CIENTO CINCUENTA AÑOS DEL ASESINATO DE ABRAHAM LINCOLN.

Lincoln Assessination

El pasado día 14 de abril de 2015 se cumplieron ciento cincuenta años del asesinato del presidente norteamericano Abraham Lincoln, hecho que aquí pasó totalmente desapercibido por coincidir dicha fecha con la proclamación de la segunda república española. Al tema ya le dedicamos, hace casi seis años, un post con motivo de la publicación en nuestro país del libro La caza del asesino, escrito por James L. Swanson. Lincoln fue el primer presidente de los Estados Unidos que fue asesinado en pleno mandato presidencial. Las circunstancias de su muerte, además, contribuyeron a aumentar su leyenda, dado que pese a haber sido un presidente aureolado con un halo de santidad laica tiene en su haber notables puntos oscuros.
Lincoln había sido elegido como presidente en las elecciones de 1860 con mayoría del voto compromisario, pero sin obtener mayoría del voto popular. Le benefició notablemente en su elección la división del Partido Demócrata, pues el ala sureña de esta entidad presentó su propio candidato presidencial, John Breckenridge (que, casualmente, ostentaba en 1860 el cargo de Vicepresidente de la Unión) mientras que el candidato oficial de los demócratas era el senador Stephen Douglas, eterno rival de Lincoln. “Honest Abe” no recibió ni un solo voto popular en los estados sureños y su elección precipitó que varios estados del profundo sur declarasen su intención de separarse de la Unión, creando ulteriormente los denominados Estados Confederados. En abril de 1861 estalló con el ataque sudista a Fort Sumter una guerra que finalizaría el 9 de abril de 1865 con la rendición del ejército sudista, simbolizada en el edificio judicial de Appomatox donde el general sudista Robert E. Lee se rinde ante el unionista Ulises S. Grant; curiosamente Lee, un auténtico caballero en todos los sentidos, se oponía tanto a la esclavitud como a la guerra, pero como virginiano que era decidió seguir a su estado natal pese a haberle sido ofrecida la jefatura de los ejércitos de la Unión. Lincoln había sido reelegido en los comicios presidenciales de 1864 en una lista de unión constitucional, para lo que escogió como “running mate” a Andrew Johnson. El nuevo mandato de Lincoln se inició el día 4 de marzo de 1865, y apenas un mes después, al tener conocimiento de la rendición de las tropas sudistas, el mandatario americano ordenó ante la sorpresa de todos a una orquesta que se había desplazado al lugar que tocasen una melodía que era patrimonio de toda la nación: “Dixie”, el himno sudista por excelencia. Seis días después, cuando apenas había consumido un mes de mandato, era asesinado el 14 de abril en el teatro Ford, y en estricta aplicación de las previsiones constitucionales, el vicepresidente Johnson asumió de forma automática la presidencia.
Es evidente que de no haber sido asesinado Abraham Lincoln, el periodo que en la historia norteamericana se denomina “Reconstruction”, tan notablemente explicado Eric Foner, hubiera sido muy diferente. En efecto, el talante de Lincoln, mucho más abierto que el de Johnson (un racista convencido de la supremacía blanca) hubiera tomado otros derroteros. Conviene tener en cuenta que los republicanos (divididos a su vez en “high republicans” y moderados) lograron imponer su propia visión de la reconstrucción sobre la presidencial, e incluso instaron un procedimiento de impeachment del que Johnson se salvó por un solo voto. Lincoln hubiera podido lidiar mucho mejor por su talante y por sus circunstancias personales con el ala más extrema de su partido, lo que obviamente quizá hubiera conducido a otros resultados.
Con todo, en el debe de Lincoln se encuentran varias circunstancias que son aún más reprochables siendo el presidente un jurista de profesión. En efecto, Lincoln ordenó a uno de sus generales que suspendiese el derecho de habeas corpus si lo consideraba necesario, lo que provocó un choque entre el Presidente y el anciano chief justice Roger B. Taney, quien a sus ochenta y cuatro años propinó un sonoro varapalo a Lincoln al resolver el asunto Ex parte Merryman, donde actuando como juez de circuito, sostuvo que el Presidente no puede suspender unilateralmente el derecho de habeas corpus al proscribirlo el texto constitucional. Lincoln simplemente ignoró tal sentencia, aunque el Congreso dos años más tarde vino a ratificar la doctrina esgrimida por Taney al facultar en 1863 al Presidente a suspender tal derecho (lo cual suponía, implícitamente, avalar las tesis del chief justice, toda vez que dicha autorización sería innecesaria si el Presidente pudiera ejercer dicha facultad por su propia iniciativa). Fue igualmente el republicano Lincoln quien acordó en 1864 que en determinadas ocasiones los juicios militares sustituyesen a los juicios por jurado ante los Tribunales ordinarios, algo que ulteriormente el propio Tribunal Supremo acabó desautorizando en una sentencia, Ex parte Milligan, de la que fue ponente el juez David Davis, quien en su día había sido principal asesor en la campaña presidencial de Lincoln en 1860.
Una curiosidad histórica: uno de los implicados en el asesinato de Lincoln se llamaba Lewis Powell, del que existen retratos esposado tras su captura. Apenas un siglo y media década más tarde, una persona del mismo nombre alcanzaba el cargo de juez del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, siendo una de las personas más apreciadas y queridas en el alto tribunal estadounidense.

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