LAS CABALGATAS DE LA POLÉMICA.

Reyes magos

Los pasados días hemos vivido una polémica sobre la nueva estética que a las tradicionales cabalgatas de reyes han otorgado algunas corporaciones locales. Unos y otros han ofrecido sus argumentos, criticando unos la quiebra de las tradiciones y oponiendo otros que se trataba de renovar el tradicional festejo intentando despojarlo de algunos de los elementos más vinculados a la religión para acomodarlo más a un Estado aconfesional. Pues bien, tras haber escuchado a unos y otros, como siempre desde esta bitácora, expondremos los hechos (el origen de la festividad de los reyes magos) para, a continuación, ofrecer nuestra particular visión de la polémica.

LA LEYENDA. Según la historia tradicional que permanece generación tras generación, al nacer Jesús una estrella marcó el camino a tres Reyes Magos (llamados Melchor, Gaspar y Baltasar –los dos primeros blancos, el último de color-) guiándoles desde el lejano Oriente hasta el establo de Belén, donde éstos se postraron ante el niño y le ofrecieron como presentes oro, incienso y mirra. La festividad del seis de enero conmemora el viaje de los tres Reyes Magos y la ofrenda al redentor. Por tanto, se trata de una festividad claramente vinculada a un elemento esencial de la religión católica, cual es la natividad de Jesús.

NARRACIÓN DEL EPISODIO CONMEMORADO EN LAS FUENTES BÍBLICAS. Orillemos el hecho de que en el cristianismo primitivo existían numerosos evangelios, y aceptemos como base o criterio para verificar la realidad de la leyenda las fuentes bíblicas, es decir, a los veintisiete libros que desde el siglo IV constituyen el canon del Nuevo Testamento, remitiéndo al lector interesado en lo referente a la formación del mismo la Guía para entender el Nuevo Testamento, excelente síntesis de Antonio Piñero publicada en la editorial Trotta. Pues bien, veamos cual es el rastro que la leyenda de los reyes magos tiene en los libros del Nuevo Testamento.

1.- Para empezar, comprobaremos que de los cuatro Evangelios, tan sólo en uno se menciona el episodio, y no exactamente como narra la leyenda. En efecto, de los tres evangelios sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas) tan sólo Mateo lo menciona; por su parte el de Juan (que responde a una filosofía diferente a los otros tres) tampoco dice nada. En el caso de Marcos y Juan es explicable, dado que comienzan con la actividad pública de Jesús, es decir, con el bautismo en el Jordán, orillando por tanto toda mención o referencia a su infancia y juventud. Pero no deja de ser significativo que Lucas, que sí aborda brevemente ciertos episodios del nacimiento y la infancia del mesías, omita toda referencia a la adoración de los Magos.

2.- Centrando, pues, la atención en el Evangelio de Mateo, único que nos ofrece algunos datos, lo cierto es que tampoco podemos encontrar consagrado en él lo que la leyenda nos transmite. En efecto, Mateo nos dice lo siguiente: “Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos magos llegaron de Oriente a Jerusalén, preguntando ´Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarlo` Cuando lo oyó el rey Herodes se sobresaltó, y toda Jerusalén con él. Y convocando a todos los pontífices y escribas del pueblo, les estuvo preguntando dónde había de nacer el Cristo […] Entonces Herodes llamó en secreto a los magos y averiguó cuidadosamente el tiempo transcurrido desde la aparición de la estrella. Y encaminándolos hacia Belén, les dijo ´Id e informaos puntualmente acerca de ese niño; y cuando lo encontréis, avisadme, para que también yo vaya a adorarlo` Después de oír al rey, se fueron. Y la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que vino a pararse encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella, sintieron inmensa alegría. Y entrando en la casa, vieron al niño con María, su madre, y postrados en tierra, lo adoraron; abrieron sus cofres y le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y advertidos en sueños que no volvieran a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino” (cito por la edición de la Biblia publicada por editorial Herder, Barcelona, 1975, página 1005)

3.- Por tanto, de la lectura de Mateo nos encontramos con elementos familiares (la estrella que guía a los magos y que se detiene en el lugar donde nació Jesús, la ofrenda de oro, incienso y mirra), pero las similitudes con la leyenda se detienen ahí. Para empezar, Mateo habla de “unos magos”, pero ni dice que sean reyes, que su número sea tres y mucho menos que se llamen Melchor, Gaspar y Baltasar (como tampoco, por cierto, dice que Jesús hubiese nacido en un portal). Simplemente habla de “unos magos” que vienen de Oriente a adorar al “rey de los judíos”, y el nerviosismo de Herodes el Grande ante esa noticia. Ahora bien, este acontecimiento ha de interpretarse no con perspectivas actuales, sino en la realidad existente en la Judea del siglo I a.C.

A.- El uso del término “mago” y la referencia a Oriente implica que se está refiriendo a sacerdotes de la religión persa, es decir, de la casta sacerdotal que adoraba a Ahura Mazda y que tenía por profeta a Zoroastro. Por tanto, quienes acuden a Judea a adorar al mesías son miembros de la casta sacerdotal persa.

B.- En todo el territorio integrante del antiguo reino de Judá se vivía un ambiente claramente mesiánico, es decir, que gran parte del pueblo estaba convencida de que en esos tiempos nacería el Mesías, quien se suponía que sería un líder político (y, por ello, descendiente de la casa real de David) que encabezaría una revuelta nacional que expulsaría a los romanos del territorio y restauraría el reino de Dios en la tierra. De ahí la referencia al “rey de los judíos” y el temor de Herodes el Grande, que pese a ser monarca del reino de Israel no era de la casa real de Judá, sino un idumeo y, por ello, objeto de desprecio por un pueblo cuyo cariño nunca logró obtener pese a los serios esfuerzos por obtenerlo (uno de los intentos consistió en la reconstrucción del Templo de Jerusalén), a lo que se añadía que no observaba las estrictas reglas de la ley mosaica y que se sostenía gracias a la tolerancia de Roma.

Por tanto, siendo puristas, según las fuentes canónicas, los magos ni eran reyes, ni eran tres, ni se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar. Su elevación a la categoría de “reyes” data del siglo II d.C y su nombre y caracterización es ya de origen medieval.

LA POLÉMICA: LAS “CABALGATAS RENOVADAS”. La polémica surge fundamentalmente cuando en determinadas cabalgatas de reyes como en Madrid capital (omito el tragicómico episodio de Valencia), se renueva la estética de la representación de los Reyes Magos, renovando no sólo toda la infraestructura (omitiendo villancicos, sustituyendo los camellos y las tradicionales carrozas por otras más luminosas) sino el propio atrezzo de Sus Majestades, cubriéndolos con unas túnicas ciertamente llamativas. Quienes critican estas nuevas formas critican el hecho de que se aparten de las tradiciones, mientras que desde el Ayuntamiento se defiende la medida indicando que se trata de hacer una nueva puesta en escena similar a las representaciones de algunas obras del género lírico, donde la puesta en escena se separa de lo tradicional para situar la obra en un contexto diferente.

MI OPINIÓN AL RESPECTO. Me permito indicar que las ideas que a continuación voy a exponer son absolutamente personales, subjetivas y, por tanto, falibles y las cuales están lógicamente sujetas a la sana crítica, pero que expresan mi particular visión del conflicto.

1.- Para empezar, creo que se ha dado a este tema mucha más importancia de la que tiene (aunque ni comparación con la que se otorga al deporte “rey”, pues una bajada de rendimiento de Cristiano Ronaldo o de Messi concitan más atención en el público en general que la bajada de la bolsa o de los sueldos). Se puede criticar una medida, obviamente, y se puede discrepar o defender esta idea. Pero creo que la repercusión que se le ha otorgado excede con mucho de lo razonable, viendo el nada halagüeño panorama que en todos los aspectos está viviendo el país.

2.- Bien sentado lo anterior, mi opinión es que las nuevas corporaciones locales que han optado por este lavado de imagen no han estado acertadas. Y ello por varias razones:

A.- Se ha perdido de vista un dato esencial, cual es que los destinatarios de la cabalgata son los niños, y no los mayores. Y evidentemente, los niños, sobre todo los de corta edad, no entienden ciertas sutilezas. E intentando hacer algo que va destinado a gente de edad más avanzada, los organizadores se han olvidado de quiénes son los principales protagonistas: los niños.

B.- Todo Ayuntamiento es absolutamente libre de celebrar o no la cabalgata. Si la Corporación está dominada por gente agnóstica o atea, puede perfectamente (y sería absolutamente lícito y respetable) que decida no sustentar oficialmente apoyo a una cabalgata que conmemora un episodio ligado a una festividad religiosa. Eso sí, entiendo que debe permitir que quienes deseen hacerlo tengan esa posibilidad, para lo cual les bastaría permitir a quienes sí deseen organizar ese evento ofrecerles las mismas posibilidades que a cualquier otra manifestación pública (rutas, supervisión de la policía) bastando que los ediles o representantes públicos se desvinculen de ella despojándola de toda mácula de oficialidad. Lo que no se puede hacer, al amparo de una mal entendida laicidad, es representar un episodio religioso desvinculándolo del elemento religioso que representa. Eso personalmente me parecería tan ridículo como representar Hamlet sin Hamlet.

C.- La defensa que ha ofrecido el Ayuntamiento, comparando su actuar con las actualizaciones de obras líricas por ciertos directores de escena, no está mal traída. Evidentemente, quien defienda esas nuevas versiones del género lírico puede pasar por esta teoría, pero yo no puedo aceptarla precisamente porque en lo que a la escenografía de las obras se refiere soy muy purista, y estoy absolutamente opuesto a todo intento de renovación. Y me explico. Toda obra está ligada de forma indisoluble a unas coordenadas histórico-temporales sin las cuales carece de sentido, y todo intento de extraerla de ese ámbito es desnaturalizarla y, lo que es más grave, privarla de todo sentido. ¿Sería creíble exportar, por ejemplo, a don Quijote al siglo XIX, como se hizo en determinad representación? Ridículo, en una época donde hablar de novelas de caballería o de caballeros andantes sería un anacronismo. Pero es que en ocasiones esas “actualizaciones” llegan al ridículo, y pongo un ejemplo concreto. En cierta representación de la obra Il viaggio a Reims, de Rossini (que aborda el encuentro de varias personas de distinta procedencia que confluyen en una posada de camino a la ciudad francesa para la coronación del rey Carlos X de Francia) el director de escena optó por una moderna escenografía, situando a los personajes a finales de los años cincuenta del siglo XX y nada menos que en el interior de un avión. Ahora bien, ¿cómo justificar el viaje a la ciudad francesa para la coronación y, lo que es más, el grito unánime final invocando a Carlos X en una época donde Francia es una república presidida por Charles de Gaulle? Imposible, a menos que se retoque la letra, pero ello supone ya una traición al autor.

A MODO DE CONCLUSIÓN. En resumen, que de todo lo anterior, mis tesis son las siguientes:

1.- Lo que se celebra no es más que una leyenda, que no refleja exactamente el episodio narrado en tan sólo uno de los evangelios canónicos, y cuya veracidad cabe cuestionarse dada la ausencia de toda mención al mismo en los restantes.

2.- Lo lógico es no celebrar el acontecimiento o, de hacerlo, mantenerlo como tradicionalmente se ha venido haciendo. Lo contrario es desnaturalizar una representación y, para eso, vale más no hacerla.

3.- Se ha olvidado que el público destinatario de las cabalgatas son los niños. Y que a los tres, cuatro, cinco y seis años muy pocos entenderán determinadas representaciones y, sobre todo, determinados mensajes que van orientadas a los adultos. No obstante, si lo que se desea es enviar mensajes a la población adulta, conviene recordar a los regidores municipales que tienen otros 364 días totalmente a su disposición.

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