SESIÓN ESPECIAL DEL TRIBUNAL SUPREMO EN RECUERDO DEL JUEZ ANTONIN SCALIA.

The body of Justice Antonin Scalia arrives at the Supreme Court, on Friday, February 19, 2016. Scalia's casket will remain in the Great Hall inside the Court for most of the day as mourners pay their respects. Photo by Diego M. Radzinschi/THE NATIONAL LAW JOURNAL.

Son habituales en nuestro país las celebraciones de despedida a jueces y magistrados cuando cesan en determinado órgano jurisdiccional por cambio de destino. En esos casos, la norma no escrita impone que sus compañeros de estrado y el resto del personal que presta sus servicios en la Administración de Justicia (procuradores, abogados) se reúnan para ofrecerle un ágape de homenaje donde, ante una mesa más o menos repleta de suculentas viandas, se recuerden los buenos momentos y se manifiesten los buenos deseos para el homenajeado en su nuevo destino. Lo que ya no es tan frecuente es que, si la vacante se produce por el luctuoso hecho del fallecimiento, se ofrezcan jornadas o sesiones de homenaje póstumo, máxime cuando el magistrado lo es de órganos superiores y, sobre todo, cuando ha tenido cierta relevancia por sus aportaciones jurisprudenciales.

Pues bien, el pasado día 4 de noviembre de 2016 tuvo lugar una jornada de recuerdo a Antonin Scalia. Lo que llama la atención no es en sí la propia existencia de la jornada (pues es una más entre otras muchas dedicadas a glosar su trayectoria biográfica y su decisiva influencia en los pronunciamientos del Tribunal Supremo norteamericano), sino que la misma tuvo lugar en una sesión especial del propio Tribunal Supremo de los Estados Unidos, bajo la presidencia del chief justice John Roberts y donde intervinieron la Attorney General y el acting Solicitor General. Previamente a la celebración física de la sesión extraordinaria, las personas habilitadas para ejercer profesionalmente como abogados en el Tribunal Supremo (lo que se conoce como Bar of the Supreme Court, dado que para ejercer ante dicho órgano judicial no basta con haber obtenido el título universitario y superado el examen de acceso a la abogacía, sino que debe obtenerse la habilitación en el propio Tribunal para ejercer en el mismo, exigiéndose unos requisitos muy cualificados) aprobaron una Resolución para “ofrecer nuestro respeto a una gigantesca figura en el Derecho americano: juez de convicciones, carácter y coraje; apreciado compañero; mentor irreemplazable y hombre devoto de su país, su Constitución y este Tribunal.”

En lo que respecta a la sesión especial, si algo merece destacarse es que se celebró en la Sala de Vistas del Tribunal en el que durante treinta años el homenajeado prestó sus servicios, y que de la misma se extendió el oportuno acta oficial, que los lectores interesados pueden consultar aquí. Llama igualmente la atención el carácter formalista que se da al acto y que no difiere en este punto de cualquier sesión ordinaria del Tribunal, algo que puede comprobarse con la  solemne fórmula de salutación con que el chief justice declara abierto el acto (“The Court is in Special Session this afternoon to receive the resolutions of the Var of the Supreme Court in tribute to Associate Justice Antonin Scalia,”), solemnidad que es ratificada tanto por el acting Solicitor General como por el Attorney General, quienes dan comienzo a sus intervenciones con la fórmula rituaria que se utiliza para iniciar un alegato en el órgano judicial “Mr. Chief Justice, and may it please the Court.” No obstante, en algo se había de notar la especialidad, y ésta consistió en que John Roberts no sólo se abstuvo de interrumpir para hacer preguntas a los juristas que deponían en Sala, sino que efectuó una intervención final en la que recordó emotivamente a su compañero, haciendo un repaso de su trayectoria profesional en la judicatura, como magistrado en el Tribunal de Apelaciones del Distrito de Columbia (el mismo en el que, por cierto, estuvo destinado Roberts antes de dar el salto al Supremo) y en el más alto Tribunal de los Estados Unidos. Roberts se vio interrumpido en varias ocasiones por las risas del público cuando aquél echó mano de su sentido del humor para referirse a algunas de los aspectos más polémicos del homenajeado, como la frecuencia de sus votos particulares (“También se le conocía por los votos particulares que efectuaba de vez en cuando…”), la visión que Scalia tenía respecto a su visión restrictiva de las garantías penales (“En cierta ocasión [Scalia] manifestó que sus sentencias sobre el ámbito de las garantías penales de la Declaración de Derechos sin duda lo convertirían en el juez favorito de los acusados a lo largo del país…”), sus jugosas confidencias (“Sus comentarios en esta sala incluían impagables confidencias en voz baja compartidas sólo por quienes tuvieron la fortuna de ubicarse a su lado…”) o cuando el propio chief justice reconoció explícita aunque formalmente muy cuidadosa la existencia de momentos difíciles en el seno de la institución (“Bien, sería temerario decir que nunca hubo momentos difíciles en esta sala….). Pero, sobre todo y por encima de todo, Roberts destacó, lo mismo que el resto de los intervinientes, en la devoción que por el mundo del Derecho sintió Antonin Scalia, la decisiva influencia de sus teorías interpretativas que, de precisar ejemplificarse en una única sentencia, ésta sin duda alguna sería District of Columbia v. Heller, el caso donde el Tribunal Supremo efectúa una interpretación de la segunda enmienda y que dio lugar a un auténtico duelo de primeros espadas entre Antonin Scalia (ponente de la sentencia) y John Paul Stevens (autor del voto particular), y donde ambos hacen alarde de una auténtica erudición no sólo jurídica, sino histórica y sociológica, con el añadido de hacerlo con un estilo literario impecable.

En definitiva, que se trató de un recuerdo en toda regla no destacable tanto por su duración, ya que ésta apenas consumió veinticuatro minutos, sino por la intensidad y calidad de las intervenciones, con las que se pretendía evocar a quien, con independencia de que se compartiera su visión o sus teorías constitucionales, fue sin duda alguna una gigantesca figura en la historia constitucional americana y que logró insuflar su pensamiento en la jurisprudencia del Tribunal Supremo.

Por cierto, no quiero finalizar sin una pequeña nota de humor. En uno de los episodios de la divertida serie Boston Legal, el abogado Alan Shore se encontraba en jornada lúdico-festiva con su jefe y amigo Denny Crane en un lugar llamado Nimo Bay (bahía Nimo). Curiosamente aparecía por allí el juez Antonin Scalia, a quien Shore le decía: “Usted aquí, señor juez!! Puedo llamarle Nimo?” Evidentemente para el público español el juego de palabras carecía de sentido, pero los guionistas efectuaron un divertido juego de palabras entre Nimo (el nombra de la bahía) y Nino, término con el que se referían al juez sus familiares y amigos. Prueba de ello es que Sandra Day O´Connor, al verse jurídicamente cuestionada por Scalia en la primera ocasión que éste discrepó de la juez, se llevó una de las mayores sorpresas por la virulencia del voto particular. Meses más tarde, cuando pudo conocer en más profundidad a su compañero y valorar su bonhomía, manifestaba cuando era preguntada al respecto: “It´s just Nino.” Y buena prueba de ese carácter afable y bondadoso de Scalia lo ofrece un hecho público y notorio: con quien más afinidad personal tenía era con su declarada rival ideológica, la juez Ruth Bader Ginsburn, con quien le unía una amistad tan profunda que incluso la misma dio lugar a una ópera con la figura de ambos jueces como protagonistas. La sentida intervención de Ginsburn recordando a su fallecido compañero puede verse a través de este enlace.

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