LA CURIOSÍSIMA PETICIÓN DEL NEW YORK TIMES PARA QUE NEIL GORSUCH SE ABSTENGA EN EL CASO TRUMP v. INT. REFUGEE ASSISTANCE

Gorsuch

El próximo día 10 de octubre de 2017 es el fijado por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos para la vista oral del caso Trump v. Int´l Refugee Assistance, que ha de abordar el fondo del asunto de la polémica Orden Ejecutiva presidencial restringiendo la entrada en territorio americano de los nacionales de determinados países. Dado el equilibrio interno que existe en la institución, donde por vez primera puede existir una mayoría conservadora de 5-4, el “eliminar” a uno de los jueces conservadores puede ser clave, porque si existe empate a voto entre ocho magistrados ello supone de forma automática confirmar la sentencia impugnada.

Por ello, el New York Times ha tomado la iniciativa, y ha planteado la posibilidad de que el recién llegado juez Neil Gorsuch, nombrado a propuesta del Presidente Trump, deba abstenerse por imperativos éticos. ¿El motivo? La conferencia que pronunciará en la cena para conmemorar el quincuagésimo aniversario de la Fund for American Studies una organización sin ánimo de lucro, y por la cual no percibirá remuneración alguna. ¿Cómo es posible que un discurso que pronuncie un juez como invitado de una asociación sin ánimo de lucro y por cuya intervención no percibirá ni un dólar, ha de implicar su abstención? Pues la respuesta no es otra que el lugar donde se celebrará: la Torre Trump. La petición es tan peregrina y carente de base que el mismísimo Washington Post, nada sospechoso de filias republicanas, ha negado que tal circunstancia suponga impedimento ético alguno. El propio artículo recuerda que la juez Ruth Bader Gisburn rehusó abstenerse en el caso Obergefell v. Hodges (que declaró inconstitucional las proscripciones de matrimonios homosexuales) pese a que fue requerida para ello por haber celebrado una boda entre una pareja de personas del mismo sexo. Los defensores de Gisburn argumentaron que el hecho de oficiar dicho enlace no suponía prejuzgar el fondo del asunto, por lo que, como indica el autor citado por el Post, lo mismo ocurre en el caso actual. Es más, la propia Gisburn hubo de pedir disculpas por referirse al presidente Trump como “faker”, lo que implicaría, de mantener el estricto criterio que el Times predica respecto a Gorsuch, que Gisburn debería recusarse en todo asunto que tenga relación con un Presidente al que ha vilipendiado en público.

Lo cierto es que los criterios de abstención de los jueces son mucho más laxos en Estados Unidos que en nuestro país. John Jay, aun cuando rehusó involucrar al Tribunal Supremo como tal en cuestiones meramente consultivas (las que en terminología anglosajona son denominadas advisory opinions) con la finalidad de preservar la independencia judicial y circunscribir su actividad a la mera resolución de asuntos, no tuvo inconveniente en asesorar extraoficialmente y a nivel particular al presidente Washington. Thomas Jefferson tenía igualmente como asesor a Stephen Roane, “su” candidato a presidir el Tribunal Supremo. Abraham Lincoln nombró como chief justice a una persona con tan escasas dotes jurídicas como Salmon P. Chase por un único motivo: tener una voto amigo en el Tribunal Supremo cuando llegaran a dicho órgano judicial casos referentes  relativos a la política económica que Chase había amparado como Secretario del Tesoro. Harry S. Truman llevó a cabo la expropiación de acerías durante la guerra de Corea al parecer debido a una conversación extraoficial mantenida con el entonces chief justice Fred M. Vinson. Y no es ningún secreto que Lyndon B. Johnson maniobró de forma escandalosa para crear una vacante en el Tribunal Supremo con la finalidad de promover a su asesor oficioso, Abe Fortas, al cargo de juez de dicha institución, desde la cual continuó asesorando al Presidente con carácter extraoficial.

Naturalmente que existen casos en que los jueces también se han abstenido cuando entendían que por mera cuestión de imagen debían apartarse de un asunto. William H. Rehnquist no sólo se abstuvo de participar en el caso United States v. Nixon por entender que como antiguo miembro de la Office of Legal Counsel, sino que incluso llevó su apartamiento al extremo de rehusar ubicarse entre el público como simple espectador, a lo que tenía perfecto derecho. John Paul Stevens rehusó participar en un asunto relativo a la naturaleza de las playas de naturaleza particular porque era propietario de un inmueble en la costa que tenía como anexo un sector de playa de carácter privado.

Lo cierto es que los criterios de abstención en el caso de jueces norteamericanos ha evolucionado de una laxitud en sus inicios a unos criterios ya mucho más elaborados en la actualidad. De igual forma, tampoco se defiende hoy en día que la mera profesión de una ideología prive a un magistrado de participar en un asunto. Por ejemplo, Anthony Kennedy, católico practicante, es curiosamente el juez al que se debe que hoy en día no sólo que Roe v. Wade mantenga su vigencia, sino que el matrimonio homosexual haya sido protegido con el paraguas de la Constitución en el asunto Obergefell. John G. Roberts manifestó en sus confirmation hearings que sus convicciones religiosas no serían óbice para que no le temblar el pulso a la hora de aplicar la doctrina Roe mientras ésta no fuese derogada.

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