GRIMM v GLOUCESTER COUNTY SCHOOL BOARD O LOS LAVABOS COMO CAMPO DE BATALLA.

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El pasado día 31 de mayo de 2016 el Tribunal de Apelaciones del Cuarto Circuito dictaba una resolución en el caso Grimm v. Gloucester County School Board, denagando la solicitud de la parte apelada de que el Pleno de dicho órgano jurisdiccional revisase la sentencia dictada por la Sección. El fondo del asunto afecta a una cuestión que, pese a su simplicidad, está generando una amplia polémica: el uso de los servicios por parte de los transexuales. No es que a los mismos se les vede en absoluto el acceso a tales dependencias, sino que el núcleo de la controversia se centra en la respuesta que debe darse a una pregunta: una vez que la persona ha cambiado de sexo, ¿a qué lavabo ha de acudir, al de su sexo de nacimiento o al que tiene tras la cambio? En concreto el caso enjuiciado es el de Gavin Grimm, un joven que había nacido con el sexo femenino pero que se sometió a una operación de cambio de sexo. En el instituto las autoridades escolares no tuvieron inconveniente en permitirle utilizar el lavabo de caballeros, pero ante la protesta de varios padres de alumnos, la Junta Escolar adoptó la decisión de que las personas que hayan cambiado de sexo no pueden utilizar el servicio correspondiente a su género actual, sino al que correspondía según nacimiento o, en su caso, un lavabo independiente. Gavin Grimm, con el apoyo de la American Civil Liberties Union (ACLU) impugnó la actuación administrativa ante un juzgado federal, que rechazó de plano sus pretensiones, pero impugnada la sentencia de instancia ante el Tribunal de Apelaciones del Cuarto Circuito, logró ver su apelación estimada en la sentencia Grimm et al. v. Gloucester County School Board et al., hecha pública el pasado 19 de abril, y que contó con un par de votos particulares. Precisamente uno de los discrepantes, el juez Niemeyer, es quien formula un voto particular frente a la negativa de la Sección del Tribunal de elevar el asunto al Pleno para una revisión en banc.

El voto particular del juez Niemeyer se inicia con el siguiente párrafo: “Históricamente, la intimidad corporal es uno de los elementos básicos de la dignidad humana y de la libertad individual Obligar a una persona a ser expuesta a personas del sexo opuesto supone una profunda ofensa a tal libertad y dignidad. Acaso no hemos condenado universalmente como inhumano tal comportamiento a lo largo de la historia cuando se ha dado tal circunstancia en diferentes contextos, como, por ejemplo, en las prisiones? Y acaso los padres no han considerado universalmente ofensivo ver expuesto el cuerpo de sus hijos a personas del sexo opuesto?” El juez, en su voto particular, incluso efectúa un llamamiento no infrecuente en los Estados Unidos, pero que sería absolutamente impensable en nuestro país: no sólo indica que dada la naturaleza del asunto es necesario un pronunciamiento del Tribunal Supremo para unificar criterios (“La trascendental naturaleza del asunto merece que se abra el camino al Tribunal Supremo para que éste efectúe una interpretación uniforme para todo el territorio”), sino que incluso llega a solicitar a las partes en el asunto que hagan uso de esa posibilidad: “El tiempo es oro, y únicamente puedo apremiar a las partes que recurran ante el Tribunal Supremo”). Y ello porque existe una división entre los distintos estados de la federación, y donde unos son muy permisivos otros, como por ejemplo Carolina del Norte, son muy restrictivos, hasta el punto de tipificar como delito el uso de los servicios que no se correspondan con el sexo que consta en la partida de nacimiento del que los usa.

No deja de ser tener su gracia el comentario que de la noticia efectúa el blog Findlaw, que se inicia ciertamente con una hilarante y escatológica pregunta: “¿Es posible que el próximo gran asunto de derechos fundamentales que conozca el Tribunal Supremo verse sobre……el defecar?”; aunque el propio redactor matiza esa pregunta con una inteligente metáfora bélica : “Por supuesto, si en este particular asunto los lavabos constituyen el campo de batalla, el conflicto implica mucho más que las heces”. Lo cual me hace evocar una de las historietas del genial e inmortal Francisco Ibáñez, en concreto la que lleva por título El bacilón, donde la más surrealista y escacharrante pareja de detectives creada por el maestro indiscutible del humor gráfico hispano ha de combatir una gigantesca criatura que, nutrida de bacilos, microbios y residuos contaminantes, lanzaba sus ataques precisamente en esa delicada estancia de los hogares, mordisqueando las posaderas de las víctimas justo cuando las personas se encontraban sentadas en el “trono” efectuando las tareas propias del momento y lugar. Pues bien, en dicha historieta, al comentar los ataques, puede verse un recorte de prensa en el que aparece la siguiente frase: “Exigimos que las autoridades tomen cartas en el asunto. El lavabo es la piedra angular de la familia.” Y vaya si lo es!!.

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