HÉROES Y COMPORTAMIENTOS HEROICOS

Attack

Corría el mes de abril del año 1788 cuando en la ciudad de Nueva York una muchedumbre enfurecida se dirigía a la cárcel para linchar a varios reclusos. Los encarcelados eran varios galenos que habían incurrido en un comportamiento que, aun siendo cotidiano a ojos del espectador del siglo XXI, a finales del “siglo de las luces” continuaba siendo considerado no sólo ilícito, sino impío: practicar la disección con cadáveres, que obtenían saqueando tumbas. Las autoridades, más por proteger a los doctores que por estar convencidos de que el comportamiento fuese realmente digno de prisión, optaron por recluir a los físicos en los calabozos de la ciudad. No obstante, la multitud, amparada por la impunidad que otorga al individuo el hecho de diluir su personalidad en la amorfa masa colectiva, considerando que las autoridades estaban siendo bastante complacientes optó por tomarse la justicia por su mano y acudir a la cárcel para “hacer justicia”. Es decir, “su” justicia.

Varias autoridades trataron de oponerse a la muchedumbre, y una de las personas encargadas de mantener el orden se dirigió a casa del entonces Secretario de Asuntos Exteriores de los Estados Unidos, John Jay, quien se encontraba aún convaleciente de una grave enfermedad. Cuando Jay fue informado de la situación, no dudó de lo que había de hacer, y tomando una espada acudió en auxilio de las autoridades para evitar el linchamiento. Cuando, junto con Alexander Hamilton, intentaba repeler a la multitud recibió una pedrada en la cabeza que hizo le hizo perder el conocimiento. Jay tuvo que ser auxiliado por otras personas y llevado a su casa con una gran brecha en la frente que incluso hizo temer por su vida. Afortunadamente, todo quedó en un susto y pudo reponerse. La esposa de Jay narraría en una epístola que dirigió a una de sus amigas los momentos de angustia que pasó cuando vio cómo varias personas introducían en casa el cuerpo ensangrentado de su marido. El que pasaría a la historia como el “doctor´s mob riot” fue sofocado cuando el gobernador de Nueva York, George Clinton, convocó a la milicia estatal para oponerse a los insurrectos. Un año después de este acontecimiento, Jay era nombrado Presidente del Tribunal Supremo de los Estados Unidos.

Jay era una persona que rechazaba todo tipo de violencia (debido fundamentalmente a sus profundas creencias religiosas), que por principio repelía a sus sentimientos, aun cuando considerase que en ocasiones existía la obligación de oponerse a los comportamientos injustos. Pero su actuación demuestra que no dudó en luchar por defender a quienes creía víctimas de una situación injusta. Nadie le obligaba a oponerse físicamente a una muchedumbre enfurecida, y mucho menos cuando aún se encontraba convaleciente de una enfermedad grave, pero su íntimo sentido de la Justicia con mayúsculas le hizo oponerse, arma en mano, a lo que ha sido considerado por algunos como la mayor bajeza moral en que puede caer un ser humano.

El trágico fallecimiento del español Ignacio Echeverría, que armado únicamente con su monopatín no dudó en defender a varias personas que estaban siendo atacadas por terroristas, me hizo evocar el comportamiento de Jay, enfermo y que, espada en mano, hizo frente a una multitud para evitar el derramamiento de sangre inocente. Lamentablemente, Echeverría no tuvo la suerte que en su día tuvo Jay, dado que no sobrevivió al ataque. Pero sin duda alguna lo que demuestra es una afirmación vertida por el protagonista de un capítulo de la serie Bonanza: los héroes están donde uno menos se lo espera y en muchas ocasiones los comportamientos heroicos provienen de quienes uno menos se lo espera. Nadie pensó en su día que Jay fuese capaz de gestos heroicos, ni por su carácter ni por sus convicciones (muy vinculadas al cristianismo protestante); pero ante una injusticia, cuando varias personas iban a ser injustamente linchadas, no dudó en olvidarse de su propio estado de salud y de su integridad corporal para enfrentarse valientemente a un grupo de enojados ciudadanos que iban a atentar contra las vidas de personas indefensas.

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