“AQUEL RITMILLO” JUDICIAL: NOTAS DE LAS SENTENCIAS QUE ABREN EL AÑO JUDICIAL EN ESTADOS UNIDOS.

Supreme Court United States

El pasado día 11 de octubre de 2016 el Tribunal Supremo de los Estados Unidos hacía pública su sentencia en el caso Shaun Michael Bosse v. Ocklahoma, con la que inicia el año judicial 2016-2017 que, como ocurre cada año, inicia su andadura el primer lunes del mes de octubre. Lo de menos en sí es el contenido material de la sentencia, una breve resolución de dos folios y medio, elaborada per curiam, y que afronta en cuanto al fondo la nulidad de actuaciones de una condena a muerte debido a infracciones formales, puesto que el juez había solicitado a un familiar de las víctimas que recomendase al jurado una recomendación de condena (el acusado había asesinado a una mujer y a sus dos hijos, y lógicamente el familiar de las personas asesinadas solicitó la máxima pena, recomendación que el jurado atendió), proceder que el propio Tribunal Supremo, aunque muy dividido internamente, había vedado en su sentencia Booth v. Maryland (15 de junio de 1987) donde el ponente Lewis Powell (que contó con el voto favorable de sus colegas William Brennan, Thurgood Marshall, Harry Blackmun y John Paul Stevens) fijó como doctrina legal que en la fase de sentencia en un juicio con pena capital la introducción de lo que se denomina técnicamente victim impact statement, es contrario a la octava enmienda constitucional. Lo relevante es que, al igual que ocurre al comienzo de cada año, el Tribunal Supremo suele inicial el curso judicial con resoluciones judiciales que reúnen una serie de características, que pasamos a enumerar a continuación:

1.- Invariablemente, durante los últimos años el Tribunal Supremo de los Estados Unidos abre su repertorio jurisprudencial del año con una sentencia que se presenta formalmente como per curiam. Se trata de una fórmula o expresión latina en virtud de la cual se quiere explicitar que la misma, cuando menos de cara al exterior, no aparece como elaborada por un ponente concreto, sino que todos se responsabilizan de la misma sin que se facilite quien es el redactor material de la misma. Se trata de una opción que utiliza igualmente en casos extremadamente complejos. Por ejemplo, la célebre sentencia Bush v. Gore aparece dictada per curiam, aunque lógicamente ha trascendido que el ponente de la misma fue el juez Anthony Kennedy.

2.- También es de destacar que de ordinario la sentencia que abre el año judicial no suele abordar asuntos complejos ni controvertidos, sino cuestiones técnicas limitadas a verificar la corrección técnica de un proceder judicial y si el mismo es consistente o no con la jurisprudencia ya consolidada del Tribunal. En definitiva, que en estos momentos iniciales del curso se muestra la cara amable y la armonía existente en el seno del supremo órgano judicial estadounidense, pues para evidenciar la división de criterios ya habrá tiempo a lo largo de los siguientes nueve meses.

3.- De igual forma, suelen tratarse de sentencias de muy reducida estensión, y así, por ejemplo, la citada sentencia Bosse v. Ocklahoma ocupa tan sólo dos folios y medio, que se elevan a tres si se añade el reducidísimo voto particular concurrente de los jueces Thomas y Alito, que ocupa otro medio folio. Eso sí, reducción material de la extensión de la sentencia no es sinónimo de falta de motivación ni de ausencia de calidad técnica, pues si existe una nota característica de las resoluciones judiciales norteamericanas en general y del Tribunal Supremo en particular es el cuidado extremo que dedican no sólo a la forma, sino en cuanto al fondo. La calidad de las sentencias estadounidenses, con un depuradísimo estilo no sólo forense sino literario, contrasta con la en muchas ocasiones farragosa y pedestre calidad de las sentencias españolas, donde dicho sea con todos los respetos, algunos jueces y magistrados procedentes de las últimas incorporaciones merecerían, en estricta justicia, ser enviados a un curso de reciclaje profesional en lengua castellana, porque sin cuestionar ni poner en duda sus saberes jurídicos, su nivel en cuanto a expresión escrita es, digámoslo con un cierto sentido del pudor, manifiestamente mejorable. De ahí que, un magistrado español que comparte con quien suscribe su admiración por la cultura jurídica anglosajona, me describió personalmente la lectura de las resoluciones estadounidenses como un auténtico “placer intelectual”.

En definitiva, que jurídicamente, como ocurría en el célebre corto de Javier Fresser Aquel ritmillo, todo es cuestión de ritmo….jurídico. Se empieza el año a paso suave, de forma paulatina se acelera a paso ligero para finalizar el curso jurídico a paso marcial. Y es que el mundo judicial, al igual que la vida misma, tiene igualmente sus propios ritmos.

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