¿QUIÉN CONOCE A UN JUEZ DEL SUPREMO?

Who knows

En cierta ocasión, David Souter, cuando aún era juez en activo del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, fue abordado por un matrimonio que se dirigió a él de la siguiente forma: “Usted es Stephen Breyer.” Éste era no sólo uno de sus colegas en el Alto Tribunal, sino uno de sus amigos, y dado que Souter no quería hacer pasar un mal rato a sus dos interlocutores, les siguió la corriente diciendo que, efectivamente, así era. Cuando ya al final, antes de irse, uno de los cónyuges preguntó al juez cual era la mayor satisfacción que le daba el ocupar tal puesto, la divertida respuesta del magistrado fue: “El privilegio de trabajar con David Souter.

La anécdota, totalmente veraz y que Jeffrey Toobin recoge en su libro The nine, muestra un hecho cierto: que el público estadounidense está familiarizado con los jueces que integran su Tribunal Supremo. Pueden confundir físicamente a unos con otros (el propio Toobin reconoce que tomó en cierta ocasión a Anthony Kennedy por William Rehnquist), pero salvo rarísimas excepciones, el público en general conoce quiénes integran en cada momento el más alto órgano judicial de la federación. Los procedimientos de confirmación senatorial permiten conocer hasta el más mínimo detalle de la vida personal y profesional del juez pues en el expediente abierto al efecto quedarán incorporados su currículum vitae, los informes del F.B.I y de la American Bar Association, así como los artículos publicados, sentencias redactadas, conferencias impartidas, seminarios dirigidos y todo el cursus honorum seguido por la persona nominada. El público sabe, pues, no sólo cómo se llama y qué aspecto físico tiene el juez sino, fundamentalmente y lo que importa, cuál es su pensamiento jurídico.

Contrasta esa situación con la del Tribunal Supremo del Reino de España. Salvo en círculos profesionales vinculados al mundo jurídico, el público en general no es ya que desconozca el pensamiento de los magistrados que integran dicho órgano judicial, sino que ni tan siquiera está familiarizado con el nombre de los jueces. En definitiva, que la composición del Tribunal Supremo en nuestro país viene a ser una especie de misterios de Eleusis, una especie de arcano únicamente accesible para los iniciados, pero que deliberadamente se mantiene alejado del público en general.

¿Quién conoce a un juez del Tribunal Supremo? ¿Quién sabe cómo se llaman, lo que piensan, qué han escrito? ¿Son partidarios del activismo o del retraimiento judicial? ¿Ha de otorgarse deferencia a las “political branches” o debe verse en la judicatura un muro que defienda a la persona frente a los ataques del poder público, ya sea éste legislativo o ejecutivo? En este punto, la respuesta no sólo del público en general, sino de gran parte de las personas vinculadas al mundo jurídico sería: no sabe, no contesta. Cierto es que en el portal de transparencia del Tribunal Supremo uno puede encontrar el nombre de los magistrados que integran cada Sala, e incluso existe una breve semblanza biográfica, pero ello de poco nos sirve. Teniendo en cuenta, además, que el procedimiento de selección de los jueces del Tribunal Supremo español si por algo se ha caracterizado es por el hermetismo, tampoco ayuda mucho.

El ya desaparecido juez Antonin Scalia elaboró, en colaboración con Bryan A. Garner, un breve libro de ayuda para los abogados, libro significativamente titulado: Making your case: the art of persuading judges. Uno de los primeros consejos que daban ambos autores era, precisamente, que el abogado que tenía un caso ante un órgano jurisdiccional tenía que: “conocer al juez”. Me temo que en nuestro país, salvo rarísimas excepciones, sería imposible. En el viejo continente se ha identificado independencia judicial con retraimiento social del juez, de igual forma que se equiparaba el rigor jurídico con la severidad en las formas. Craso error, que desgraciadamente aún hoy estamos pagando, aunque desde hace algún tiempo existen motivos para cierto optimismo, pues se comienzan a vislumbrar esperanzadores cambios.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Opinión

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