1953-54. INTENSO DEBATE SOBRE LA REFORMA FISCAL ENTRE GOBIERNO Y ECONOMISTAS DE FALANGE.

Plaza de España años 60

El Boletín Oficial del Estado del día 17 de diciembre de 1954 publicaba, justo después de la Ley de 16 de diciembre de 1954 de Expropiación Forzosa, la Ley de 16 de diciembre de 1954 por la que se modifican y refunden los preceptos reguladores de la contribución general sobre la renta. Dicho texto legal trataba de imponer un poco de orden en el sistema impositivo español, que hasta entonces descansaba básicamente en la imposición directa. No obstante, más que la norma en sí, lo realmente interesante es el debate doctrinal que tuvo lugar con motivo de la elaboración de la ley, y que enfrentó dos concepciones absolutamente distintas: la estrictamente liberal y la propiamente social que buscaba en la imposición directa un instrumento de redistribución equitativa de los recursos. Este interesantísimo debate lo expone detalladamente Miguel Martorell en el trabajo que con el título La razón en las palabras de José Antonio: Pensamiento y acción política de los jóvenes economistas de Falange en los años 50, publicó en el número 27 de la revista Historia y Política.

Situémonos en el tiempo. La Falange, prácticamente desaparecida tras la Segunda Guerra Mundial, vivió una época de revitalización en los años cincuenta, que a nivel político se saldó con una derrota total tras la frustrada reforma constitucional auspiciada por José Luís de Arrese. Pero a nivel estrictamente económico, un grupo de jóvenes economistas liderado por Juan Velarde (y en el cual se encontraba Enrique Fuentes Quintana) comenzó a difundir sus ideas desde dos focos principales: la sección de economía del diario Arriba y la Revista de Economía Política, vinculada al Instituto de Estudios Políticos. La novedad principal es que estos autores trataban de recuperar la vertiente social del pensamiento joseantoniano, plagada de críticas al liberalismo y al capitalismo. Como resume muy bien Martorell en su trabajo, el programa en cuestión defendido a ultranza por estos jóvenes “abogaba por la reforma agraria, apostaba por la inversión estatal, combatía los monopolios privados y reivindicaba la redistribución de las rentas a través de la reforma tributaria. Un programa, en definitiva, que defendía la intervención del Estado en la economía y recelaba de la iniciativa privada”. En definitiva, que retomando el programa social del fundador, se combatían los monopolios privados y se defendía la necesaria intervención del Estado en la actividad económica. En este sentido, como indica el autor “Velarde había defendido la esencia anticapitalista de la Falange en un artículo titulado ´La economía española en unas pocas manos`, publicado como editorial de Arriba el 3 de noviembre de 1953, y que ganó el Premio 1ª de octubre concedido por la Secretaría General del Movimiento”. El propio discurso fundacional de la Falange estaba plagado de críticas al sistema liberal, que reducía al obrero a la miseria aunque proclamándole enfáticamente sus derechos a nivel teórico (“Y, por último, el Estado liberal vino a depararnos la esclavitud económica, porque a los obreros, con trágico sarcasmo, se les decía: “Sois libres de trabajar lo que queráis; nadie puede compeleros a que aceptéis unas u otras condiciones; ahora bien: como nosotros somos los ricos, os ofrecemos las condiciones que nos parecen; vosotros, ciudadanos libres, si no queréis, no estáis obligados a aceptarlas; pero vosotros, ciudadanos pobres, si no aceptáis las condiciones que nosotros os impongamos, moriréis de hambre, rodeados de la máxima dignidad liberal”. Y así veríais cómo en los países donde se ha llegado a tener Parlamentos más brillantes e instituciones democráticas más finas, no teníais más que separamos unos cientos de metros de los barrios lujosos para encontramos con tugurios infectos donde vivían hacinados los obreros y sus familias, en un límite de decoro casi infrahumano. Y os encontraríais trabajadores de los campos que de sol a sol se doblaban sobre la tierra, abrasadas las costillas, y que ganaban en todo el año, gracias al libre juego de la economía liberal, setenta u ochenta jornales de tres pesetas. Por eso tuvo que nacer, y fue justo su nacimiento (nosotros no recatamos ninguna verdad), el socialismo. Los obreros tuvieron que defenderse contra aquel sistema, que sólo les daba promesas de derechos, pero no se cuidaba de proporcionarles una vida justa”). En este sentido, el programa económico de los jóvenes falangistas de los años 50 “aportó un programa económico coherente y atractivo, que daba un aire radical y renovado a una institución excesivamente burocratizada y anquilosada”.

A nivel legislativo, existía un amplísimo acuerdo y consenso en la necesidad de reformar la legislación tributaria. Pero el acuerdo finalizaba ahí, dado que en ese punto se enfrentaron dos concepciones opuestas de lo que debía ser la reforma tributaria:

1.- La auspiciada por José María Naharro Mora, “respaldado por empresarios y entidades financieras públicas y privadas con una notable influencia en medios políticos”. Esta reforma era de corte liberal, abogaba por promover el ahorro y la inversión privada. La vinculación a la banca de su promotor y el hecho de que los grandes empresarios y la banca en general apoyase la reforma da una idea de por donde iban los tiros. “Naharro consideraba que la contribución sobre la renta, durante un largo periodo, debía ser un tributo débil, casi testimonial, que complementara, pero no remplazara, los viejos impuestos directos sobre el producto […] un impuesto sobre la renta pequeño, que no gravara en exceso el capital, que recaudara poco, que no detrajera capitales desde la iniciativa privada hacia el Estado”. Este fue el armazón principal del proyecto de ley que presentó Naharro, apoyado por los grandes bancos.

2.- Opuesta a la anterior, Manuel de Torres, con el apoyo de los jóvenes economistas, pretendía una reforma tributaria que hiciera de la imposición sobre la renta un instrumento para redistribuir la riqueza. Los economistas de la Falange no sólo combatieron el proyecto de Naharro desde las páginas del diario Arriba, sino que fueron quienes redactaron las principales enmiendas al proyecto de Naharro, al que finalmente lograron hacer sucumbir pese al aparente fracaso final de sus esfuerzos. El proyecto elaborado por Manuel de Torres, sin llegar a colmar del todo las aspiraciones del grupo falangista, sí que se acercaba más a su ideario. Llama la atención del artículo la lealtad de Velarde y su grupo hacia su maestro, pues como indica Martorell: “Velarde y Fuentes Quintana salieron en más de una ocasión en defensa de su maestro desde la tribuna de Arriba, aún a costa de poner en peligro su continuidad en el diario. Y es que las críticas de Torres a la política económica no siempre eran bien recibidas en el gobierno”.

Sin embargo, todo este esfuerzo, que cristalizó en la Ley de 16 de diciembre de 1954, se volatilizó por el hecho de que el propio Ministro trató de dejar sin efecto las previsiones más radicales del texto legal en el desarrollo reglamentario, hecho que fue denunciado en el propio diario Arriba merced a un artículo publicado el 13 de junio de 1955 por Juan Velarde y que, como indica Martorell “Fue uno de los primeros artículos del grupo de Arriba que señalaban la responsabilidad de Gómez de Llano en el fracaso de la reforma y arremetían directa o veladamente contra el ministro”. Lo cierto es que con los sucesos de febrero de 1956, el fracaso de la reforma constitucional de Arrese y, sobre todo, tras la remodelación gubernamental de 1957 que supuso la entrada en el gobierno de los tecnócratas vinculados al opus dei, supuso la derrota final de la Falange, tanto a nivel político como económico.

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