CHISHOLM v. GEORGIA (1793): NATURALEZA JURÍDICA DE LOS ESTADOS UNIDOS Y QUIÉN ES EL SOBERANO.

We the people

Sin duda alguna, el prototipo de Estado federal en la actualidad lo representan los Estados Unidos de América del Norte, aunque tenemos ejemplos mucho más cercanos geográficamente, como la República de Alemania o Suiza (pese a que este último se le denomine tradicionalmente Confederación debido a sus orígenes dado que). Los Estados Unidos se organizaron tradicionalmente de manera confederal, bajo los Articles of Confederation de 1781, pero en el verano de 1787 delegados de los distintos estados americanos que habían logrado su independencia efectiva en 1783 se dieron cuenta de la insuficiencia del sistema articulado en 1781 y optaron por dar un paso más en la organización institucional, avanzando hacia la federación de estados, plasmándose en la Constitución aprobada ese mismo año.

Parece claro que esa dualidad Federación-Estados había de plantear muchos problemas no sólo competenciales, sino procesales. Pero quizá el más importante de todos es la propia naturaleza de la Unión. El Tribunal Supremo de los Estados Unidos dejó bien claro el tema ya desde el principio. Así, el 18 de febrero de 1793 hace pública la sentencia del caso Chisholm v. Georgia, donde se enfrenta al espinoso problema de si un estado soberano ostenta legitimación pasiva para ser demandado en un pleito. Aunque el Tribunal Supremo aún no había empezado a desarrollar todo su potencial y donde aún se continuaba la práctica inglesa de redactar las sentencias in seriatim (es decir, no existe una única sentencia del caso, sino que cada juez redacta su propia resolución).

Los hechos del caso son relativamente simples, aunque lo espinoso era la cuestión jurídica subyacente. Alexander Chisholm, albacea testamentario de Robert Farquhar, demandó en el Tribunal Supremo al estado de Georgia reclamando el pago de cantidades debidas a consecuencia de la compra de mercancías que el estado de Georgia había adquirido de Farquahr durante la guerra de independencia americana. Este caso tiene dos curiosidades: la primera, que el abogado del demandante era nada menos que el entonces Attorney General de los Estados Unidos, el gran abogado Edmund Randolph (ello era debido a que el salario que percibía por el desempeño de su cargo oficial era tan reducido que se le permitía compatibilizar el mismo con el ejercicio privado); el segundo, que Georgia fue declarada en rebeldía, puesto que consideró que como estado soberano no podía ser demandado sin que el propio ente consintiese en serlo. Esa excepción que esgrimió (sin comparecer) el Estado de Georgia dio lugar a una interesante polémica sobre la propia naturaleza de la Unión.

Pues bien, la tesis más vigorosa de todas fue la del juez James Wilson, cuyos escritos judiciales, según Bernard Schwartz, “tienen la misma pedantería y exagerada retórica presentes en todos los escritos”, motivo por el que se le apodaba burlonamente como “el profesor”. Wilson iniciaba su sentencia reconociendo que se trataba de un caso de “uncommon magnitude”, y centraba la cuestión en dar respuesta al siguiente interrogante: “whether this State, so respectable, and whose claim soars so high, is amenable to the jurisdiction of the Supreme Court of the United States? This question, important in itself, will depend on others more important still, and may, perhaps, be ultimately resolved into one no less radical than this: do the people of the United States form a Nation?” (puede dicho estado, tan respetable y cuyas tesis apuntan tan alto, estar sujeto a la jurisdicción del Tribunal Supremo de los Estados Unidos? Esta pregunta, importante en sí misma, dependerá de otras no menos importantes y, quizá, pueda contestarse en esta otra no menos radical: forma el pueblo de los Estados Unidos una nación?” Wilson apunta un hecho que, por evidente, suele pasar desapercibido: “To the Constitution of the United States, the term SOVEREIGN is totally unknown.“ (La Constitución de los Estados Unidos desconoce el término “soberanía”). Tras un excurso en el que trae a colación la naturaleza del estado y del gobierno, expone su particular concepto de lo que ha de entenderse por Estado, es decir, “a body of free persons united together for their common benefit to enjoy paceably what is their own and to do justice to others” (grupo de personas libres unidas para lograr el beneficio común de disfrutar pacíficamente de lo que les pertenece y hacer justicia al resto), afronta nada más y nada menos que la propia naturaleza de la Unión: “more important still; and no less radical than this: do the people of the United States form a Nation?” (más importante aún, y no menos radical es la siguiente cuestión: constituye una nación el pueblo de los Estados Unidos?). Y la respuesta que ofrece Wilson es positiva, basándose en un razonamiento impecable: la soberanía no se encuentra en los estados, sino en el pueblo, dado que la Constitución emana del pueblo de los Estados Unidos, (no en vano sus tres primeras palabras son “we, the people”). El juez efectúa el siguiente razonamiento: “As a citizen, I know the government of that state to be republican; and my short definition of such a government is one constructed on this principle — that the supreme power resides in the body of the people. As a judge of this court, I know, and can decide upon the knowledge that the citizens of Georgia, when they acted upon the large scale of the Union, as a part of the “People of the United states,” did not surrender the supreme or sovereign power to that state, but, as to the purposes of the Union, retained it to themselves. As to the purposes of the Union, therefore, Georgia is NOT a sovereign state” (Como ciudadano, se que el gobierno del estado es republicano; y mi definición de tal forma de gobierno se basa en el principio de que el poder supremo reside en el pueblo. Como juez de este Tribunal, se y puedo resolver bajo el principio que los ciudadanos de Georgia, cuando actúan bajo la categoría más amplia de la Unión, como parte del pueblo de los Estados Unidos, no depositan el poder supremo o soberano al estado sino, que a los propósitos de la Unión, lo conservan en ellos mismos. Por tanto, a los efectos de la Unión, Georgia NO es un Estado soberano.) Quedaba, pues, claramente delimitada la naturaleza jurídica de la Unión, que la misma era algo más que el mero agregado de los Estados y que, lo más importante, el pueblo del estado soberano ostentaba igualmente la categoría de pueblo de los Estados Unidos por lo que, al formar esta entidad, no actuaba como soberano estatal. Lo que implicaba, a efectos procesales, que Georgia a efectos procesales podía ser demandada ante el Tribunal Supremo sin ningún tipo de objeción jurídica.

Aunque la resolución judicial fue muy polémica e incluso dio lugar a una reacción política inmediata, con la aprobación de la undécima enmienda constitucional (que en la práctica dejó sin efecto la doctrina Chisholm a los efectos de garantizar la inmunidad judicial de los estados) lo cierto es que ya desde una fecha tan temprana como 1793 quedó bien sentada la naturaleza jurídica de la Unión. No sería la última vez que el Tribunal Supremo tendría que enfrentarse a tan peliaguda y espinosa cuestión.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s