UNA BRILLANTE SENTENCIA DEL JUZGADO DE LO CONTENCIOSO NÚMERO UNO DE OVIEDO SOBRE EL DESCANSO DE DOCE HORAS TRAS LAS GUARDIAS MÉDICAS.

Médicos

Es de sumo interés la recentísima Sentencia 4/2015 de 5 de enero del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número Uno de Oviedo dictada en autos de Procedimiento Abreviado 312/2015, que a buen seguro los médicos de familia que prestan sus servicios profesionales en el ámbito territorial del Principado de Asturias habrán recibido como un excelente regalo de reyes. Y es que dicha resolución judicial se enfrenta a un problema habitual en los profesionales de la sanidad: el encadenamiento de dos jornadas ordinarias con una guardia, lo que supone prestar en muchas ocasiones jornadas ininterrumpidas de treinta y dos horas de trabajo. El humilde redactor de estas líneas, que a nivel profesional en el seno de su familia es como una isla rodeada de un mar de licenciados en medicina, es más que consciente de esa durísima realidad que no sólo merma físicamente a quienes la padecen, sino que puede incluso influir en la propia dinámica de prestación del servicio, dado que, evidentemente, por mucha profesionalidad que el facultativo ponga y aun cuando quien suscribe ha sido testigo directo de cómo en ocasiones los profesionales de la medicina ponen sus cinco sentidos y su mejor sonrisa en la atención al paciente, no se va a tener la misma energía y la misma agilidad con dos que con treinta horas de trabajo seguido a las espaldas. Bien es cierto que, como habían informado a quien esto suscribe sus familiares vinculados al sector de la medicina, lo cierto es que cuando el médico, a nivel individual, impugna ese draconiano régimen de guardias, suele serle reconocido el derecho al descanso de doce horas entre jornadas, pero mientras no se cuestione judicialmente tal proceder, la Administración sanitaria continúa imponiendo tan severísimo horario.

De ahí lo interesante de la sentencia comentada, que no resuelve una impugnación individual, sino una colectiva efectuada por el Sindicato Médico Profesional de Asturias (SIMPA), si bien limitada al ámbito de los médicos de familia. La demanda deja bien claro que existe un trato diferenciado entre dos tipos de profesionales en función, precisamente, del dato esencial de la impugnación individual a la que anteriormente hemos hecho referencia: “Ese trato diferenciado descansa en que solo se establece el descanso preceptivo de 12 horas entre jornadas cuando así se ha planteado reclamación judicialmente por el facultativo obteniendo sentencia favorable y, en tal caso, se minora el régimen de guardia de presencia física para que sea solo hasta las 20 horas, y así ello permite un descanso de 12 horas entre el final de la jornada y el comienzo de la siguiente”, razón por la cual solicitaba se generalizase a todo el colectivo ese descanso de doce horas entre el final de la jornada y el comienzo de la siguiente. Por su parte, el Servicio de Salud del Principado de Asturias sostenía de forma inaudita que el régimen se adecuaba a la legalidad….cuando constaba que existían facultativos que gozaban de ese periodo mínimo de doce horas al haber obtenido judicialmente sentencia favorable a ello!

Pues bien, la sentencia en cuestión es modélica por varios aspectos. En primer lugar, porque es una sentencia que plantea de forma directa las dos cuestiones o problemas a resolver, que enfoca de manera precisa al inicio del fundamento jurídico tercero, y lo hace de una forma que al letrado que suscribe le ha hecho evocar algunas de las sentencias redactadas por el gran juez John Marshall, quien a la hora de resolver los casos solía hacerlo planteándose los interrogantes cuya respuesta constituía precisamente la solución a la disputa: “La resolución a adoptar en la presente litis se considera pasa por la respuesta a dos preguntas. La primera de ellas consiste en determinar si, una jornada en los términos antes expuestos, esto es, jornada ordinaria de médico de familia desde las 8 de la mañana hasta las 15 horas para luego enlazar (cuando por turno le corresponde) con la atención continuada con presencia física desde las 15 horas hasta las 8 de la mañana del día siguiente y luego enlazar a su vez con una nueva jornada desde las 8 de la mañana a las 15 horas se trata de una jornada que se acomode a las previsiones legalmente establecidas. La segunda pregunta consiste en determinar si ese régimen legal está supeditado en su aplicación a que se solicite expresamente por el facultativo o si, de algún modo, se trate de un derecho renunciable”. En segundo lugar, porque la respuesta a esos interrogantes es concienzuda, detallada y jurídicamente desarrollada de forma impecable y ello lo hace, además, economizando al máximo puesto que la sentencia apenas consta de cuatro folios de extensión. En tercer lugar, porque el juzgador hace un manejo impecable de la legislación existente y de la jurisprudencia aplicable. Lo novedoso de esta sentencia no es el reconocimiento en sí del derecho de los facultativos a un descanso ininterrumpido de doce horas tras la realización del turno de guardia y hasta la siguiente jornada (la propia sentencia reconoce que se limita a recoger la doctrina jurisprudencial del Tribunal Superior de Justicia de Asturias en este sentido), sino en otro aspecto cual es el automatismo en la aplicación de dicho descanso, sin necesidad de que, como hasta ahora, precise de la reclamación individual por el facultativo.

Si algún “pero” cabe oponerle a esta magnífica sentencia es, a mi humilde entender, la decisión de no imponer las costas a la Administración, pues se opta por no hacer un pronunciamiento expreso de las mismas en base a las “legítimas discrepancias jurídicas” entre las partes. En este aspecto, me permito discrepar humildemente ya que no es que considere que debieran haberse impuesto las costas al Servicio de Salud del Principado de Asturias, sino que incluso ello hubiera debido hacerse con expresa declaración de temeridad. Si el organismo público demandado se hubiese limitado a cuestionar la generalidad del régimen de descansos y, por ende, centrado la defensa en la necesidad de impugnación individual y no una acción colectiva, podría argumentarse que en efecto existirían dudas legítimas que impedirían aplicar el criterio del vencimiento. Pero desde el momento en que (según indica el tercer párrafo del fundamento jurídico segundo de la sentencia) el organismo público demandado se mantiene enrocado en defender la legalidad del régimen de descansos aplicable cuando ya existen pronunciamientos anteriores que han declarado justo lo contario, se incurre claramente en un comportamiento que entiendo subsumido en el concepto de temeridad procesal.

Con todo, una gran victoria del colectivo médico y una magnífica resolución judicial que era obligado comentar en esta bitácora.

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