ENTREVISTA A ELOY VELASCO: GRANDEZAS Y MISERIAS DE LA ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA.

Ayer día 23 de abril de 2016, mientras a lo largo de la geografía española se celebraba la fiesta de San Jorge y cientos de personas celebraban el día del libro adquiriendo algún ejemplar, el diario El Mundo ofrecía una interesante entrevista con el juez Eloy Velasco, magistrado del Juzgado Central de Instrucción número Seis y persona cuyo nombre ha cobrado rabiosa actualidad como juez instructor de la denominada “operación Lezo”, que ha destapado uno de los focos de corrupción en la Comunidad de Madrid que afecta al corazón del partido gobernante tanto en la autonomía como en la nación. Eloy Velasco reflexiona en voz alta sobre varios temas de interés, haciéndolo, además, con una prudencia exquisita como, por ejemplo, rehúsa hablar sobre temas de corrupción “porque se puede hacer una lectura sobre casos concretos”, actitud que es digna de elogio. No obstante, la entrevista deja un sabor amargo al lector, porque aunque se efectúan manifestaciones de una veracidad indubitada, también se incluyen perlas que, unidas a las condiciones personales del entrevistado, ponen de relieve las miserias de la justicia española. Veámoslo.

I.- JUECES DE IDA Y VUELTA.

Evocando una célebre comedia del inmortal Enrique Jardiel Poncela, podemos calificar a Eloy Velasco como un juez de ida y vuelta, una de los grandes males que aquejan a nuestra ya de por sí maltrecha Administración de Justicia. En efecto, si uno echa un vistazo al historial del señor Velasco, podrá comprobar que el mismo abandonó la judicatura en el año 1996 para ser nombrado Director General de Justicia de la Comunidad Valenciana, puesto del que fue cesado en 2003 por desavenencias y desacuerdos con la formación política que lo había nombrado. Un año después del cese, regresaba al mundo de la Justicia. No es Eloy Velasco el único en beneficiarse de una carrera política más o menos amplia, puesto que existen otros que han seguido este mismo camino, como por ejemplo el siniestro Baltasar Garzón, José de la Mata (tras pasar por una Dirección General del Ministerio de Justicia, en menos de un año se incorpora al Juzgado Central de Instrucción número Cinco) o la sin par Margarita Robles.

Es una opinión particular y, por supuesto, se trata de algo opinable, pero creo que este camino de ida y vuelta entre política y judicatura debería estar proscrito. Es no sólo admisible, sino lógico el trasvase de personal entre legislativo y ejecutivo, porque de hecho, en los Estados Unidos suele calificarse a ambos poderes de “political branches”. Pero en el caso del Poder Judicial, que es precisamente el encargado de controlar a los otros dos, no debería ser admisible. En varias ocasiones nos hemos referido a casos estadounidenses donde jueces que han intentado una aventura política renunciaron a la judicatura conscientes de que era un camino sin retorno. Desde John Jay (primer chief justice, puesto al que renunció para ser elegido gobernador de Nueva York), hasta Charles Evans Hughes, que siendo juez del Tribunal Supremo dimitió en 1916 cuando fue elegido candidato republicano a la presidencia para disputarle el cargo al demócrata Woodrow Wilson. Hughes renunció sabiendo que si era derrotado en los comicios no podría regresar a su puesto, como, en efecto acaeció. Por una carambola del destino, Hughes fue la única persona que conozco que regresó al Tribunal Supremo y como chief justice, pero no sólo se trata de un supuesto excepcional, sino que transcurrieron tres lustros desde su renuncia a su regreso. Pero sería inconcebible en que una persona que abandona la judicatura para dedicarse a la política regrese al día siguiente de ser cesado.

En definitiva, que las “puertas giratorias” entre política y justicia deberían estar cerradas.

II.- LA CRÓNICA INSUFICIENCIA DE MEDIOS.

En la entrevista queda patente la amargura del juez, que ha solicitado un nuevo destino abandonando su puesto en el Juzgado Central de Instrucción. En esta decisión influyen dos circunstancias distintas, la falta de medios y las guardias.

En cuanto a la falta de medios, manifiesta: “El problema no es de los jueces, que trabajamos todo lo que podemos, el problema es que las inversiones en Justicia no son todo los grandes como podrían ser.” Absolutamente cierto. En nuestro país, por regla general los jueces efectúan una labor encomiable y hacen gala de una profesionalidad absoluta. Existen, como en todo colectivo, lógicamente una minoría que no dan un palo al agua, pero un elevadísimo porcentaje de jueces intenta sacar delante de forma seria y silenciosa el trabajo que se acumula en su juzgado. Pero los medios de los que se dota a la Administración de Justicia no es que no sean tan grandes (como pudorosamente indica Eloy Velasco), es que son raquíticas e indignas por su pequeñez. A diferencia de las inversiones, medios, atribuciones, potestades y privilegios atribuidos a la Agencia Estatal de Administración Tributaria y al mimo con que se trata a cualquier órgano administrativo o empresa pública, el Poder Judicial es, por utilizar una acertadísima expresión de Jesús Villegas, un “poder amordazado”, y de lo que se trata es que no moleste demasiado. Para ello, nada mejor que escatimarle medios, regatearle hasta extremos intolerables cualquier mejora y, sobre todo, de inundar aquellos órdenes en los que más puede incomodar a las ramas políticas (es decir, el penal y el contencioso-administrativo) de pleitos y más pleitos para colapsar los distintos juzgados y Tribunales.

Esta situación es uno de los más graves carencias que aquejan a la Administración de Justicia española, pero que tiene difícil arreglo, porque la solución pasa, irremisiblemente, por la causa y origen del problema.

III.- JUECES INSTRUCTORES, NO FISCALES INSTRUCTORES.

En este sentido el entrevistado no deja lugar a dudas: “Soy contrario. Estoy a favor del juez instructor. Los fiscales son estupendos profesionales y en el 99% de los casos harían la instrucción igual que los jueces, pero hay un 1% de ellos que puede recibir instrucciones de sus superiores. Y yo no, porque no tengo superior. Me siento más independiente que los fiscales, también en esos casos en los que el fiscal general, que es elegido por el Gobierno, puede dar una instrucción.”

Quien haya leído entradas anteriores en este blog podrá comprobar que en el mismo se ha manifestado el mismo criterio y las mismas preocupaciones, por lo que no puede más que compartirse esa idea. Tanto en público como en privado he dicho, cuando me han preguntado sobre el fiscal instructor que “con esta fiscalía no

IV.- JUECES “DEL PUEBLO”.

En una de las afirmaciones más extrañas de la entrevista, Eloy Velasco afirma que: “Los jueces tenemos que interpretar la ley conforme al pueblo. Somos gente del pueblo y el pueblo no perdona apropiaciones económicas o desfalcos como los perdonábamos antes.” Si la idea última que desea transmitirse es que los jueces no pueden estar aislados de la sociedad, sino que deben estar en contacto con el mundo que los rodea, no sólo no habría que objetar nada, sino que sería temerario oponerse a dicha reflexión. Ahora bien, una atenta lectura de las dos frases transcritas nos llevan a concluir que no es esa la intención última, sino otra, amén de que quizá al final incluye una reflexión no sólo ambigua, sino preocupante. Desgranemos esta reflexión.

1.- “Somos gente del pueblo.” Evidentemente. Los jueces forman parte del pueblo no sólo entendido éste como colectividad, sino como clase. Lejos están los tiempos en que la judicatura estaba reservada en la práctica (que no ex lege) a miembros de las clases privilegiadas. Hoy en día cualquier persona que haya finalizado la carrera jurídica puede aspirar a integrarse en la judicatura sin que sea excluido por motivos de clase.

2.- “Los jueces tenemos que interpretar la ley conforme al pueblo.” Con todos mis respetos, esta frase es una temeridad y descalificaría por sí misma a cualquier persona. Quizá conviniera al señor Velasco echar un vistazo al reportaje que en el año 2009 la cadena C-SPAN realizó sobre el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, y donde se entrevistó no sólo a los nueve jueces en activo, sino a los dos que ya habían renunciado. Pues bien, a la hora de hablar de las manifestaciones que algunas veces tenían lugar en las puertas de la sede judicial, el chief justice Roberts manifestó su total respeto a las mismas y el derecho que tiene cualquier ciudadano a expresar en público y en privado sus opiniones (siempre, claro está, que lo haga pacíficamente), pero también incluyó una atinada reflexión: hay ocasiones en que los jueces no pueden tomar la decisión basándose única y exclusivamente en la presión popular.

Es indiscutible, y así lo ha manifestado, por ejemplo, el juez Stephen Breyer, que son seis los instrumentos para la interpretación de normas jurídicas: texto, historia, tradición, precedentes, propósitos y consecuencias. No es menos cierto que en nuestro país el artículo 3.1 del Código Civil incluye entre los criterios interpretativos “la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas”.  Pero rogaría que Su Señoría me indicase dónde y cómo se dice que ha de interpretarse la ley “conforme al pueblo.” Sin duda alguna los “tribunales populares” del París revolucionario que  prescindieron de jueces titulares y entronizaron a gente sin estudios como magistrados para decidir sobre la vida y muerte de los sospechosos de conspirar contra la Revolución pensaban como el señor juez. También el presidente norteamericano Andrew Jackson compartía las ideas de Eloy Velasco, pero coherentemente con ello impulsó una política consistente en que los jueces respondiesen ante el mismo pueblo, y así a finales del primer tercio del siglo XIX se inició en los Estados Unidos la selección de jueces por elección de todo el cuerpo electoral. Me queda la duda de si Eloy Velasco sería tan coherente como Andrew Jackson.

3.- “el pueblo no perdona apropiaciones económicas o desfalcos como los perdonábamos antes.” Confieso que este aserto admite una doble interpretación. ¿Quiere decir que es el pueblo el que no perdonaba antes las apropiaciones económicas o los desfalcos? ¿O quiere decir, por el contrario, que eran los jueces quienes la perdonaban? El uso de la primera persona del plural hace equívoca esta manifestación, dado que Eloy Velasco puede referirse con ella tanto al estamento judicial como al pueblo. Utilizando los criterios interpretativos no logro desentrañar el sentido último, pese a lo cual, y echando mano del principio de interpretación más beneficiosa, supondremos que se refiere al pueblo, en lo cual no le falta parte de razón. No obstante, no me deja de causar cierta preocupación que en los últimos tiempos un porcentaje cada vez más elevado de jueces parece resolver los asuntos poniendo un ojo en la normativa y otro en los medios de comunicación.

Anuncios

2 comentarios el “ENTREVISTA A ELOY VELASCO: GRANDEZAS Y MISERIAS DE LA ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA.

  1. Hombre, llamar “siniestro” a Garzón, con todos sus defectos, pero el único Juez en la historia de la judicatura que declaraba sus ingresos en Hacienda como preparador, me parece excesivo. Ese tufo de extrema derecha repatea, la verdad.
    Un compañero que sigue con atención tus artículos aunque discrepe de tu devoción por la justicia estadounidense. Tan repulsiva como la española. Un saludo.

  2. Sin querer entrar en el análisis a fondo del texto, tengo que advertir que José de la Mata no se va al Juzgado Central un año después de dejar la Dirección General sino que entre medias ha pasado varios años con destino en la Sección 27 de la Audiencia Provincial de Madrid

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s