UNA VIBRANTE DEFENSA DE LOS JUECES DE DISTRITO Y SU LABOR: EL INFORME DE FIN DE AÑO SOBRE LA JUDICATURA FEDERAL.

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Ayer día 1 de enero de 2017 se hacía público el informe que anualmente elabora el chief justice y en el que ofrece su particular visión sobre un tema de relevancia así como para ofrecer al público los datos estadísticos de los asuntos judiciales que han resuelto los distintos tribunales de la federación en el año anterior. Este informe se caracteriza por tres notas: rigor, amenidad y concisión. El carácter ameno implica que cualquier persona, tenga o no conocimientos jurídicos, puede adentrarse en la lectura del mismo, lo cual no implica en modo alguno que el mismo adolezca de simplismo o de ausencia de rigor en el planteamiento; si a lo anterior añadimos su mínima extensión, el lector interesado puede hacerse una idea del panorama de la judicatura federal estadounidense en el año anterior en apenas un cuarto de hora. Qué lejos de los farragosos, plúmbeos e interminables informes que elabora el Consejo General del Poder Judicial de nuestro país, cuya redacción parece hecha específicamente para disuadir incluso al profesional del Derecho de asomarse más allá del título.

Este año, con su 2016 End Year Report on the Federal Judiciary, el chief justice John G. Roberts jr. ha querido ensalzar la figura de quienes ostentan la condición de jueces federales en órganos unipersonales, es decir, de los Jueces de Distrito. Así, en el informe se indica expresamente que: “Los hombres y mujeres que, a lo largo del país, sirven como jueces de distrito no son generalmente bien conocidos, pero merecen un profundo respeto. Mientras el Tribunal Supremo es con frecuencia objeto de atención pública, nuestro sistema de justicia depende fundamentalmente de la capacidad, trabajo y dedicación de quienes son ajenos a ese foco. Este año, quisiera reconocer el papel crucial que los jueces federales tienen en el funcionamiento del tercer poder, y subrayar algunos de los retos y facetas de su trabajo, muy a menudo olvidadas.” A lo largo de las diez páginas en las que reflexiona sobre el particular, va desgranando de forma muy amena las principales funciones que ejercen dichos profesionales, así como los requisitos, tareas y retos inmediatos que han de afrontar. Confieso que según me adentraba en las páginas de este documento, inconscientemente me venía a la cabeza la comparación con los jueces españoles, que salen perdiendo en la misma y no precisamente por su culpa, sino por la nefasta legislación que el legislador patrio ha aprobado en lo que a aspectos organizativos se refiere, que es un potencial foco de conflictos.

Pero volvamos al chief justice y a su informe. ¿Qué merece la pena destacar de esa figura tan absolutamente importante como desconocida que es el juez federal de distrito? Pues lo siguiente:

1.- Soledad en la asunción de decisiones. Nada más ilustrativo para acreditar este extremo que la anécdota histórica con que se inicia el trabajo. Cuando en 1789 George Washington nombra a David Sewall (que en ese momento ostentaba el cargo de magistrado en el Tribunal Supremo de Massachusetts) juez federal en Maine, el designado reflexionaba sobre el cambio de la siguiente manera: “El juez se encontrará solo, sin ayuda, y en algunos casos teniendo que afrontar asuntos de gran importancia, como los relativos a la propia vida humana.” En efecto, el juez unipersonal carece de ayuda, frente a los que sirven en órganos colegiados quienes sí gozan de tal beneficio. Es cierto que en algunos casos existen personas que, por los motivos más diversos, prefieren mil veces servir en un juzgado que en un Tribunal. Porque, en efecto, no tienen ningún tipo de ayuda “oficial” (la consulta y ayuda de carácter “oficioso” sería absurdo negarla), pero ello se compensa con otras ventajas, como irresponsabilidad en la toma de decisiones o la ausencia de control horario, que en el caso de Tribunales existe cierto tipo de control debido precisamente a la colegialidad.

2.- Base del sistema. En efecto, es el juez sito en los órganos que integran la base de la pirámide organizativa quien se constituye en pieza esencial del mismo. “El juez es responsable de la supervisión de la fase preprocesal y de dirigir el juicio mismo. Resuelve las disputas, gestiona la selección del jurado, los principios de admisión de pruebas, determina las instrucciones que han de ofrecerse al jurado, y resuelve cualquier asunto relativo a la aceptación del veredicto y emisión del juicio. Cada uno de estos pasos requiere especiales conocimientos, capacidades y sensibilidad.” En efecto, el núcleo del asunto se decide normalmente en primera instancia, de ahí que sea muy relevante esta pieza y de ahí la necesidad de que las personas que ostentan la condición de jueces unipersonales estén dotadas de una serie de características a la que nos referiremos seguidamente. No sin antes observar que, en efecto, cuando un asunto llega al Tribunal Supremo lo hace ya bastante encauzado, tanto para letrados como para jueces. Algo de lo que se olvida el Tribunal Supremo español, que en un muy reciente pronunciamiento esgrime precisamente esta característica para reducir los honorarios de un letrado, lo que hace con el siguiente pronunciamiento: “el trabajo del letrado en estos recursos extraordinarios está condicionado y en cierto modo aligerado por el previo estudio de las instancias anteriores en las que se reproduce la cuestión o cuestiones que acceden al recurso de casación”; es decir, consejos vendo, que para mí no tengo, pues de aplicar esa tesis los magistrados del más alto Tribunal español deberían tener en cuenta que su labor no sólo está “aligerada” por el estudio de las instancias anteriores, sino por los propios escritos de formalización del recurso y oposición al mismo, por lo que quizá debiera aplicarse la propia tesis que tan alegremente esgrime frente a otros profesionales.

3.- Características del juez. Esta es quizá la parte vital del trabajo. Evidentemente el juez ha de tener especiales conocimientos. En nuestro país se fía todo al elemento estrictamente memorístico, pero eso no es suficiente. ¿Qué ha de poseer un juez, por tanto? Volvamos al informe: “El juez ha de dominar las complejas normas de procedimiento y prueba, así como ser capaz de aplicar dichas normas a las circunstancias del caso concreto. Como autoridad máxima en el estrado, debe responder a cada detalle en un procedimiento sin guión previo, así como emitir su juicio decisivo con objetividad, profundidad y misericordia. Este no es un trabajo para almas impulsivas, tímidas o distraídas.” Llamo la atención del lector sobre la última frase, donde se apunta no a cuestiones intelectivas, sino a atributos o rasgos de la personalidad. En efecto, en ocasiones uno pisa determinados órganos jurisdiccionales donde el juez, de cuyos conocimientos nadie duda, parece que se ve superado por los acontecimientos y que sufre a la hora de tener que dictar sentencia en determinados casos. De ahí que, por ejemplo, algunos con escasa voluntad o espíritu se inclinen siempre hacia el mismo lado: el más cómodo.

4.- Administración y gestión ordinaria del Juzgado. Es aquí donde confieso que la lectura del informe me ha situado al borde de la lágrima al ver cómo un sistema puede funcionar simplemente mediante una organización burocrática adecuada. En este punto, situemos al lector español en su contexto antes de adentrarnos en ver cómo se organiza internamente un juzgado federal estadounidense:

A.- En juzgado español es una llamada abierta al caos. Al frente del mismo se encuentra el Juez o Magistrado (que goza de independencia absoluta y no se encuentra sometido jerárquicamente a ningún otro órgano, aunque a efectos disciplinarios puede intervenir el Consejo General del Poder Judicial) responsable máximo de resolver los asuntos que llegan a su sede. Ahora bien, el juez ni maneja la agenda del juzgado ni es el responsable del personal de apoyo, sino que ambas tareas recaen en los ahora denominados pomposamente Letrados de la Administración de Justicia (antaño conocidos como Secretarios Judiciales), cuerpo que a través del criterio jerárquico depende del Ministerio de Justicia. Así, el juez preside las vistas, pero no establece la fecha de las mismas; depende de su personal de apoyo, pero no lo controla. Para complicar aún más esta desorganización organizada, en determinadas Comunidades Autónomas el personal al servicio de la Administración de Justicia ha sido cedido a las mismas. En fin, en lo que a estructura orgánica se refiere, podemos hacer nuestras las palabras que Spencer Tracy pronunciaba en la divertidísima película El padre de la novia al referirse al ensayo del enlace matrimonial: “El caos. El absoluto y completo caos.”

B.- Si cruzamos el Atlántico, hay algo que llama la atención. Para empezar, en los Estados Unidos se desconoce la figura del Letrado de la Administración de Justicia, sino que es el propio juez quien asume esas funciones organizativas. Veamos qué nos dice John Roberts: “Aunque el juez de distrito tiene una presencia visible y fundamental en Sala, tiene muchas más tareas en su despacho. Por cada juicio, hay cientos esperando (la media de casos que afronta un juez federal es de más de 500). Ante tan desalentadora carga de trabajo, el juez debe dominar todos los campos. Primero, ser un administrador capaz de manejar el incesante curso de asuntos que llegan al juzgado. Y debe ser hábil para afrontar las diferentes materias que pueden llegar en cada momento, asegurándose que nada se le escapa.” Es decir, que el juez no sólo se encarga de pronunciar el veredicto final, sino que ha de encargarse de la gestión ordinaria del juzgado. Y como nos indica el chief justice, desde que se aprobó la reforma procesal del 2015, los jueces han reducido aún más el plazo de resolución de asuntos.

5.- Motivos para ser juez. “Quizá se pregunten por qué un jurista puede desear un cargo que exige dedicación, capacidad e intensa devoción, mientras que sólo ofrece alto estrés, soledad y crítica garantizada. Existen maneras más fáciles y lucrativas para que un jurista pueda ganarse la vida. La respuesta no es otra que la recompensa del servicio público. Los jueces de distrito marcan la diferencia cada día, y dejan como último legado el hacer nuestra sociedad más justa.” En efecto, en los Estados Unidos a un recién licenciado en Derecho ni se le pasa por la cabeza el intentar acceder a un puesto de juez, pues si lo que desea es ganar dinero buscará incorporarse a un despacho donde seguramente en breve ganará bastante más que en la judicatura; en segundo lugar, porque tampoco nadie se plantea que un recién licenciado pueda, por muchos que sean sus conocimientos, afrontar las enormes responsabilidades que supone el cargo, que exigen mucho más que una capacidad intelectiva; y tercero, porque únicamente quien se ha bregado durante cierto tiempo en las lides del foro puede considerarse que tiene no sólo los conocimientos, sino la capacidad y el carácter necesario para no ya sentenciar o presidir un juicio, sino para gestionar todo un juzgado y su personal. Algo que una simple oposición no enseña ni mucho menos.

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