ANIVERSARIO CONSTITUCIONAL Y REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN: EL EJEMPLO DE STANLEY BANKS.

constitucion

Hoy se conmemora el trigésimo octavo aniversario de la ratificación mediante referéndum del proyecto de Constitución aprobado por las Cortes Generales el 31 de octubre de 1978. Dicho texto es el segundo más longevo de nuestra historia constitucional, puesto que hasta ahora el record de vigencia lo ostenta la Constitución de 1876, que si bien no derogada, sí que fue suspendida por Miguel Primo de Rivera el 13 de septiembre de 1923. Sea como fuere, la denominada “constitución canovista” ya había dado síntomas de agotamiento cuando menos una década antes, y la negativa o imposibilidad de reformar la misma llevó a la crisis del sistema.

Nuestra historia constitucional es rica en constituciones, leyes fundamentales, estatutos y proyectos constitucionales que no llegaron a aprobarse, ofreciendo además una pléyade de vías de reforma constitucional: desde el clásico pronunciamiento, hasta la reforma ordinaria pasando por la pura y simple inaplicación. En este sentido, es sumamente interesante la lectura del recentísimo libro Vieja y nueva Constitución, debido al Catedrático de Derecho Administrativo y Académico Santiago Muñoz Machado, estudio con el que culmina su trilogía dedicada a la crisis institucional y a las reformas precisas para superarla, trilogía que iniciaba en 2012 con su imprescindible Informe sobre España y continuaba un par de años más tarde, en 2014, con Cataluña y las demás Españas. Conviene, pues, una atenta lectura de esos tres ensayos para hacernos una idea de la evolución de las instituciones durante los ya casi cuatro decenios que transcurren desde la aprobación del texto constitucional de 1978, lectura que debe complementarse con el no menos indispensable recopilación de estudios de Joaquín Varela Suanzes-Carpegna que, con el título Política y Constitución en España (1808-1978), hace un repaso de nuestra riquísima experiencia constitucional desde la aprobación del mitificado texto de 1812 hasta el periodo constituyente de 1978.

Hoy más que nunca el tema de la reforma constitucional está en el ambiente, y su sombra se proyecta no sólo en la sede de las instituciones, sino en la propia sociedad que demanda ya una modificación que, conservando lo que de valioso tiene el texto de 1978, subsane deficiencias adecuando el mismo a la sociedad actual. En efecto, la sociedad española ha mutado notablemente y en poco o nada se parece a la que en 1978 salió entusiasmada a la calle para votar mayoritariamente el proyecto de Constitución. Un texto elaborado por una sociedad que, evidentemente, proyectó sobre la misma sus aspiraciones, evidentemente puede no ser la más adecuada para la que le sucede, que se mueve en un entorno social, político y económico radicalmente distinto. Pero además, cuatro décadas de experiencia constitucional permiten efectuar un estudio claro, detallado y desapasionado de aquéllos aspectos que es posible mantener incólumes y aquellos otros que precisan enmiendas e incluso, por qué no decirlo, plantearse la supresión de determinadas instituciones cuya utilidad es más que discutible.

Mantener el inmovilismo constitucional para deleitarse en el texto vigente alabando lo que el mismo supuso en el momento de su elaboración, recuerda a la divertidísima escena de la deliciosa comedia El padre de la novia (me refiero a la dirigida en 1950 por el gran Vicente Minelli en 1950, no en su insulso remake) cuando Stanley Banks (divertidísimo Spencer Tracy) ante la inminente boda de su hija Kay (Elisabeth Taylor) se empeña en desempolvar el viejo traje de bodas que luciera en su propio enlace matrimonial, que guardaba entre bolas de alcanfor, argumentando que si le valió entonces y tan sólo lo utilizó una vez no era necesario encargar uno nuevo. Es hilarante ver cómo justifica el hecho de que, ante su evidente aumento de cintura, no pueda abrocharse el botón del chaqué: “A veces se llevan desabrochados…..Ahh, queda elegante, eh?” Si el amable lector quiere pasar un par de minutos muy divertidos, aquí tiene esa inmortal escena que sin duda alguna le provocará más de una sonrisa:

¿Quiere ello decir que debemos sustituir por entero nuestra Constitución? En modo alguno. No se trata de cambiar por cambiar y que sea preciso arrasar con todo lo antiguo, pero es bien claro que se precisa hacer un estudio serio, riguroso, desapasionado y, sobre todo, sosegado, sobre la experiencia constitucional de las últimos cuarenta años, el desarrollo de las instituciones políticas, su adecuación o inadecuación a la sociedad, así como verificar aquéllos aspectos que es preciso mantener y los que se impone modificar, sustituir o simplemente erradicar. Que el Título VIII debe reformarse es incuestionable, de igual forma que es preciso meditar seriamente sobre la pervivencia de instituciones como el Consejo General del Poder Judicial, Tribunal Constitucional, Consejo Económico y Social y Defensor del Pueblo, y replantearse muy seriamente la composición y las competencias del Senado.

Por regresar a la película anteriormente mencionada, cuando Stanley Banks pretendió abrir de un empujón una puerta de su casa que se había atascado y lo hizo enfundado en su viejo traje de bodas, debido a lo ajustado del mismo la situación terminó como era previsible: el chaqué no pudo resistir el empujón y debido a lo ajustado se rasgó por la parte trasera, quedando inservible. Sin pretenderlo, Banks/Tracy nos ofrece un claro ejemplo: negarse sin más a aceptar la realidad, pretender que los instrumentos que nos sirvieron décadas atrás nos continúan sirviendo en estos momentos, es de ilusos. Y de mantenerse en ese inmovilismo, pretender que el texto constitucional se mantenga incólume, la situación puede terminar al igual que el viejo traje de bodas de Stanley Banks.

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