LA INTERDEPENDENCIA DE LAS CRISIS: LA SITUACIÓN ACTUAL VISTA POR ALEJANDRO NIETO.

Crisis

En el número 92 (correspondiente al año 2015) de los Anales de la Real Academia de las Ciencias Morales y Políticas, el lector interesado puede encontrar un breve trabajo del profesor Alejandro Nieto que lleva por título Interdependencia de las crisis económicas y políticas. En apenas diez páginas el ilustre jurista condensa su visión de la grave situación actual (en realidad, resume varias de sus tesis expuestas en trabajos anteriores cuya validez la realidad cotidiana se ha encargado de ratificar) aunando siempre el didactismo, rigor, amenidad y, sobre todo, apego a lo concreto, lo que hace muy fácil que el trabajo llegue al lector. Alejandro Nieto siempre ha sido criticado por el hecho de primar en sus obras el derecho practicado sobre el derecho normado, es decir, el ser sobre el deber ser, lo que le ha valido no pocos disgustos. Sus escritos, que destilan a veces una contradictoria mezcla de vitalismo y pesimismo, de fe en la razón jurídica y decepción por la degradación de la misma, son de todas formas un punto de referencia obligado para todo aquel que desee penetrar en el mundo jurídico desde el punto de vista más práctico y efectivo.
Pues bien, en este breve trabajo el profesor Nieto expone su visión sobre la situación actual de crisis económica. Curiosamente, su tesis principal coincide con la expuesta hace un trienio por Santiago Muñoz Machado en su lúcido Informe sobre España. El profesor Muñoz Machado sostenía que la crisis vivida por España era más institucional que económica, lo que ocurre es que ésta ha puesto de manifiesto aquélla en toda su crudeza. En el año 2012 y en la obra que acabamos de mencionar, Muñoz Machado incidía sobre este aspecto al indicar, tras exponer la situación de deterioro generalizado de las instituciones, que “Son las manifestaciones más generales de una crisis constitucional de enorme hondura, y que resulta más grave para España, y será más duradera y difícil de resolver, que la crisis económica. La generalidad de los ciudadanos, que entienden mal la economía y peor aún los análisis, diagnósticos y pronósticos de los sabios economistas, tan discrepantes entre sí y con tanta holgura para el yerro, creen que el arreglo no vendrá de las acciones de los gobiernos, sino que lo traerá la invisible ley de los ciclos económicos que, en un futuro no lejano, hará resurgir la riqueza de un modo tan inesperado y asombroso como un día nos abandonó. Ese momento llegará necesariamente, cualquiera que sea el monto de las equivocaciones con que el Gobierno afronte la actual depresión. Pero la crisis constitucional es, sin embargo, asunto de más difícil arreglo.” Alejandro Nieto comparte esa tesis, pero lo hace sirviéndose de una metáfora de las que tan frecuentemente hace uso, y que permite hacerse una idea más visual: “Las crisis sectoriales operan como las mareas. En la pleamar nada se percibe; pero cuando baja el nivel aparecen las irregularidades y podredumbres que antes estaban piadosamente tapadas por las aguas. Cuando baja la marea económica –como recientemente ha sucedido- el paisaje que se descubre es desolador hasta tal punto que para muchos desaparece el orgullo patriótico sustituido por la “vergüenza de ser español”, ya no hay atractivos para quedarse en España ni a los ciudadanos ni a los fragmentos de Estado”. Es decir, que hasta el año 2007 la situación económica, hasta entonces en pleamar, hacía que el público en general no percibiese los enormes desajustes institucionales y las disfunciones existentes; no obstante, cuando poco a poco baja la marea hasta llegar a la plena bajamar, los restos aparecen y la situación queda de manifiesto de forma descarnada. Eso y no otra cosa ha ocurrido. Pero de ahí el profesor Nieto lanza su segunda tesis, y es la interdependencia de las crisis. No todo es política, no todo es economía, sino que ambas crisis se retroalimentan: “La crisis económica, aunque por antonomásica se la tenga, es una manifestación parcial o sectorial de un fenómeno más amplio, habida cuenta de que todas las crisis son interdependientes e interactúan de manera constante. Se impone, por tanto, elevar el pensamiento económico y todos los demás especializados, a un nivel superior como única forma de, primero, poder identificar las verdaderas causas de su emergencia; segundo, evaluar correctamente sus efectos; y tercero, indagar y ensayar eventuales remedios”.
Una vez realizado el diagnóstico principal (crisis institucional y política así como la interdependencia entre ambas) pasa el profesor Nieto a analizar los remedios que el ejecutivo español ha puesto en marcha para tratar de resolver el problema. Y aquí de nuevo nos encontramos con una visión pesimista, y ello por dos razones:

1.- En primer lugar, las medidas adoptadas son necesariamente insatisfactorias por no tener en cuenta el carácter global e interdependiente de las crisis: “el Gobierno español está ensayando unas recetas económicas –visualizadas en las masivas inyecciones financieras y en los llamados recortes- con las que se espera superar la crisis económica. Y es posible que así sea, pero no me corresponde a mí analizarlo ni pronosticar sus resultados. Lo que sí quiero denunciar es que, en el supuesto más favorable, será un remedio insatisfactorio precisamente por no tener en cuenta el planteamiento global, sistémico, de interdependencia enunciado en la presente intervención. Porque dada la situación general española las recetas aceptadas resultan de difícil aplicación y de dudosas resultados, según se está comprobando ya”.

2.- En segundo lugar, y es lo más importante, porque aunque las medidas adoptadas fuesen acertadas, los propios defectos del sistema administrativo impedirían su aplicación efectiva: “la incompetencia técnica del aparato administrativo español, la ignorancia del aparato político y la corrupción de todos, que dificultan la aplicación correcta de las medidas que se arbitren. Dicho más crudamente: en España no estamos en condiciones de aplicar las medidas de superación de la crisis por muy adecuadas que sean dado que resultarán menos eficaces y más costosas de lo previsto y, sobre ello, exasperarán la irritación y la resistencia que en todo caso han de producir.” Tras exponer la fragmentación en 17 ordenamientos distintos y el proceso iniciado en la transición de cercenar los técnicos en beneficio de los políticos (muchos de los cuales actualmente carecen de los conocimientos más elementales) concluye nuestro autor que: “Con una gestión pública descabezada y sin manos capaces es evidente que poco útil puede hacerse y que han de fracasar inevitablemente las mejores intenciones. De aquí que en los supuestos más favorables, los observadores y los supervisores no puedan pasar de juicios benévolos sobre las tendencias o las actitudes, pero sin aprobar nunca del todo las realizaciones.”

La conclusión no puede ser más descorazonadora: “En resumen de cuentas, el aparato público español ha caído en un nivel de incompetencia, egoísmo y aislamiento que ya no puede actuar con eficacia y sus lánguidos y costosos movimientos sólo sirven para hundirle más en las profundidades del marasmo en que se encuentra. Podemos imaginar incluso una fórmula perfecta para la superación de la crisis económica actual: una revolución técnica inesperada, una ayuda europea generosa. Pues bien, aun contando con ello, el aparato público sería incapaz de aplicarla con éxito. Porque sus elementos personales –políticos y burócratas- están paralizados por la incompetencia, la corrupción y una desmotivación concienzudamente fomentada.” En definitiva, que poco puede hacerse, ni aun acertando en diagnóstico y medidas, si los encargados de aplicarlas, por deficiencias congénitas, son incapaces de hacerlo. En esa situación, por desgracia, se encuentra nuestro país, con una Administración más preocupada por obtener recursos para autofinanciar precisamente a los causantes del problema.

Con todo, hay una cosa que sí me ha llamado la atención, y es el verificar cómo los avances técnicos, sociales y de todo tipo conducen a considerar normal lo que en otros tiempos no lo era ni mucho menos, sino que era poco menos que inimaginable. Y es que el profesor Nieto, sin negar en absoluto la crisis, sí que la relativiza echando mano de sus vivencias infantiles y juveniles: “A quienes hemos visto las “cacharras” de Auxilio Social y manejado los cupones de racionamiento nos parecen un lujo los comedores sociales de hoy, nos sorprenden las ropas confortables que visten los mendigos y admiramos el nivel de consumo que se mantiene todavía. La situación presente no puede desconcertar demasiado a los que hemos conocido las calamidades económicas y el naufragio cultural de la Segunda República, de la Guerra civil y de la Posguerra que, comparadas con las de ahora, nos inducen a creer que estamos todavía en el país de Jauja. En el sobreentendido, claro es, de que desdramatizar no es ignorar.” En efecto, hace apenas tres lustros los teléfonos móviles eran un artículo casi desconocido, y hoy prácticamente hasta el más tierno infante tiene su Smartphone; hoy en día hay quien considera un drama estar desconectado unas horas de internet, cuando hace tan solo quince años el uso de la red era mínimo. La sociedad avanza, y esos avances se van haciendo indispensables a la población.

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