EL PROCEDIMIENTO DE SELECCIÓN DE JUECES FEDERALES ESTADOUNIDENSES (I)

Federal Judge

Tanto en esta entrada como en la siguiente, analizaremos con cierto detalle el procedimiento seguidos en los Estados Unidos para el nombramiento de jueces federales. Creo que el asunto tiene no sólo interés, sino que es de rabiosa actualidad, dado que esta semana han dado comienzo en el Senado estadounidense el procedimiento de confirmación senatorial de Neil Gorsuch, candidato propuesto por el presidente Donald Trump para cubrir la vacante del fallecido Antonin Scalia.

Ha de indicarse que los trámites son idénticos para cubrir una vacante tanto en el Tribunal Supremo como en un Tribunal de Apelaciones o en un simple juzgado federal.  Y hemos de dejar ya claro desde el principio que la idea de acceso a la judicatura por oposición memorística no sólo es absolutamente desconocido en los Estados Unidos (y en el mundo anglosajón en general) sino que dicho sistema ni tan siquiera goza de defensores entusiastas.

INTRODUCCIÓN: FASES DEL PROCESO DE DESIGNACIÓN DE UN JUEZ FEDERAL.

Hemos de partir necesariamente de la normativa aplicable. En este sentido, el Artículo Segundo Sección Segunda de la Constitución norteamericana enumera entre las atribuciones del Presidente de los Estados Unidos: “He shall nominate, and by and with the advise and consent of the Senate, shall appoint […] judges of the Supreme Court, and all other officers of the United States, whose appointments are not herein otherwise provided for” (Propondrá, y con el visto bueno del Senado, nombrará […] a los jueces del Tribunal Supremo, así como a todos los cargos públicos estadounidenses para cuyo nombramiento no se haya establecido un cauce específico).

En la sentencia Marbury v. Madison (5 US 137 [1803]) que abordaba precisamente la demanda relativa a la exigencia de un juez federal para que se le entregase su nombramiento, el juez Marshall distingue tres fases en el procedimiento de designación de un magistrado, que desglosa de esta forma en la célebre sentencia:

1.- Propuesta, que es un acto que corresponde al Presidente y que es absolutamente personal.

 

2.- Designación, que es de igual manera una cto voluntario del presidente, a pesar de que sólo puede ser realizado con el visto bueno del Senado.

 

3.- Nombramiento, pues entregar el acta de nombramiento proporcionándosela a la persona nombrada, se podría considerar como un deber impuesto por la Constitución.”

A esas tres fases podría añadirse un estadio o fase previa, cual es el estudio o análisis por el Presidente de los potenciales candidatos a jueces federales.

Abordaremos separadamente las distintas etapas.

I.- FASE PREVIA: ESTUDIO DE LOS POTENCIALES CANDIDATOS E INVESTIGACIÓN DE LOS MISMOS.

 

Todo candidato a la Presidencia que ha alcanzado la victoria en los comicios presidenciales suele llevar consigo a la Casa Blanca una lista de nombres para el caso de que se produzcan vacantes en cualquiera de los órganos judiciales que integran el Poder Judicial de los Estados Unidos. En esa lista de potential nominees (posibles candidatos) ocupan un lugar de honor quienes pueden ser designados para el Tribunal Supremo en caso de producirse una vacante. Lo normal es que esa lista sea elaborada por el Presidente con la ayuda de su personal de confianza, y que la integren personas de una dilatada trayectoria profesional y que, lógicamente, compartan la visión jurídica del mandatario que eventualmente los propondrá.

Una vez que se produce la vacante, el Presidente analiza más exhaustivamente la lista de candidatos con la ayuda tanto del personal del Departamento de Justicia como con sus asesores políticos de confianza.

Cuando ya se han despejado las dudas, e inclinada ya la balanza hacia una persona concreta, lo normal es que alguien del staff de la Casa Blanca se lo comunique informalmente al interesado, a fin de verificar si éste aceptaría la posible nominación. Con ello se trata de evitar espectáculos como, por ejemplo, el que ocurrió en diciembre de 1800, cuando ante la renuncia del chief justice Oliver Ellsworth el presidente en funciones John Adams propuso y remitió al Senado a John Jay…..sin contar con el interesado, a quien informó a posteriori cuando la Cámara Alta había avalado ya el nombramiento. Con ello Adams pretendía colocar a Jay ante una situación de hechos consumados, dado que todos daban por hecho que éste no aceptaría el cargo, como efectivamente sucedió. También puede ocurrir que un potencial candidato se apresure a rechazar la nominación incluso antes de que informalmente se le ofrezca, como ocurrió en 1969, cuando el nombre de Potter Stewart, ya juez del Tribunal Supremo, aparecía en las quinielas para sustituir a Earl Warren como Presidente de la institución judicial; Stewart se adelantó y, tras pedir audiencia al Presidente Nixon, insinuó cortésmente que no deseaba ser promocionado al puesto de chief justice.

Si el candidato informalmente propuesto manifiesta su conformidad, con carácter previo a la formalizar públicamente su candidatura, se efectúa una labor de investigación para ver si existe algún episodio oscuro o algún hecho que pueda enturbiar u obstaculizar la confirmación senatorial, investigación que suele llevar a cabo el Federal Bureau of Investigation (F.B.I.) Con ello se trata también de evitas situaciones como la ocurrida en 1987, cuando Douglas H. Ginsburn, candidato formalmente propuesto por Ronald Reagan para juez del Tribunal Supremo, decidió solicitar al presidente que anulase el nombramiento tras descubrirse y hacerse público que en su época universitaria había fumado marihuana. También puede ocurrir que el hecho que impida el nombramiento sea puramente fisiológico o médico, como ocurrió en 1994 cuando Bill Clinton trató de proponer como juez del Supremo a Richard S. Arnold, cuyo nombramiento se frustró al descubrirse que padecía un cáncer muy avanzado y, sobre todo, cuando los médicos aseguraron al Presidente que, aún cuando el paciente se encontraba en tratamiento, no podrían afirmar a ciencia cierta que la enfermedad no le impidiese ejercer su puesto con normalidad.

Esa investigación informal que se lleva a cabo puede dar lugar a circunstancias curiosas, como la que nos cuenta Steven Calabresi en la evocación que hace del fallecido juez Scalia en el último número de la Harvard Journal of Law and Public Policy. Cuando en 1986 el F.B.I. efectuaba la investigación de Antonin Scalia, éste se encontró un día con que a la salida de la misa dominical, el párroco se le acercó con semblante de preocupación y, preguntado sobre ello, obtuvo la siguiente respuesta: “Nino…es el F.B.I. Estuvieron aquí ayer preguntando todo tipo de cosas sobre ti. Pero no te preocupes. No les he contado nada.” Scalia tuvo que tranquilizar al buen párroco y decirle que no se preocupase, que el asunto carecía de importancia.

Una vez efectuada la investigación reservada y despejadas las dudas, puede darse por terminada la fase previa y da comienzo la fase inicial del procedimiento stricto sensu.

II.- PRIMERA FASE: LA NOMINATION O PROPUESTA FORMAL.

 

La primera fase propiamente dicha en el iter procedimental que ha de seguirse para la designación de un juez federal es la nomination. No es otra cosa que el anuncio formal y público en virtud del cual el Presidente de los Estados Unidos informa al pueblo de la identidad de la persona que ha elegido para ocupar la vacante concreta a cubrir. Normalmente el anuncio suele tener lugar en la Casa Blanca y en compañía de la persona elegida, aunque no es estrictamente necesario. Así, por ejemplo, cuando George W. Bush propuso a John Roberts para cubrir la vacante que dejó libre Sandra Day O´Connor, el candidato propuesto compareció junto con su esposa y sus dos hijos pequeños (uno de los cuales, por cierto, causó las delicias de los fotógrafos al imitar a Spiderman).

La propuesta, como indicó John Marshall en la sentencia Marbury v. Madison, es un acto absolutamente personal del Presidente y que, por tanto, no está sometido a control judicial alguno. Tampoco es absoluta y vinculante, en tanto en cuanto el Presidente puede dar marcha atrás en cualquier momento. Con anterioridad ya hemos ofrecido dos ejemplos de ello. Reagan hubo de retirar la propuesta de Ginsburn a solicitud del interesado, y en el caso de John Roberts fue el propio presidente Bush quien dio marcha atrás, aunque en este último caso debido al fallecimiento del chief justice William Rehnquist en septiembre de 2005 (apenas tres meses después de la propuesta de Roberts para sustituir a O´Connor), que motivó un inteligente movimiento táctico presidencial y moviendo la candidatura de Roberts para sustituir a Rehnquist en vez de a O´Connor.

Una vez que ha tenido lugar la propuesta formal, el Presidente remitirá al Senado el nombre del candidato propuesto, dando inicio así la segunda fase, a la que dedicaremos la próxima entrada.

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