¿MANTIENE UN CANDIDATO A LA PRESIDENCIA DEL GOBIERNO DICHA CONDICIÓN TRAS SER RECHAZADA SU INVESTIDURA?

Congreso de los Diputados

Aunque el planteamiento de dicha cuestión pueda sonar extravagante, no crea el lector que la misma ha salido de la imaginación del redactor de estas líneas. A raíz de la frustrada investidura del candidato Mariano Rajoy, he visto ya hasta en un par de ocasiones lanzar este interrogante, al que sorprendentemente se ha dado una respuesta positiva. Así aparece en la edición en papel del diario El Comercio correspondiente al sábado día 3 de septiembre de 2016. Por su parte, la juez y diputada Margarita Robles, en una entrevista que concedió al programa Es la Mañana el viernes 2 de septiembre de 2016, aun no siendo tan categórica o tajante, sí que ha planteado la cuestión indicando que la cuestión plantea serias dudas.

Desde el punto de vista estrictamente jurídico, entiendo que no cabe otra respuesta que la negativa, es decir, que un candidato propuesto por el Rey pierde automáticamente dicha condición si no logra obtener el apoyo en las dos votaciones de investidura. Intentaré motivar mi respuesta.

1.- En principio, hemos de partir del artículo 99 de la Constitución, en concreto el párrafo cuarto: “Si efectuadas las citadas votaciones no se otorgase la confianza para la investidura, se tramitarán sucesivas propuestas en la forma prevista en los apartados anteriores.” Una vez que tenemos ya fijado el texto constitucional a aplicar, hemos de desentrañar el sentido del mismo, aplicando los criterios interpretativos usuales: texto, historia, tradición, precedentes, propósitos y consecuencias.

2.- Partamos de una interpretación literal, que es la primera que ha de efectuarse. Si analizamos el párrafo en cuestión, tanto de forma aislada como junto con el resto del artículo, permite entender que si el candidato es rechazado en la segunda votación la candidatura ha decaído por agotada, en cuanto la Cámara ha rechazado otorgar la confianza al candidato. En efecto, no otorgada la confianza, “se tramitarán sucesivas propuestas”, es decir, que carecería de sentido sostener que se mantiene la candidatura rechazada si han de tramitarse con carácter obligatorio otras propuestas (obsérvese que el texto constitucional utiliza la forma imperativa), que implican la presentación al Congreso de un nuevo candidato a la presidencia del Gobierno. Pero es más, si se interpreta dicho precepto conjuntamente con el artículo 114 de la Constitución, la respuesta es aún más sencilla: carecería de sentido que si el Congreso niega la Confianza al Gobierno este cesa de forma automática, perdiendo lógicamente su condición, y si la niega a un candidato a presidente éste mantenga la candidatura.

3.- Si acudimos a los precedentes, es decir, a la práctica política o a las convenciones constitucionales, éstas son más bien escasas, pues se limitan a lo acaecido en la legislatura precedente. Ahora bien, ello nos permite ratificar la respuesta a la que se llega con la interpretación literal. Cuando el Congreso negó la confianza a Pedro Sánchez, el monarca inició una nueva ronda de consultas en aras de proponer un candidato, explicitando con ello que la candidatura del socialista se encontraba agotada al haber sido rechazada por el Congreso. Nadie se planteó entonces si éste mantenía, tras el rechazo de la Cámara baja, la condición de candidato a presidente.

4.- Si acudimos a los propósitos y consecuencias del artículo, la respuesta negativa al interrogante refuerza aún más la tesis negativa. Lo que pretende el artículo es regular la elección del Presidente del Gobierno estableciendo la forma de proposición de candidato a dicho puesto y el procedimiento de investidura. Ahora bien, no existe propiamente el puesto de “candidato a presidente del gobierno” con visos de continuidad pese a un eventual rechazo de la Cámara. Dicha condición, la de candidato a presidente, tiene una duración temporal cuyos límites están claramente fijados en el texto constitucional: se adquiere con la propuesta formal del Jefe del Estado al Congreso por conducto del Presidente de la Cámara, y se cesa en ella bien cuando el Congreso  otorga la confianza tras el debate de investidura (momento en el que pasa a ostentar ya la condición de Presidente, aunque deba aún jurar o prometer el cargo ante el Rey) o cuando la rechaza (momento en que la candidatura pierde formalmente tal carácter al ser rechazada). Pero es más, si forzásemos la interpretación hasta el punto de sostener que el candidato rechazado por el Congreso no pierde tal carácter, ello nos llevaría al absurdo de sostener que podría bloquear la situación, toda vez que podría negarse a ceder dicha condición impidiendo así al Rey efectuar una nueva propuesta.

5.- No debe confundirse el mantener la condición de candidato a presidente con la condición de Presidente del Gobierno en funciones. Mariano Rajoy continúa manteniendo tal condición hasta el momento en que el Congreso otorgue su confianza a un nuevo candidato, esto es incuestionable y nadie se lo ha planteado; pero lo mantiene porque es el último presidente al que el Congreso otorgó la confianza, no porque sea el último “candidato a presidente”. Quiere ello decir que, si tras una nueva ronda de consultas, el monarca propone como candidato a Pedro Sánchez y éste tampoco logra la confianza tras dos votaciones, no mantiene la “candidatura a la presidencia” más allá de las dos votaciones.

Lo dicho anteriormente, creo que es bastante claro. No lo es tanto el hecho de si un candidato que ha visto rechazada su candidatura puede volver a intentar una investidura, algo que sí es jurídicamente interpretable, aunque mi criterio es que, tanto del texto constitucional como de los antecedentes (debates constituyentes) la respuesta sería negativa, es decir, que un candidato rechazado no podría volver a repetir tal condición, puesto que ello entraría en colisión con la expresión “sucesivas propuestas” contenido en el artículo 99. Y ello porque el término “sucesiva”, según la Real Academia Española, hace referencia a la que “sucede o sigue a otra”, y puesto que la Constitución se refiere a “sucesivas propuestas”, ello implica que la propuesta necesariamente ha de ser distinta, puesto que si el candidato es el mismo no nos encontraríamos ante una propuesta “sucesiva”, sino ante la “misma” o “idéntica” propuesta; cosa distinta es si el párrafo hablase de sucesivas “votaciones”, que no necesariamente implicarían una mutación subjetiva en el candidato.

Es evidente que el bloqueo político que supera ya con creces el periodo ordinario de gestación, pues ya están a punto de superarse los nueve meses desde la constitución de las Cortes salidas de los comicios del 20 de diciembre de 2015 sin que se haya logrado constituir un nuevo gobierno, creando con ello una situación inédita en nuestra experiencia constitucional. Pero estimo que no debe enturbiarse aún más con debates artificiales.

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