REACCIONES AL FALLECIMIENTO DE ANTONIN SCALIA Y CONSECUENCIAS DE SU VACANTE.

Supreme Court Associate Justice Antonin Scalia’s Bench Chair and the Bench in front of his seat draped in black following his death on February 13, 2016.

La súbita muerte del juez Antonin Scalia, de la que nos hemos hecho eco en un recentísimo post, no sólo ha irrumpido con fuerza en la campaña presidencial, sino que ha abierto un nuevo frente de batalla entre el Presidente Obama, que afronta la recta final de su mandato, y el Senado que, en manos republicanas, no está dispuesto que el mandatario efectúe un nombramiento en estas condiciones. Pero el óbito también deja abierta la cuestión de qué ocurre con la documentación del fallecido juez, dado que ese tipo de fuentes documentales son material indispensable para conocer el funcionamiento interno del Tribunal Supremo y que ha servido para obras clásicas que permiten al lector adentrarse en la intimidad del máximo órgano judicial. Vayamos por partes y analicemos ambos asuntos.

1.- Nada más conocerse la noticia, el Presidente de los Estados Unidos actuó de manera ejemplar. Compareció ante los medios para dar la noticia y efectuó un repaso de la vida pública de Antonin Scalia. Pese a las diferencias ideológicas que le separaban del magistrado, incidió en que el juez siempre tuvo por norte y guía mejorar la democracia y el sistema constitucional americano. También anunció que asumirá la responsabilidad de cubrir la vacante, apelando igualmente a la responsabilidad del Senado para no obstaculizar el nombramiento. He aquí la comparecencia del Presidente ante los medios:

Lo cierto es que el Tribunal Supremo queda en una situación delicada. Ciertamente, al quedar reducido a ocho miembros, en caso de que en las votaciones de los asuntos se produzca un empate a cuatro ello tradicionalmente supone confirmar de manera automática la resolución impugnada, aunque en ocasiones el propio Tribunal Supremo se ha apartado de ese criterio y acordó una nueva vista oral del caso (reargument) una vez cubierta la vacante para que pueda deshacerse el empate.

Es evidente que Obama, cuya presidencia tiene más sombras que luces (salvo en este lado del Atlántico, donde ciertamente el acceso del mandatario a la Casa Blanca parece haber sido una especie de regalo divino que si no ha consumado la transformación de los Estados Unidos en una especie de Arcadia ha sido exclusivamente por los demoníacos republicanos que dominan la Cámara de Representantes y el Senado) y ha querido pasar a la historia por sus gestos audaces, sobre todo de cara al exterior, con la apertura de relaciones diplomáticas con Cuba y el acercamiento a la República Islámica de Irán. Pero a nivel interno, poco cambió respecto a la gestión de su predecesor, dado que ha mantenido incólume la base naval de Guantánamo y no ha revocado las disposiciones de la lucha contra el terrorismo que se aprobaron en la época de George W. Bush, pese a que ha dulcificado su aplicación (en este punto, si el lector juzga exagerada esta afirmación le remito a la lectura del excelente libro La suspensión del habeas corpus de los detenidos en Guantánamo: Poderes presidenciales y Tribunal Supremo, debido a Yolanda Gómez Lugo y publicado el pasado año por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales en su colección Cuadernos y Debates).

La muerte de Antonin Scalia, un sólido puntal del bloque conservador, permitiría a Obama hacer una maniobra que, por primera vez en tres décadas, permitiría la ruptura del equilibrio interno existente en el Tribunal Supremo inclinando la balanza del lado liberal. Suponiendo que el candidato que se proponga no evolucione por otros derroteros (como los casos de Joseph Story, Earl Warren, Byron White, John Paul Stevens o David Souter, por citar varios ejemplos de diferentes épocas pero que tienen en común haber supuesto una decepción para el Presidente que en cada caso los propuso), el Tribunal Supremo puede ver inclinada su jurisprudencia hacia posturas liberales, al quedar mermado el bloque conservador. Sin duda alguna, Obama pasaría a la historia por ello.

2.- No sólo el Presidente, sino que todos los jueces del Tribunal Supremo, tanto los que están en activo como los retirados, se han apresurado a recordar de forma emotiva al que fuera su compañero. Todos coinciden en destacar su vitalidad, su coherencia ideológica y su erudición, e incluso sus rivales ideológicos le consideran un “titán”. Quizá el más destacado de todos sea el de su más cercana amiga, la juez Ruth Bader Gisburn, quien indica: “From our years together at the D.C. Circuit, we were best buddies.” El uso de dicho término (“buddie”) da idea de la cercanía entre ambos. Stephen Breyer, con quien tantas veces debatió en público para contraponer sus respectivas tesis, le recuerda igualmente ensalzando su enorme capacidad legal: “Nino Scalia was a legal titan. He used his great energy, fine mind, and stylistic genius to further the rule of law as he saw it. He was man of integrity and wit. His interests were wide ranging as was his knowledge about law, this Nation and its Constitution.” En esto coincide con el ya retirado John Paul Stevens, para quien “Nino Scalia was a good friend, a brilliant man with an incomparable sense of humor, and as articulate as any Justice who ever served on the Court. He has had a major impact on the development of the law, and earned the respect of all his colleagues.”

Además, no solo es que la bandera de los Estados Unidos sita en la entrada del Tribunal ondee a media asta como señal de duelo, sino que el asiento que ocupara Antonin Scalia ha sido cubierto con un crespón negro.

3.- Pero la muerte de Scalia deja igualmente en al aire el destino de su archivo y sus papeles relacionados con su trabajo como juez del más alto tribunal de la federación estadounidense. Y es que en una entrada que hoy publica Andrew Hamm en el Supreme Court of the United States Blog, haciéndose eco de la información publicada por Tony Mauro en el National Law Journal, dada la ausencia de previsiones específicas de Scalia en cuanto al destino de su archivo, deja sin resolver “the status of what could be a treasure trove of behind-the-scenes information about his tenure and about the court”. Esperemos que esta cuestión pueda resolverse satisfactoriamente y que los herederos del juez permitan a los investigadores acceder a los archivos, de tal manera que libros ya clásicos como The brethren y otros ciertamente más recientes pero que ya han adquirido la categoría de clásicos, como The nine y The oath, puedan tener no sólo su continuación, sino sus precisiones y matizaciones con esa documental que, sin duda alguna, será de suma importancia, dado el amplio periodo temporal que cubre, y que por apenas unos meses no alcanza las tres décadas.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s