SOBRE UN JURAMENTO PRESTADO DE FORMA IRREGULAR Y SUS CONSECUENCIAS.

Obama´s retaking swearing 2009

A las 10:30 del día 21 de enero de 2009, al día siguiente de que Barak Obama prestase el preceptivo juramento con carácter previo a su toma de posesión como Presidente de los Estados Unidos de América, Gregory Craig, abogado y consejero personal del nuevo mandatario americano, mantenía una conversación telefónica con David Barron, que se había incorporado a la Oficina de Asesoramiento Legal. Tras debatir sobre la atípica situación vivida el día anterior, donde el juramento presidencial se efectuó de forma ligeramente incorrecta, Craig hace súbitamente esta pregunta: “Alguien considera de verdad que no es Presidente?” La contestación que recibió de Barron fue que la respuesta no era en verdad sencilla ni simple, dado que, jurídicamente hablando, la situación era ciertamente complicada.

Con la anterior escena abre Jeffrey Toobin las páginas de su último libro, titulado significativamente The oath, y que contiene un jugoso y breve prólogo sobre la historia del juramento presidencial y las incidencias que a lo largo de la historia acaecieron en relación con el mismo, aunque ninguna tan curiosa como la acaecida en aquéllos dos días de enero de 2009. Ha de partirse necesariamente de la consideración del juramento como un requisito necesario y preceptivo, impuesto por el propio texto constitucional. En efecto, el último párrafo de la Sección Primera del Artículo II de la Constitución de los Estados Unidos dispone: “Before he enter on the Execution of his Office, he shall take the following Oath or Affirmation:—”I do solemnly swear (or affirm) that I will faithfully execute the Office of President of the United States, and will to the best of my Ability, preserve, protect and defend the Constitution of the United States.” (Previamente a tomar posesión del cargo, [el Presidente] prestará el siguiente juramento o promesa: “Juro [o primero] desempeñar fielmente el cargo de Presidente de los Estados Unidos, y en la medida de mis posibilidades, preservar, proteger y defender la Constitución de los Estados Unidos). El lector atento podrá extraer dos conclusiones de la simple lectura del artículo. La primera, que el juramento no es un requisito meramente formal, sino preceptivo o necesario, dado que el precepto legal utiliza la fórmula imperativa (“he shall take the following office”); la segunda, que el mandatario carece de cualquier tipo de discrecionalidad para alterar la fórmula rituaria, que el propio texto constitucional le impone, facultándole únicamente para optar por la fórmula del juramento o promesa (algo muy significativo y loable si tenemos en cuenta que la Constitución se aprueba en el año 1787, cuando el fervor religioso teñía aún gran parte del orbe). Por lo tanto, nadie puede acceder al cargo de Presidente de los Estados Unidos sin prestar el juramento previsto y descrito fielmente en el texto constitucional.

¿Qué había ocurrido, pues, el mediodía del 20 de enero de 2009 que tanto preocupaba a los dos consejeros presidenciales? Pues que por un cúmulo de circunstancias (desidia del personal asesor del nuevo presidente, excesiva confianza del chief justice John Roberts en su prodigiosa memoria y excesiva impaciencia de Barack Obama a la hora de prestar el juramento) llevó a que éste se prestase de forma ciertamente peculiar. En efecto, el personal administrativo de la oficina del chief justice envió a los asesores del presidente electo un mail con el texto del juramento presidencial, texto que sin embargo jamás llegó a ponerse en conocimiento de Obama. Por su parte, el chief justice John Roberts, cometió el error de fiarse excesivamente de su memoria; persona con una memoria prodigiosa (en su etapa como abogado llamaba la atención de los propios jueces del Tribunal Supremo por defender sus argumentos sin consultar papeles ni notas) optó por no tomar las precauciones de su antecesor, William Rehnquist -quien llevaba oculta en la mano una pequeña cartulina con el juramento para evitar posibles despistes- y optó por memorizar el texto, repitiéndole tantas veces en su casa que su esposa llegó a decir irónicamente: “En este momento nuestro perro cree que es Presidente”. Así que llegado el mediodía del 20 de enero de 2009 ni Obama tenía conocimiento del texto concreto ni Roberts tenía otra apoyatura que su memoria. Y cuando el chief justice citaba : “I, Barack Hussein Obama do so—“, el hasta entonces senador por Illinois entró antes de tiempo interrumpiendo a Roberts, y desde entonces la situación se salió de los cauces establecidos. Así, el juramento que finalmente prestó el hasta ese momento senador por Illinois, fue el siguiente: “I, Barack Hussein Obama, do solemnly swear/ that I will execute faithfully the office of President of the United Estates/And will to the best of my ability/preserve, protect and defend the Constitution of the United States/So help me God”. Tras el juramento final, que se pronunció entre titubeos y correcciones, el chief justice le tiende la mano a Obama y le felicita con la siguiente frase: “Congratulations, Mr. President. And the best wishes”.

Que se prestó el juramento, era indiscutible. Que no se prestó el constitucionalmente establecido, era también innegable. Ahora bien ¿Qué efectos jurídicos podía tener? ¿Era posible que en un país célebre por sus litigios alguien pudiese impugnar la propia toma de posesión del Barack Obama amparándose precisamente en la falta de prestación de juramento en la forma prevista en el texto constitucional? La solución que tomó el personal de confianza del Presidente fue atípica, pero rotunda a los efectos de evitar todo posible conflicto jurídico. El día 21 de enero de 2009, en la Sala de Mapas de la Casa Blanca, el chief justice John Roberts administraba nuevamente el juramento a Barack Obama, juramento que en esta ocasión, se prestó con la cláusula constitucionalmente prescrita y sin ningún tipo de incidencia. Toda posible duda jurídica estaba, pues, solventada, dado que Obama no había efectuado aún actuaciones inherentes a su nuevo cargo, precisamente para evitar posibles impugnaciones judiciales a sus actos.

Por último, indicar al lector que la imagen con la que se abre la presente entrada se corresponde con el segundo juramento prestado por Barack Obama el día 21 de enero de 2009. Quien desee comprobar los avatares acontecidos en la ceremonia pública que tuvo lugar el día anterior, 20 de enero y la peculiar forma de prestar el juramento, puede hacerlo en el presente video:

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