EL CASO DE LA SILUETA FEMININA “ILEGAL”.

Silueta femenina

La polémica suscitada en Gijón a raíz de la denuncia tramitada por el Instituto Asturiano de la Mujer, relativa al cartel anunciador de una empresa de reprografía, cartel que muestra a una mujer de imponentes formas, vuelta de espalda y con tan solo ropa interior (cartel reproducido en los medios y que encabeza la presente entrada) reabre la eterna cuestión relativa a dónde se ubica la frontera entre el legítimo ejercicio de un derecho y el mero abuso quizá debido a la conjunción de varios factores que pueden ser o no simultáneos, tales como el deseo de ganarse un minuto de gloria, el exceso de ociosidad y en no pocas ocasiones, por qué no decirlo, la envidia malsana. Pero también creo que debe reabrir el debate sobre ese tipo de organismos o entes públicos cuya utilidad es más que dudosa y que, siendo conscientes de ello, no dudan en superar en alguna que otra ocasión las barreras de la ridiculez para intentar justificar su existencia, demostrando así que no hacen otra cosa que ejercer las prerrogativas que le han sido encomendadas.

En este caso ha sido el Instituto Asturiano de la Mujer, organismo creado por Decreto 61/1999 de 10 de agosto y cuya organización y funciones las desarrolla el Decreto 137/1999 de 16 de septiembre. Pues bien, ese organismo ha sido el encargado de efectuar esta actuación concreta, en relación a un cartel publicitario que, además da la circunstancia de que llevaba años ubicado en el lugar donde se sitúa. El dueño de la empresa anunciada manifiesta que no retirará dicha imagen, mientras que la directora del Instituto Asturiano de la Mujer argumenta que: “no es unan cuestión de gustos ni subjetiva, sino que incumple la ley”, añadiendo esta afirmación que no tiene desperdicio: “estamos inmersos en cosas que parecían normales, pero que ahora no lo son” (sic). En cuanto a la primera afirmación es ciertamente más que discutible, porque habría que determinar qué norma legal se está vulnerando y, si como parece indicar la responsable de dicho organismo, lo que se está incumpliendo es la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo para la igualdad efectiva de hombres y mujeres, la aseveración no deja de ser errónea, puesto que bastaría echar un vistazo a los numerosos carteles y anuncios televisivos donde aparecen gallardos mancebos en paños menores luciendo sus encantos masculinos sin que nadie haya cursado denuncia alguna porque los mismos sean ofensivos, indecentes o, lo que es más importante, ilícitos, por lo que no cabría sostener que la actuación en sí es discriminatoria, como tampoco puede sostenerse con un mínimo de rigor que el cartel anunciador mantenga, fomente o impulse una imagen denigratoria de la mujer. En cuanto a la segunda afirmación sí que es cierta, aunque cabe matizar que ello puede tener efectos positivos (por ejemplo, como el indicado en el artículo sobre la violencia ejercida sobre las mujeres normalmente en el ámbito familiar –hasta hace pocas fechas contemplada como algo privado- o la regulación jurídica de la incapacidad –hasta el año 1981 un tema que se delegaba en las propias familias) como negativos (la morosidad habitual antaño era objeto de reproche social, mientras que ahora poco menos que se llega a contemplar como algo no ya normal, sino incluso elogioso).

En su magnífica bitácora delajusticia.com, José Ramón Chaves abordó hace ya tiempo este problema, el de los organismos creados sin justificación alguna pero que, precisamente por ello, tienen que demostrar que son objetivamente necesarios y adecuados, y que su puesta en marcha no obedece al capricho de la autoridad política o al mero deseo de servir de cobijo a personas que carecen transitoriamente de lugar en otros órganos políticos o administrativos, sino que responden a una necesidad objetiva. Pues bien, en esta ocasión deseo solicitar a los amables lectores un ejercicio de imaginación y que compartan, animus iocandi, el ejercicio siguiente. Imaginen que en el seno del Gobierno del Principado de Asturias se crea el Instituto Asturiano de la Alopecia. Imaginense, ya puestos, que su norma de creación tuviese el siguiente tenor literal:

Ley del Principado de Asturias 19234/2016 de 31 de septiembre por el que se crea el Instituto Asturiano de la Alopecia.

 

La Constitución española proscribe en su artículo 14 toda discriminación basada en condiciones personales. Tanto el artículo 9.2 de la Constitución española como el artículo 9.d) del Estatuto de Autonomía del Principado de Asturias establecen que los poderes públicos velarán especialmente por procurar la adopción de medidas dirigidas a promover las condiciones y a remover los obstáculos para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos sociales que se integran sean reales y efectivas.

 

Sin duda alguna, es evidente que entre los grupos de personas tradicionalmente objeto de discriminación y tratamiento no sólo injusto, sino moralmente reprobable se encuentra el del sector de la población, mayoritariamente del género masculino pero también con ejemplos en el femenino, de quienes padecen esa lacra física que es la alopecia. Durante generaciones, los científicos han tratado de encontrar la solución a la caída del cabello, sin que hasta el momento la ciencia haya logrado ofrecer una respuesta al mismo. Pero, cuestiones científicas aparte, es un hecho objetivo que quienes sufren en sus carnes el doloroso problema de la pérdida de cabellos no sólo padecen una enfermedad, sino que son objeto de tratamiento burlesco tanto en los medios de comunicación social como en los ámbitos laboral y administrativo. Por ello, mediante el presente Decreto se crea el Instituto Asturiano de la Alopecia para tratar de paliar una lacra social que precisa de un tratamiento jurídico no sólo paliativo, sino preventivo.

 

Artículo 1.- Se crea el Instituto Asturiano de la Alopecia como órgano desconcentrado con nivel orgánico de Dirección General adscrito a la Consejería de la Presidencia.

 

Artículo 2.- Son fines del Instituto Asturiano de la Alopecia:

 

  1. Las actividades relacionadas con las acciones y medidas necesarias para la hacer efectivo el principio de trato no discriminatorio a la población alopécica.
  2. Impulsar y promover la participación de los alopécicos en todos los ámbitos.
  3. Eliminar cualquier forma de discriminación o trato degradante a la población que sufre alopecia.

Artículo 3.- Para el cumplimiento de sus fines, el Instituto Asturiano de la Alopecia desarrollará las siguientes funciones:

 

  1. Elaboración de programas integrales impulsando medidas y servicios que contribuyan a eliminar la discriminación de los alopécicos.
  2. Impulsar la revisión de las disposiciones de carácter general, actos administrativos y proyectos de ley para eliminar de ellos las discriminaciones por razones capilares, velando por la correcta igualdad de trato entre las personas con independencia del tamaño de su cabellera.
  3. Impulsar medidas encaminadas a posibilitar el acceso de los alopécicos a los puestos de trabajo de los que hayan sido excluidos por motivos estéticos. A tal efecto, se ejercitarán las acciones, tanto en el ámbito administrativo como laboral, para velar por el correcto cumplimiento del principio de no discriminación por razón de pelo.
  4. Promover la ejecución de proyectos que incidan en una educación tendente a no discriminar ni contemplar de manera burlesca a los alopécicos.
  5. Realizar, fomentar y divulgar estudios sobre la situación de los alopécicos asturianos, con el fin de que sirvan para orientar la elaboración de las políticas de igualdad y sensibilización de la sociedad hacia la situación de los alopécicos.
  6. Velar por la difusión de una imagen de los alopécicos ajustada a su realidad.

 

Artículo 4.- Reglamentariamente se desarrollarán los aspectos orgánicos del Instituto Asturiano de la Alopecia así como los aspectos relativos a sus recursos humanos. En todo caso, será requisito indispensable para formar parte tanto de los órganos rectores como del personal adscrito al mismo acreditar la condición de alopécico.

Pues bien, imagínense que una norma legal con esa redacción se aprobara. Pues bien, estén seguros que no faltarían motivos para que dicho organismo comenzara a actuar y a emitir informes, requerimientos, citaciones, denuncias y similares. Y, si no, he aquí algunos ejemplos:

1.- ¿Por qué en las novelas de Agatha Chistie la señorita Marple aparece como una viejecita encantadora y sin embargo Hércules Poirot, célebre tanto por sus cualidades intelectuales como por su falta de cabello, sea caracterizado como una persona intratable?

2.- ¿Por qué se tiene como prototipo de galanes cinematográfico a personas como Cary Grant o David Niven y no a otros actores como, por ejemplo, Yul Brynner?

3.- En la serie de televisión Olmos y Robles, ¿Por qué el héroe de acción es una persona joven, alta, delgada, ágil, propensa al análisis y la acción directa mientras que el alopécico es presentado como alguien torpe y con dificultades para comunicarse?

4.- ¿Por qué existe una marca de atún que se denomina Calvo? ¿No es una auténtica ofensa a quienes sufren dicho problema?

5.- ¿No es una auténtica ofensa, por no decir una provocación en toda regla, que el líder de una de las formaciones políticas comparezca ostentando una larga cabellera? ¿No se ofende con ello a quienes no tienen esa posibilidad?

La presente entrada ha sido elaborada animus iocandi, como es manifiesto y evidente. Pero con ello se quiere incidir en un hecho fundamental: cuando un objetivo o fin legítimo se desvirtúa por el abuso o uso ilegítimo de las prerrogativas para matar moscas a cañonazos se corre el riesgo de caricaturizar un problema real. Y sobre todo, cuando para justificar su existencia un órgano administrativo ha de incurrir en actuaciones que desbordan con creces la frontera de lo ridículo, pues ello no evidencia otra cosa que lo superfluo del mismo.

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Un comentario el “EL CASO DE LA SILUETA FEMININA “ILEGAL”.

  1. Buenos días. Me parecen muy interesantes sus artículos. Es una pena no tener la posibilidad de twittearlos para que podamos compartirlos con nuestros seguidores. Enhorabuena

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