MUERE ANTONIN SCALIA, JUEZ DEL TRIBUNAL SUPREMO DE LOS ESTADOS UNIDOS.

Antonin Scalia

Ayer día 13 de febrero de 2016 las cadenas de noticias estadounidenses hacían pública una noticia totalmente inesperada: la muerte, a los setenta y nueve años, de Antonin Scalia, uno de los jueces del Tribunal Supremo de los Estados Unidos y paladín de las tesis originalistas, es decir, aquellas según las cuales el texto constitucional ha de ser interpretado de conformidad con la intención de los redactores de la carta magna norteamericana. Precisamente este año iba a celebrar su tercera década como juez del Alto Tribunal.

Antonin Scalia, profesor de Derecho administrativo, expuso su filosofía legal en un clásico libro titulado A matter of interpretation: federal courts and the law, y recientemente había escrito dos libros fundamentales en colaboración con Bryan A. Garner. El primero, Making your case: the art of persuading judges, es una brevísima síntesis que debería leer cualquier persona que se dedicase al ejercicio de la abogacía, pues los autores ofrecen su particular visión de cómo actuar un jurista a la hora de plantear un asunto ante un órgano judicial, y lo hacen no desde el Olimpo de los conceptos ideales, sino desde el suelo de la realidad cotidiana. El segundo, Reading law: the interpretation of legal texts, es una especie de continuación/complemento del anterior en el que los autores abordan cómo ha de afrontarse la lectura e interpretación de una norma cuando el sentido de la misma es dudoso.

En 1982 fue nombrado juez del Tribunal de Apelaciones del Distrito de Columbia, y cuatro años más tarde, en 1986, llegó al Tribunal Supremo de la mano del presidente Ronald Reagan, para cubrir la vacante que dejaba su compañero William Rehnquist cuando éste fue propuesto para el cargo de chief justice. Curiosamente, la oposición se centró mucho más en Rehnquist que en Scalia. Desde su mismo nombramiento se inclinó claramente hacia posturas coherentes con su ideario, no siendo en este sentido una sorpresa. No ha dudado en utilizar lenguajes muy duros, como hizo tempranamente en el año 1992 el voto particular del caso Planned Parenthood v. Casey, o el más reciente hace apenas medio año (junio de 2015) en el caso Obergefell v. Hodges, donde el inicio de su discrepancia es demoledor por su crudeza: “I join the chief justices´s opinión in full. I write separately to call attention to this Court´s threat to American democracy” (Me adhiero totalmente al voto particular del Chief Justice. Redacto el mío propio para llamar la atención de esta amenaza del Tribunal a la democracia americana.)

Pese a tales excesos verbales, Scalia era muy querido por sus compañeros. Sandra Day O´Connor, que se vio abrumada por el durísimo voto particular de su colega en el caso Casey, ulteriormente solía decir al referirse a las airadas protestas de Scalia: “It´s just Nino.” Fueron habituales sus comparecencias públicas con el también juez Stephen Breyer, su rival ideológico, con quien mantuvo disputas tanto en charlas universitarias y en conferencias diversas como en el mercado editorial, pues tanto el libro Active Liberty como el más reciente Making our democracy work (ambos obra de Breyer), son una refutación directa de las tesis de Scalia. Pero no era sólo con Breyer con quien Scalia mantenía una profunda amistad, sino que una de las personas con quien más había conectado era precisamente con la juez Ruth Bader Gisburn, como ya habíamos indicado en nuestro post https://monsieurdevillefort.wordpress.com/2014/05/04/antonin-scalia-y-ruth-bader-ginsburn-rivales-en-el-foro-pero-amigos-fuera-de-el/. Sin duda alguna, la sentencia que personifica de cuerpo entero lo que representó Antonin Scalia y las tesis que con tanta pasión y coherencia intelectual defendía fue la célebre District of Columbia v. Heller, donde descendía hasta fuentes dieciochescas para interpretar la segunda enmienda constitucional, y donde mantuvo un duelo histórico-jurídico de antología con otro titán, John Paul Stevens, autor del voto particular que intentaba refutar las tesis de su colega.

El fallecimiento de Antonin Scalia, al parecer por causas naturales (según los primeros datos, falleció mientras dormía) se produce, además, en unas fechas en las que ambos partidos se encuentran inmersos en plena lucha por la designación de sus candidatos a las elecciones presidenciales, comicios estos que se celebrarán el primer lunes del mes de noviembre de este mismo año. Pero no es sólo que la desaparición de Scalia se produzca en un tiempo políticamente delicado, sino que además el óbito puede tener influencia no sólo en el propio resultado de los comicios, sino en la propia composición interna del Tribunal. En este sentido, conviene hacer varias precisiones.

1.- Los diarios españoles, quienes inclinan servilmente la cerviz ante todo lo que huele a demócrata, se han apresurado a criticar el hecho de que los republicanos hayan indicado que lo más acertado sería que el reemplazo de Scalia lo haga el próximo mandatario, dado que Obama afronta sus últimos meses como cabeza del ejecutivo y, por tanto, lo más respetuoso sería que el nuevo inquilino (demócrata o republicano) de la Casa Blanca salido de las elecciones que se celebrarán en noviembre sea quien efectúe el nombramiento. Algún que otro medio español ha ido más allá y de forma inaudita ha indicado que el juez Anthony Kennedy fue propuesto por el presidente Reagan en su último año de mandato. Pues bien:

A.- Respecto a la primera objeción se olvida que el idolatrado chief justice Earl Warren (que, por cierto, personalmente era un vanidoso y un soberbio) presentó su renuncia en el año 1968 precisamente para manipular su relevo, pues había explicitado la intención de que no fuese un presidente republicano quien designase a su sucesor (y ello pese a que había sido propuesto por un republicano, Earl Warren). No contó con que sus deseos chocaron con una realidad inesperada: su colega el juez Abe Fortas, candidato propuesto por el presidente en funciones Lyndon B. Johnson, fue rechazado por el Senado, siendo así que tras la derrota de la propuesta el tiempo jugó en contra de Warren, pues se habían celebrado ya las elecciones y Richard Nixon había vencido claramente, por lo que Lyndon Johnson se encontró con que moralmente no podía nombrar a persona alguna, dado que ello le acarreraría las mismas críticas que se vertieron frente a su lejano antecesor John Adams tras su derrota en las presidenciales de 1800. No obstante, incluso en el supuesto de que se hubiese consumado el nombramiento, cabe recordar que el juez Abe Fortas se vio obligado a dimitir en 1969 tras hacerse público que percibía retribuciones de una institución privada. Nadie osó criticar a Warren por su actuación.

B.- Respecto al juez Anthony Kennedy, señalar que la información que se facilita es incompleta. Fue nombrado, en efecto, a propuesta de Reagan en febrero de 1988, cuando en efecto, a Reagan le quedaban justo once meses de mandato. Pero la vacante cubierta era la que se produjo por la renuncia de Lewis Powell, que se produjo en junio de 1987 (léase, cuando al presidente republicano le quedaba aún año y medio de mandato efectivo) y entre ambas fechas medió la propuesta de Robert Bork y su rechazo senatorial así como la renuncia de Douglas Gisburn cuando, tras su nominación, se hizo público que había fumado marihuana en sus años universitarios. Kennedy fue nominado en noviembre de 1987, y el proceso de confirmación se alargó durante tres meses. Pero Reagan no se encontraba aún en su “ultimo año de mandato”. Obama, por el contrario, sí, pues le separan tan sólo nueve meses de las elecciones.

2.- El hecho de que la muerte de Scalia pueda influir en la campaña es indudable. Richard Nixon obtuvo una incuestionable victoria en las presidenciales de 1968 dejando bien claro que nombraría para el Tribunal Supremo jueces que rectificasen las doctrinas que el Tribunal Supremo había elaborado bajo el mandato de Earl Warren, y se hizo célebre su lema de campaña: law & order.  Reagan tampoco se olvidó del Tribunal Supremo en su primera campaña presidencial, al manifestar que si tenía posibilidad nombraría a una mujer como juez de dicha institución, lo que efectivamente cumplió designando a Sandra Day O´Connor. Es decir, que el hecho de que el Tribunal Supremo sea, directa o indirectamente centro de un debate entre candidatos a la Presidencia no es algo nuevo en la democracia americana. En este sentido, aunque quizá me equivoque, puede que la vacante que produce la muerte de Scalia tarde algo de tiempo en cubrirse, pues el Senado (cámara que ha de ratificar el candidato que proponga el Presidente) es posible que se niegue a dar el placet a alguien propuesto por Obama en los meses finales de su mandato; y teniendo en cuenta que el año judicial finaliza el último día del mes de junio, y que cuando se inicie el siguiente (el primer lunes del mes de octubre) al actual mandatario le quedarán menos de un mes en el cargo (aunque formalmente continúe en funciones hasta el día 20 de enero del año que viene) quizá el Tribunal afronte un periodo relativamente largo con tan sólo ocho miembros, lo cual sin duda alguna afectará y mucho a su agenda.

En todo caso, lo que su puede ocasionar esta vacante es una alteración en el equilibrio del Tribunal Supremo. Prácticamente desde finales de los setenta, ha existido en el seno de dicho órgano judicial una división entre dos bloques homogéneos con un magistrado “clave”. En la composición actual, los dos bloques, denominados tradicionalmente conservador (integrado por John Roberts, Antonin Scalia, Clarence Thomas y Samuel Alito) y liberal (Ruth Bader Gisburn, Stephen Breyer, Sonia Sotomayor y Elena Kagan) se encuentran equilibrados por Anthony Kennedy, ideológicamente conservador pero que en muchas ocasiones se inclina hacia posturas liberales. La sustitución de Scalia por un liberal puede alterar de forma notable el equilibrio que durante más de tres décadas ha existido en el Tribunal Supremo, inclinando la balanza definitivamente hacia el ala liberal. Por cierto, que según ha indicado en su página de Facebook Jeffrey Toobin (una de las personas que más y mejor conoce los entresijos de la institución) el posible relevo de Scalia puede ser el juez Sri Srinivasan, que actualmente presta sus servicios en el Tribunal de Apelaciones del Distrito de Columbia.

Si durante los once años transcurridos desde el nombramiento de Stephen Breyer en 1994 y la muerte de William Rehnquist en 2005 no se produjo una sola vacante en el Tribunal Supremo, en los once años transcurridos desde el óbito de Rehnquist hasta la actualidad, el máximo órgano judicial de la federación ha visto renovado nada menos que casi dos tercios de sus miembros (William Rehnquist, Sandra Day O´Connor, David Souter, John Paul Stevens y ahora Antonin Scalia).

Descanse en paz.

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