CIERTA ADMINISTRACIÓN LOCAL Y LA PLUSVALÍA: “NO SOMOS ÁNGELES”.

We are no angels

En la deliciosa comedia We´re no angels, cinta de ambiente navideño dirigida en 1955 por el gran Michael Curtiz, y cuyo argumento transcurría casi íntegramente en el interior de una tienda sita en la Isla del Diablo, narra las incidencias que sobre la familia del dueño de la tienda acarrea la visita de los tres “ángeles”, que en realidad eran tres divertidos presos que se han fugado de la cárcel y que aterrizaron en el indicado comercio por casualidad mientras trataban de ocultarse de los guardias que les buscaban. Uno de los tres reos era Joseph, encarnado por un magnífico Humphrey Bogart, que bajo su sempiterna dureza escondía un gran corazón. No le había llevado a la prisión ningún crimen de sangre, sino un simple delito de estafa o, como él mismo decía en un determinado momento a una respetable compradora que adeudaba enormes cantidades a la tienda, “yo estoy aquí por falta de crédito”. Pues bien, cuando los tres presos mutan su plan inicial de robar a la familia y, a la vista de la situación personal de la hija, deciden implicarse, Joseph asume sus habituales dotes comerciales, y en un determinado momento ha logrado vender un lote de cepillos y peines al jefe de correos, tras decirle que hacía poco vendió un lote similar a una persona también alopécica, que “murió, pero con un pelo precioso“. Cuando acude a la atónita mujer del empresario (encarnada por una espléndida Joan Bennet) solicitando cambio urgentemente, ante la réplica de ésta que el jefe de correos está “completamente calvo”, Joseph no sólo no se amilana, sino que dice “pues démonos prisa antes de que se dé cuenta”, para regresar no sólo con el importe de la venta, sino con una cantidad adicional porque “también le vendí una loción capilar.” El que desee ver dicha escena en su versión original no tiene más que situarse en el minuto 0:50 del siguiente enlace.

Las Administraciones públicas en la actualidad se comportan inequívocamente como el personaje encarnado por Humphrey Bogart cuando éste vendía cepillos y utensilios capilares a personas alopécicas: tratar de que la elocuencia y la oratoria hagan al destinatario olvidarse de que el producto que se trata de vender no sólo no es necesario, sino contraproducente. Las Administraciones venden pomposamente una serie de logros que no son más que humo, y a los responsables se les llena la boca con determinados argumentos que luego se revelan falaces. Viene esto a cuento de una recentísima Resolución del Tribunal Económico-Administrativo Regional de cierta villa marinera de la tierra asturiana (donde las olas del mar te despiertan de mañana), resolución que parece sacada del antiguo Departamento de prensa y propaganda, porque no sólo se limita a resolver los argumentos planteados (algo que sería lógico) sino que pretende de pasada loar la política tributaria municipal ensalzando unas determinadas cuestiones sin reparar en que con ello no sólo no deja en buen lugar al ente público teóricamente defendido, sino que descubre aún más las vergüenzas.

El núcleo de la controversia se centraba en verificar si a la hora de aplicar las bonificaciones del draconiano Impuesto sobre el Incremento del Valor de los Terrenos de Naturaleza Urbana (auténtico robo a mano armada con el que los distintos entes municipales tratan de saciar su voraz apetito financiero) a la hora de aplicar la escala ha de tenerse en cuenta el valor catastral del suelo o ha de incluirse también el del inmueble, dado que en el texto de la ordenanza fiscal no se especifica. El Tribunal (que de tal sólo tiene el nombre porque como todo el mundo sabe es un órgano administrativo) indica que no, dado que de haberlo querido así el Ayuntamiento lo habría constatado expresamente en el texto de la norma (como, por cierto, hacen todos los Ayuntamientos): “En el caso del Ayuntamiento de X, como en otros Ayuntamientos [de los que la resolución no ofrece ni un solo ejemplo]  ha contemplado la bonificación dependiendo del valor catastral del inmueble adquirido por herencia. Mientras otros ayuntamientos han contemplado la bonificación dependiendo del valor catastral del suelo, cualquiera de las dos formas es perfectamente legal.” Discutible, pero jurídicamente razonable. No obstante, en su deseo por justificar a la Administración local, dicho órgano “independiente” adereza la resolución con la siguiente perla que intenta vender el peine al alopécico: “Como es que el Ayuntamiento de Sevilla contemplase la bonificación en sus ordenanzas del año 2015, y no en las del año 2016. O que ese mismo ayuntamiento tuviera un tipo de gravamen de ese impuesto del 29% en el año 2015, y lo bajase al 26,80 en el ejercicio 2016, y que el Ayuntamiento de X tenga el tipo de gravamen a un 15%”, idea en la que insiste ulteriormente al decir, sin venir a cuento que: “Al igual que pudiendo establecer un tipo impositivo de gravamen hasta del 30% opto [sic] por un tipo del 15%.” En definitiva, que lo que viene a decir el Tribunal Económico-Administrativo local es, en Román paladino, “no se queje usted, que al fin y al cabo podíamos establecer un tipo impositivo de más del doble y, sin embargo, se lo dejamos en la mitad. Ya puede darse usted con un canto en los dientes.” Y es aquí donde se aparece en todo su esplendor la imagen del inefable Joseph, que en una sola noche puso al día los libros contables de una compañía marítima de trescientos buques que no tenía buque alguno, sino “sólo accionistas”, el mismo Joseph que vendió a un cliente una chaqueta que le quedaba manifiestamente corta haciéndole creer que era de un número mayor. Porque ese razonamiento del Tribunal es tan veraz como las manifestaciones del personaje encarnado por Bogart en la cinta que hemos indicado.

Porque, en efecto, ¿de qué sirve bajar el tipo si lo que pierde ahí lo gana reduciendo las bonificaciones? En este sentido, ha seguido la misma política que la Administración del Principado de Asturias, que “vende” la existencia de una bonificación del 100% de la cuota tributaria del Impuesto de Sucesiones y Donaciones, pero oculta que la misma únicamente se aplica si la base imponible es igual o inferior a 150.000 euros, dado que si es superior el obligado tributario ha de satisfacer el cien por cien. A tocateja.

En definitiva, que el espíritu del inolvidable Joseph campea por las distintas Administraciones españolas. Y al ciudadano le conviene no olvidar que otro de los presos, Jules (impagable Peter Ustinov) era un experto en abrir y variar todo tipo de cajas fuertes. Claro que, por lo menos, esos tres “ángeles” eran pacíficos y divertidos. La Administración aunque actúa materialmente como ellos formalmente lo hace más con el ceño y las maneras del estirado y antipático primo André Trochard, encarnado por un inconmensurable Basil Rathbone.

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