EL DESPIDO DEL TRABAJADOR DE BAJA POR DEPRESIÓN QUE CELEBRÓ EUFORICAMENTE LA VICTORIA ESPAÑOLA EN LA EUROCOPA.

Eurocopa 2012

Es sin duda alguna curiosa la Sentencia 1070/2014 de la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Murcia dictada en recurso de suplicación 635/2014. No por el fondo del asunto en sí, dado que se limitaba a desestimar el recurso de suplicación interpuesto por un trabajador que había sido despedido por su empresa, despido disciplinario que en este caso se demostró objetivamente conforme a Derecho; lo realmente curioso en este caso es la declaración de hechos declarados probados por el juez de instancia y que constituyen la base o motivo que llevó al empresario a proceder a la extinción del vínculo laboral del trabajador. Pero volvamos a los hechos objeto de la resolución judicial que citábamos al comienzo de este post. Se trata de un trabajador que prestaba sus servicios laborales para una empresa, ostentando la categoría profesional de conductor. Según los hechos declarados probados por la sentencia de instancia (que se recogen en el primer antecedente de hecho de la sentencia que resuelve la suplicación), inicia un proceso de incapacidad temporal el día 27 de junio de 2012, situación en la que permanece hasta el 10 de diciembre de dicho año; la causa de dicha incapacidad temporal es una “crisis de ansiedad” (el fundamento jurídico tercero de la sentencia comentada habla de “patología ansioso-depresiva”. Retengan los amables lectores la fecha de inicio del periodo de incapacidad temporal: 27 de junio de 2012. Pues bien observe el atónito lector los hechos declarados probados por la sentencia de instancia: “QUINTO. El día 1 de julio de 2012 a las 12.36 horas el demandante se desplazó conduciendo su vehículo con su hijo al puerto de Cartagena, donde permaneció con unos amigos en la Feria Gastronómica bebiendo bebidas alcohólicas y conversando y riendo continuamente. SEXTO. Esa misma tarde el trabajador, vestido con la camisera de la selección española de fútbol y con el rostro pintado con los colores de la bandera, vio el partido de fútbol final de la Eurocopa con un grupo de personas. Durante el partido dio constantes muestras de alegría con saltos, brazos en alto y levantando en volandas a su hijo. SÉPTIMO. El día 3 de julio, tras decorar su vehículo con los colores de la bandera de España cargó su vehículo con sillas de playa, sombrilla y nevera y se marchó a la Manga del Mar Menor, donde permaneció hasta las 18:55 horas”. A continuación se nos expone que llovía sobre mojado, porque ese trabajador había sido sancionado apenas tres meses antes con suspensión de empleo y sueldo y el mes anterior con amonestación escrita. El caso es que, tras esos antecedentes, el empresario optó por despedir al trabajador con efectos de 1 de agosto de 2012. Éste recurre el despido, despido que es confirmado por el Juzgado de lo Social número 1 de Cartagena con un argumento ciertamente curioso: “considerar que el trabajador demandante ha venido realizando durante su situación e incapacidad temporal actividades incompatibles con la patología determinante de su baja médica, sin que los síntomas que caracterizan a la patología que dio lugar a su baja médica sean incompatibles con el comportamiento del trabajador durante los días en que fue objeto de seguimiento” (entiendo el sentido de la primera frase, pero he de confesar humildemente que dejo de hacerlo al leer a continuación la segunda, que a mi entender enmienda la primera). La Sala confirma la resolución de instancia, en los siguientes términos: “si bien es cierto que la actividad desplegada por el trabajador demandante, en general, no perturbaría o retrasaría su curación, no es menos cierto que el trabajador se encontraba recibiendo tratamiento farmacológico […] lo que no resultaría compatible con la ingestión de bebidas alcohólicas, por lo que estaría retrasando o perturbando la curación; y asimismo, como se indica por el Magistrado de instancia, si en la conducta del actor no se detecta la sintomatología propia de la patología ansioso-depresiva, habida cuenta de su comportamiento observado por el detective privado, con un ánimo expansivo más que depresivo, es que sus síntomas habrían desaparecido y tendría obligación de no retrasar su baja médica, debiendo incorporarse a su trabajo de manera inmediata, y, al no hacerlo así, se estaría actuando de manera desleal con la empresa, trasgrediendo la buena fe contractual, siendo tal conducta per se grave y culpable, pues ello ha generado en la empresa una pérdida de confianza que, por su especial y esencial naturaleza, no admite grados de valoración, y una vez producida se rompe el equilibrio de las relaciones trabajador-empresario, impidiendo el restablecimiento posterior…”

La verdad es que ha de reconocerse sin tapujos que nuestro país siempre ha sido dado a la picaresca, y no en vano en nuestro suelo patrio han nacido criaturas como Lázaro de Tormes, Guzmán de Alfarache o el Buscón llamado don Pablos, pícaros ciertamente entrañables que cuentan con reconocibles y dignos sucesores de sus hazañas. La picaresca actual se ha orientado por otros derroteros, especialmente en determinadas áreas, donde el porcentaje de conductas fraudulentas se ha incrementado de forma alarmante. Uno de ellos es el fraude a las compañías de seguros, donde la cantidad de siniestros simulados experimenta aumentos preocupantes. Otro ámbito clásico dado a la picaresca más castiza son las incapacidades temporales en el ámbito laboral. Entiéndase bien lo que quiere decirse en esta entrada: no se está diciendo que exista un incumplimiento generalizado, que todo el mundo defraude a su seguro o que todas las popularmente denominadas “bajas laborales” sean fraudulentas, sino que existe un porcentaje nada desdeñable de abuso en estas materias que conviene cercenar, más que nada para que no paguen justos por pecadores y la persona que sufre realmente un siniestro o se ve aquejada indudablemente por una dolencia o mal que le incapacita (temporal o definitivamente) de forma efectiva para la prestación de servicios laborales o profesionales no se vea salpicada por dudas que tienen su raíz en el comportamiento de terceras personas. Y, por cierto, en este caso los medios de comunicación no ayudan precisamente, pues los que se han hecho eco de la noticia lo hacen con titulares tan llamativos como inexactos; y si no, vean el titular del centenario ABC: “Despedido por celebrar el triunfo de España en la Eurocopa” (sic). En fin, dicho sea animus iocandi, quienes dicen que el fútbol obra milagros dirán que en este caso obró la curación de un paciente afectado de una depresión.

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