MALDAD BAJO EL SOL.

Evil under the sun

Estos días del mes de agosto en el que los juristas bien cierran las oficinas o bien disminuyen su actividad debido a la consideración general de dicho mes como inhábil (salvo excepciones) a efectos judiciales, no sólo conviene aprovecharlo para afrontar esas lecturas pendientes que durante el año la cotidiana actividad profesional ha impedido abordar, sino para revisitar algunas de aquéllas películas clásicas que por cualquier razón, quedaron grabadas en nuestra memoria. Hoy quisiera compartir con los lectores del blog una de ellas, la no tan antigua Evil under sun, dirigida en 1982 y que adaptaba a la gran pantalla la novela homónima de la inmortal Agatha Christie.

La obra, dado que se trata de una adaptación de la célebre autora de misterio, tiene las tres características fundamentales de sus obras: un crimen, un número reducido de sospechosos y un investigador profesional ajeno a las fuerzas del orden que trata de poner su intelecto al servicio de la resolución del crimen. En este caso, el crimen no tiene lugar en el interior de un recinto cerrado (la biblioteca o el dormitorio de una mansión), sino en la playa de una isla donde un grupo de personas pasa sus vacaciones. La asesinada es la célebre artista de vodevil Arlena Marshall (Diane Rigg), estrangulada mientras tomaba el sol en la playa. La particularidad del caso es que en esta ocasión todos tenían motivos para desear la muerte de la actriz: su segundo marido, Kenneth Marshall (Dennis Quiley) quien veía cómo su esposa coqueteaba de manera nada indisimulada con el joven Patrick Redfern (Nicholas Clay), sin que éste considerase un impedimento que su propia esposa, Christine (Jane Birkin) le acompañase en las vacaciones. Pero también eran sospechosos el amanerado Rex Brewster (magnífico Roddy McDowell), quien había terminado una biografía de Arlena cuya publicación ésta había vetado; Odelle Gardner (James Mason, en una de sus últimas apariciones), productor de la obra que se fue a pique cuando Arlena, principal intérprete, la abandonó súbitamente; y sir Horace Blatt (un Colin Blakely que tan sólo tres años antes había encarnado a Watson en Private life of Sherlock Holmes, la cinta dirigida por Billy Wilder y que fue gravemente mutilada para reducir su metraje) millonario y antiguo amante de Arlena a quien había regalado un brillante de cincuenta mil dólares que ésta le sustituyó por una falsificación una vez roto el compromiso matrimonial entre ambos. Incluso la dueña del hotel donde todos residen, Daphne Castle, tenía motivos, pues era una antigua rival de Arlena en los escenarios. Afortunadamente, entre los huéspedes del establecimiento residencial se encuentra el detective belga Hercule Poirot (inconmensurable el gran Peter Ustinov) quien con la ayuda de sus “células grises” tratará de desentrañar un misterio aparentemente insalvable: cómo es posible que una mujer fuera asesinada en una playa sita en un extremo de una isla cuando todos los sospechosos pueden acreditar mediante testigos que en el momento que se perpetró el crimen se encontraban en la otra punta de la ínsula que, sin ser muy lejana, sí se encontraba a una distancia considerable. Como siempre, Poirot no decepciona.

Esta era la segunda ocasión en que Peter Ustinov se metía en la piel de Hercule Poirot, tras hacerlo por vez primera cuatro años antes en Death on the Nile tras la negativa de Albert Finney a repetir el papel que desempeñara en Murder in the Orient Express. Para el público de finales del siglo XX y principios del XXI sin duda alguna la figura del peculiar detective belga estará ligada al actor David Suchet (quien, curiosamente, encarnó al inspector Japp en la adaptación de Lord Edgware dies, donde Ustinov encarnaba de nuevo a Poirot; justo es decir que Suchet manifestó con posterioridad que su interpretación de Japp era manifiestamente mejorable), pero lo cierto es que Ustinov aporta a Poirot un rasgo que Suchet no logra del todo inculcarle: sentido del humor. Pese a que, en efecto, no estamos ante un Hercule Poirot como el que aparece en las novelas de Christie (al estar dulcificada su egolatría, su evidente sensación de superioridad así como sus manías y excentricidades) Ustinov supo dotarle de un aura humorística con su simple presencia, algo a lo que sin duda alguna contribuyó la personalidad del actor, que poseía un gran sentido del humor.

La película cuenta también con la presencia de dos grandes damas de la escena británica (Maggie Smith y Diane Rigg) así como con dos grandísimos intérpretes de la misma nacionalidad: James Mason y Roddy McDowell. A ello se une que los exteriores de la película se rodaron en la isla de Mallorca, y que cuenta con una deliciosa música de Cole Porter.

No estamos, evidentemente, ante una obra maestra de esas que copan las listas de grandes clásicos imperecederos. Pero es sin duda alguna una cinta que merece verse, que sin duda no decepciona y que proporcionará dos horas de entretenimiento donde el espectador puede intentar rivalizar con el inmortal detective belga para averiguar la identidad del asesino. La escena, ya cerca del final, donde un Hercules Poirot con gorra, bastón, bombachos y polainas recorre, cronómetro en mano, la distancia que separa ambos extremos de la isla para comprobar su teoría, mientras como música de fondo suena un Begin the Beguine es sinceramente deliciosa. Como hilarante es aquélla otra en la que el detective, con gorra y llamativo batín, desciende las escaleras de la playa para darse un baño marino……ciertamente peculiar.

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