BARACK OBAMA Y LAS ARMAS. HISTORIA DE UNA HIPOCRESÍA.

Obama weeps

En el ya clásico film La caza del Octubre Rojo, film de acción dirigido en el año 1989 por John McTiernan y que adaptaba a la gran pantalla la novela homónima de Tom Clancy, Jeffrey Pelt, el asesor del Presidente de los Estados Unidos pronuncia una frase lapidaria que constituye la mejor definición de político que se haya visto jamás, incluyendo los sesudos y voluminosos tratados de ciencia política: “Listen: I´m a politician, which means I´m a cheat and a liar. And when I´m not kissing babies, I´m stealing their lollypops” (Mire, soy político, es decir, mentiroso y ladrón. Y cuando no beso a un niño le estoy robando sus chucherías). En efecto, el arte de la política es el arte del embuste, del disimulo, del ocultar los pensamientos reales y buscar en realidad convencer al electorado de que se está con ellos cuando en realidad no se está. Un buen ejemplo de político es el actual Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama.

Ayer día 5 de enero de 2016, los medios de comunicación no desaprovecharon la ocasión para ensalzar de nuevo al ídolo caído y alzarlo de nuevo en su peana. Y utilizaron para ello las lágrimas que el mandatario estadounidense derramó mientras recordaba a los niños víctimas de un tiroteo y clamaba por una regulación del control armamentístico. La puesta en escena, la verdad, ha sido admirable y la prensa española no desaprovechó la ocasión para demostrar nuevamente su ya público fetichismo por Obama que, realmente, alcanza ya extremos cercanos al sadomasoquismo. Mas si uno escarba un poco en la reciente historia norteamericana, comprobará que en este, como en tantos otros temas, si algún término define en extremo a Barack Obama, ese no es otro que el de “hipócrita”. Justificaremos nuestra postura centrándonos únicamente en esta ocasión en el tema de las armas.

Estados Unidos es una cultura ligada inexcusablemente a las armas y donde la libertad de armas goza de un apoyo incuestionable en un altísimo porcentaje de la población, aunque en esta orilla del Atlántico trate de ocultarse o, cuando menos, disimularse ese aspecto. Y, lo que es más, la posesión de armas está incluso reconocida a nivel constitucional en la célebre Segunda Enmienda, según la cual: “A well regulated militia being necessary to the security of a free state, the right of the people to keep and bear arms shall not be infringed” (Al ser necesaria una milicia bien regulada para garantizar la seguridad de un estado libre, no se prohibirá el derecho del pueblo a tener y portar armas). Dicho texto ha sido objeto de ardorosas polémicas que enfrentaban a quienes entendían que el mismo contemplaba un derecho de naturaleza individual (es decir, que el sujeto del derecho era el ciudadano persona física) y quienes, por el contrario, sostenían que el mismo era un derecho colectivo ligado a la milicia, es decir, que el individuo carecía de ese derecho fuera de la institución de la milicia. Hasta el año 2008, el único pronunciamiento del Tribunal Supremo sobre la materia era el caso United States v. Miller (307 US 174 [1939]), que parecía abonar la tesis generalista; en efecto, aunque el caso no se enfrentaba directamente con una regulación legal, sino con la condena de una persona por la posesión de armas, condena que impugnaba sobre la base del derecho constitucional consagrado en la segunda enmienda en una tesis que el Tribunal Supremo rechazó. Sin embargo, tanto desde la poderosa Asociación Nacional del Rifle como desde determinadas escuelas de pensamiento legal se incidió cada vez más en la naturaleza estrictamente individual del derecho, que acabó encontrando respaldo jurisprudencial en el año 2001 cuando el Tribunal de Apelaciones del Quinto Circuito mantuvo en su sentencia  United States v. Emerson [ 270 F.3d 203 (5th Cir. 2001)] que la segunda enmienda garantizaba un derecho de naturaleza estrictamente individual. Dada la división jurisprudencial existente en la materia, más tarde o más temprano el asunto acabaría en el Tribunal Supremo, y en el año 2007 dicho órgano accedió a conocer, vía certiorari, el recurso contra una resolución del Tribunal de Apelaciones del Distrito de Columbia que tenía por objeto verificar la adecuación o no al texto constitucional de la legislación de control armamentístico aprobada por el Distrito de Columbia, una de las más restrictivas del país. El caso en cuestión era el District of Columbia v. Heller (554 US 570 [2008] que el Tribunal Supremo admitió a trámite el día 20 de noviembre de 2007 y cuya vista oral fue fijada para el 18 de marzo de 2008. En ese marco, cuando se debatía si el derecho a portar armas era de naturaleza individual o colectiva…¿Cuál era la postura del senador por Illinois y candidato demócrata a la Presidencia, Barack Hussein Obama?  Pues bien, durante la campaña electoral previa a su elección, en un acto que tuvo lugar en Virginia, el senador y aspirante a ocupar la Casa Blanca decía lo siguiente, saliendo al paso de quienes le acusaban de pretender desarmar a los ciudadanos: “I believe in the Second Amendment. I believe in people’s lawful right to bear arms. I will not take your shotgun away. I will not take your rifle away. I won’t take your handgun away.” (Creo en la segunda enmienda. Creo en el derecho de la gente a portar armas. No les quitaré sus escopetas. No les quitaré sus rifles. No les quitaré sus pistolas). No obstante, y para evitar una acusación de parcialidad, acudiremos a Jeffrey Toobin, persona nada sospechosa de ser enemigo político de Obama. En el primer capítulo de su libro The oath: The Obama White House and the Supreme Court, recoge las manifestaciones de Obama tras un tiroteo en Illinois (estado por el que era senador) y que había causado cinco víctimas. Pues bien, tras este tiroteo el candidato presidencial manifestaba lo siguiente: “I believe that the Second Amendment means something. I do think it speaks to an individual right. There´s been a long-standing argument among constitutional scholars about whether the Second Amendment referred simply to militias or wether it spoke to and individual right to possess arms. I think the latter is the better argument” (creo que la segunda enmienda significa algo. Creo que se está refiriendo a un derecho individual. Ha existido una controversia entre los constitucionalistas sobre si la Segunda Enmienda se refiere simplemente a las milicias o si contempla un derecho del individuo a portar armas. Creo que la última postura es la correcta). Jeffrey Toobin explica esta postura de Obama de la siguiente forma: “…by 2008 he knew that the way to win the presidency was, in part, to embrace the individual rights theory of the Second Amendment” (..en 2008, sabía que la forma de lograr la presidencia era, en parte, adherirse a la teoría individualista de la Segunda Enmienda). En definitiva, Obama es descrito como un oportunista que sabe que para ganarse el ansiado puesto no tiene otra opción que defender públicamente una postura con la que parece ser no está de acuerdo. Por cierto, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos en la sentencia del caso Heller, en una sentencia redactada por Antonin Scalia y que contó con el apoyo de otros cuatro jueces (entre ellos Anthony Kennedy, el magistrado clave para la obtención de mayorías) que la Segunda Enmienda recoge un derecho de naturaleza estrictamente individual y que es preexistente al propio texto constitucional (es decir, que éste no crea, sino que se limita a reconocer como preexistente) anulando por inconstitucional la legislación del Distrito de Columbia.

Sin entrar en polémicas sobre el tema de las armas, sí que me gustaría indicar que las armas en sí no son ni buenas ni malas. En este punto, no puedo menos que suscribir la respuesta que en la película Shane (en nuestro país titulada pésimamente como Raíces profundas) ofrecía el protagonista que da nombre al film a la señora Starek cuando ésta le reprochaba acerca del peligro de las armas: un arma no es en sí ni buena ni mala ni peligrosa, lo es la mano que la empuña. De todas formas, de lo que no me cabe ninguna duda es de la hipocresía de Obama, de ahí que respecto a sus lágrimas mi particular opinión es que le cuadra como anillo al dedo la letra del célebre tema popularizado en su día por los Payasos de la tele: “llora, llora, llora solo cuando se enamora, más con lágrimas de coco, lágrimas de coco, lágrimas de cocodrilo.”

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