PERRY MASON: HOMENAJE A UNA EXCELENTE SERIE POLICÍACA CON ROPAJES JURÍDICOS.

Perry Mason

 

En una entrevista concedida hace poco, Elena Kagan, juez del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, revelaba que su colega Sonia Sotomayor había decidido cursar los estudios de Derecho gracias a la serie televisiva Perry Mason. Y es que son muchos quienes optaron por efectuar una carrera universitaria marcados por una película, una serie o una novela. Si en los años cincuenta Dragnet logró no sólo popularizar el cuerpo de policía de Los Ángeles sino despertar muchas vocaciones policiales, a principios de los sesenta fue Richard Chamberlain quien gracias a su Doctor Kildare hizo aumentar el número de quienes deseaban convertirse en médicos, de la misma forma que Perry Mason abrió los ojos de muchos al mundo del derecho. De ahí que en esta bitácora le rindamos un sentido homenaje con esta entrada.

El personaje en cuestión procede de las novelas de Erle Stanley Gardner, un abogado que se popularizó escribiendo novelas entre las cuales destacaban las que tenían por protagonista a Perry Mason, un célebre abogado criminalista. Junto con su secretaria Della Street y su amigo y colaborador el detective privado Paul Drake, lograba en cada uno de los complejos supuestos que se veía obligado a afrontar no sólo demostrar la inocencia del cliente cuya defensa tenía encomendada, sino presentar ante la justicia al verdadero criminal. En realidad, más que novelas ambientadas en el mundo jurídico se trataba de novelas clásicas de misterio, al más puro estilo de las escritas por Arthur Conan Doyle o Agatha Christie, con la peculiaridad que en ellas el detective cedía paso al abogado. Los pleitos no dejaban de ser un atrezzo final, el marco donde se completaba el rompecabezas del caso. Y mientras el célebre detective belga Hercules Poirot mantenía incólume la costumbre de reunir en torno suyo a todos los sospechosos para exponerles la solución final que sus células grises le habían inspirado, el gran Perry Mason lo hacía en el Palacio de Justicia, aunque en alguna que otra ocasión se saltaba ese marco decorativo tradicional para hacerlo en alguna otra ubicación.

El personaje, como otros tantos, dio el salto de la literatura al cine en unas películas hoy olvidadas. Pero hoy en día al mencionar a Perry Mason todos evocan el físico del actor Raymond Burr y la serie rodada directamente para la televisión a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, extendiéndose durante seis temporadas. Curiosamente, Raymond Burr se había presentado al casting para encarnar al fiscal de distrito Hamilton Burger, mientras que entre quienes optaban al rol principal se encontraba un magnífico secundario, William Hopper, de quien incluso se conservan pruebas de rodaje en el papel de Mason. Finalmente, la productora de la serie fue quien decidió otorgar a Burr el papel de Mason, relegando a Hopper al del detective privado Paul Drake, mientras que la “secretaria confidencial” de Mason (en la serie se insinúa un más que claro romance entre ambos, pero que no llega a reconocerse de modo explícito) recaería en la siempre eficaz Barbara Hale. En cada uno de los episodios, de tres cuartos de hora de duración, se mantienen invariables varias notas características: la comisión de un crimen, la intervención de las fuerzas policiales comandadas por el teniente Arthur Tragg (interpretado por Ray Collins), el arresto de una persona cuya defensa asumía Mason, el juicio donde la acusación estaba en manos del fiscal Hamilton Burger (encarnado por William Talman) y la intervención final de mason desenmascarando al verdadero autor material del crimen, casi siempre cuando éste se encontraba en los estrados deponiendo como testigo. Aunque en las primeras temporadas la relación entre Mason, Tragg y Burger era cortés pero distante, en las siguientes temporadas se hace mucho más cercana desembocando en abierta camaradería. Quizá el ejemplo más claro de esa simbiosis entre abogado y fiscal se da en uno de mis episodios favoritos, el decimocuarto episodio de la tercera temporada, titulado The case of the prudent prosecutor, donde el personaje acusado del crimen no sólo es un amigo del fiscal Hamilton Burger, sino que éste le debía, además, la vida a aquel. En una escena que vale por un tratado, el Burger se acerca a Mason y le narra el modo en el que el acusado le había salvado la vida tras un accidente acaecido en un lago; cuando Mason le dice que entiende su conflicto personal porque debe acusarlo, Burger en primer lugar le anuncia que “I have to disqualify myself, remove myself from any prosecution” (debo abstenerme, apartarme de la acusación), y a continuación le expone el motivo de su visita: “It still be my responsability. I supose I have no right to be talking to you this way. Let alone suggest that…..Perry, if Jefferson Pike is arrest for this crime and…if you can find any merit in the case…” (aún soy responsable. Supongo que no tengo derecho a hablarte de esta forma. Sólo sugiero que…Perry, si Jefferson Pike es arrestado por este crimen y…si puedes encontrar alguna vía de defensa…) a lo que Mason le responde sin dudarlo que se hará cargo del asunto, añadiendo animus iocandi que lo hará “even if he did save your life” (aunque te haya salvado la vida). Cuando al final del episodio Perry Mason demuestra una vez más la inocencia de su defendido, en la escena final vemos a Mason y a Burger (que, efectivamente, se había abstenido) juntos en una finca de recreo y brindar juntos cuando el fiscal indica, divertido que: “Perry, I think I´ve won this case” (Perry, creo que he ganado este caso). He aquí el episodio completo por si alguien desea verlo.

La serie creó un vínculo casi familiar entre los actores. En efecto, cuando en las últimas temporadas Ray Collins se vio aquejado de una grave enfermedad pulmonar y hubo de ser sustituido en muchos capítulos, tanto sus compañeros como los productores mantuvieron su nombre en los títulos de crédito, asegurándole que con ello se pretendía hacer ver al público que la ausencia era temporal, y que en cuanto se repusiese tenía asegurado su puesto, algo que no pudo ser porque Collins falleció en 1965, siendo sustituido definitivamente por Richard Anderson. De igual forma, William Talman fue despedido tras haber sido detenido en una redada policial llevada a cabo en una fiesta, y únicamente fue readmitido a instancias de Raymond Burr. Cuando la serie se despidió en 1966, en el capítulo final podemos ver al creador de Mason, al propio Erle Stanley Gardner encarnando a un juez.

Pese a un fallido intento de reproducir el éxito con otros actores (que se saldó con un rotundo fracaso), en el año 1985 se rodó el telefilm Perry Mason Returns, al que siguieron otros veintinueve. Raymond Burr volvía a encarnar al célebre abogado, que en el primero de los episodios renunciaba al cargo de juez del Tribunal de Apelación para encargarse personalmente de la defensa de su antigua secretaria, Della Street (de nuevo encarnada por Barbara Hale), indicándole cuando ella le ruega que no lo haga que: “Let´s say I got tired of writing opinions” (Digamos que me he cansado de redactar sentencias). William Hopper, que había encarnado a Paul Drake, había fallecido de un enfisema pulmonar en 1970, por lo que el papel de Paul Drake jr lo interpretó durante nueve capítulos William Katt, quien en la vida real es hijo de Barbara Hale (de hecho en uno de los episodios se hace un guiño a esta situación cuando Paul Drake Jr le dice a Della Street: “Si me viese mi madre”). El esquema de cada uno de los capítulos seguía el mismo esquema clásico de la serie original, sin otros cambios que los que el inevitable transcurso del tiempo impuso en los actores, en la moda y en la geografía urbana. La muerte de Raymond Burr en 1993 puso fin a la nueva aventura, aunque aún se rodaron cuatro episodios más con otros actores en el papel de abogados amigos de Perry.

John Grisham, autor de best sellers jurídicos mucho más apegados a la realidad jurídica, reconoce de igual forma el magisterio que Perry Mason tuvo sobre una generación a la hora de inclinar los gustos de determinadas personas por la rama jurídica. Así, en los libros de su serie Theodor Boone, se menciona expresamente en varias ocasiones la serie, aunque incidiendo que los pleitos que en la misma se desarrollan poco o nada tenían que ver procesalmente con la realidad cotidiana que cualquier jurista americano afrontaba (como, probablemente, poco tendría que ver la medicina que ejercía el doctor Kildare con la que ejercían los médicos de cualquier hospital estadounidense). Pero es evidente que ello no impidió que la misma despertase muchas vocaciones y que una buena parte de los juristas norteamericanos, de igual forma que en el caso de Sonia Sotomayor, se inclinase por los estudios de Derecho gracias a Perry Mason.

P.D. Raymond Burr, que tenía un gran sentido del humor, contestó en una ocasión a una televidente, cuando le preguntó por qué nunca había perdido un caso: “Porque usted sólo me ve los fines de semana.” De igual forma, Burr aceptó interpretar a Perry Mason en una parodia efectuada en el programa del cómico Jack Benny, donde éste soñaba ser enjuiciado por el asesinato de un gallo que no cesaba de molestarle con sus cacareos. Benny decía haber contratado al “mejor abogado de la ciudad” y cuando Mason entra en sala y es aplaudido no sólo por el jurado, sino por el juez (quien, además, le pide un autógrafo), ello hace manifestar al acusado que “creo que voy a ganar el caso”. Mas, para su sorpresa, ese día Perry había perdido su habitual pericia. Compruébelo el lector por sí mismo en este divertidísimo pleito……

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