”, pero sorteando hábilmente la censura de lo políticamente correcto dejando planteada una inquietante alternativa al espectador. Esto último sólo puede explicarse no por motivos históricos, sino por cuestiones de plena actualidad. Expliquémoslo.

1.- Lo que muestra la película una vez la imaginación logra traspasar las puertas de Palacio es cómo el general Prim sube las escaleras de palacio (no por su propio pie, sino ayudado por dos personas) es recibido por su dolorida esposa y situado en una de las dependencias. El general Serrano llega y se hace cargo de la situación, siendo quien manda llamar a los médicos (de su confianza, obviamente), se niega a que se permitan todo tipo de visitas. En un momento determinado, llama al jefe de su escolta, José María Pastor (encarnado por Daniel Grao) y le dice que saque a la esposa de Prim de la habitación donde éste reposa. Pastor logra su objetivo tras prometer a la esposa (que desconoce que Pastor es uno de los implicados en el asesinato) que permanecerá junto al general hasta que ella regrese. La esposa sale del cuarto, Pastor cierra la puerta con llave y contempla a un Prim inconsciente que respira con dificultad. Cambio de escena. Cuarto con Serrano, Topete, la mujer de Prim al que poco después se incorpora Pastor para comunicar la infausta noticia, algo que hace sin pronunciar palabra alguna. Así, sin más. ¿Qué ocurrió en la habitación? ¿Asesinó Pastor a Prim mientras éste estaba inconsciente e indefenso en el lecho? Es el espectador quien debe decidir. ¿Por qué tiene lugar esta especie de indecisión? ¿Por qué no se atreve el film a mostrar de forma expresa algo que parece tan evidente a ojos del televidente? Para ello ha de darse un salto en el tiempo, un salto de nada más y nada menos que de ciento cuarenta y dos años.

2.- En el año 2012, una Comisión encabezada por Francisco Pérez Abellán procedió a estudiar el cuerpo momificado de Juan Prim, practicando la autopsia al mismo. La conclusión a la que llegaron fue que el general presentaba heridas en el cuello compatibles con un estrangulamiento a lazo. El propio Pérez Abellán desarrollaría esa tesis en una extensa obra Matar a Prim. Según dicha obra, Prim, debilitado por la pérdida de sangre e imposibilitado para el habla, se encontraba en manos de sus enemigos (especialmente de Serrano) quienes tenían que asegurarse de que tan incómodo personaje no saliera vivo; por ello decidieron asegurarse estrangulándolo a lazo. Teniendo en cuenta que ulteriormente no hubo una investigación oficial y que el sumario permaneció oculto durante más de cien años, hasta que el abogado Antonio Pedrol Rius lo encontró y analizó en una de sus obras.
Ahora bien, en el año 2014 se conmemora oficialmente el bicentenario del nacimiento del general Juan Prim, y la comisión “oficial” realizó un dictamen radicalmente opuesto al elaborado por el grupo de expertos de Pérez Abellán. Tenemos, pues, una visión “oficiosa” que dice que Prim es posible que fuera estrangulado, y una versión “oficial” que dice que nanay de la china, que eso es una fabulación.

¿Cómo hacer para quedar bien con tirios y troyanos? En la película participan tanto RTVE como la Televisión de Cataluña, es decir, entes vinculados al “poder”. No queda, pues, otra opción que hacer lo que decía en su día el general Franco a Torcuato Fernández Miranda: decir algo sin decirlo. Únicamente así puede explicarse esa insinuación tan abierta pero sin llegar a ser explícita.

En fin, que el lector interesado en este tema puede consultar no sólo el ya citado Matar a Prim, de Francisco Pérez Abellán, sino el publicado hace un par de años por José María Fontana Beltrán con el título El magnicidio del general Prim. Por cierto, que la portada de esta última se contiene una caricatura publicada en La Flaca el día 23 de abril de 1871 (es decir, a poco menos de tres meses del magnicidio) que no tiene desperdicio: ante el Congreso de los Diputados, el fantasma del general Prim se aparece a un Ministro, señalando con su índice al general Serrano. Toda una declaración, aunque fuese en forma de caricatura.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Historia

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