LA REBELIÓN DE LA GENERALIDAD DE CATALUÑA VISTA POR ALEJANDRO NIETO.

Rebelión militar

La situación jurídica de Cataluña es clarísima. Nos hallamos ante un ordenamiento legal vigente cuyos órganos de ejecución han quebrado totalmente. Subsiste, pues el Estatuto. Lo que no existe es el presidente de la Generalidad, ni el Consejo Ejecutivo ni el Parlamento regional […] El Estado debe proceder a la gestión de la generalidad dentro del máximo respeto a las leyes en vigor, procurando que todo el pueblo catalán, sin excepción, colabore a esa obra necesaria.”

Aunque la cita anterior pudiera considerarse extraída de alguno de los incontables informes jurídicos que el actual Gobierno ha solicitado en los últimos meses, lo cierto es que no es así, sino que corresponde a unas declaraciones efectuadas en octubre de 1934 por José Oriol Anguera del Sojo, que entonces ostentaba el cargo de Ministro de Trabajo de la República española en un gabinete presidido por Alejandro Lerroux. Barcelonés de nacimiento, perfecto conocedor de la situación catalana, su entrada en el gobierno bajo las siglas de la CEDA fue el detonante (que no la causa) para la sublevación que se produjo en octubre de 1934. Y la cita la he extraído de una obra cuya atenta lectura merece abordarse, máxime en los tiempos actuales. Se trata de La rebelión militar de la Generalidad de Cataluña contra la República. El 6 de octubre de 1934 en Barcelona, de la que es autor el gran Alejandro Nieto y que fue publicada hace tres años en la editorial Marcial Pons.

En la obra se muestra Alejandro Nieto de cuerpo entero: con la precisión del científico disecciona minuciosamente los hechos, pero sin renunciar a efectuar tomas de posición y a efectuar valientemente afirmaciones por muy políticamente incorrectas que sean o pese a estar formuladas a contracorriente. Valga como ejemplo el tratamiento que hace de la figura de Luís Companys (páginas 77 a 85), respecto del cual incide en un hecho tan evidente y notorio que por esa misma circunstancia pasa desapercibido: “se da la circunstancia de que Companys ya no es sólo un hombre, sino que se ha convertido en un mito, en un icono catalán, y el objeto directo de la historia son los hombres y sus hechos, no los mitos creados por la literatura y la ideología. Con su fusilamiento en los fosos de Montjuic ese personaje salió literalmente de la Historia, ha quedado sacralizado en el altar catalanista y es ya intocable –so pena de sacrilegio- aunque no sin protesta de algunos autores que prefieren ser historiadores a hagiógrafos.” Pero también efectúa nuestro autor reflexiones en voz alta que trascienden de la época estudiada al ser plenamente aplicables al momento actual, como esta en concreto vertida a la hora de analizar el victimismo: “Con el victimismo puede cubrirse todo. Allí donde ha arraigado este espíritu, cuando un político es acusado de deslealtades, e incluso de delitos personales, le basta envolverse en una bandera y asegurar que está siendo víctima de un ataque dirigido contra su patria; y con este ardid ya nadie pensará en sus culpas, sino en la agresión del enemigo” (páginas 54-55).

Este voluminoso estudio sobre la rebelión de la Generalidad (muy a tener en cuenta que el autor circunscribe la rebelión a la “Generalidad”, no a “Cataluña”), la divide en tres partes. La primera, titulada “antes de la rebelión”, sitúa al lector en el complejo y conflictivo panorama existente en la España del año 1934, y desciende a ofrecer pinceladas de los personajes más relevantes de entonces, las formaciones políticas con representación en Cataluña y en las explicaciones ofrecidas tradicionalmente como justificativas del levantamiento. En este punto, Nieto despeja (si es que existían aún) las tesis de quienes veían en el levantamiento de la Generalidad una defensa de la República frente a la amenaza “fascista” de la C.E.D.A, que había accedido al gobierno precisamente en octubre de 1934 en un gobierno presidido por Alejandro Lerroux. Para destruir dicha tesis, se ampara en varios hechos. El primero, que los preparativos para el levantamiento eran anteriores a la propia entrada de la C.E.D.A. en el gabinete. El segundo, que en un gobierno integrado por quince ministros, dicha formación política (que era la más votada y a quien, en puridad, según la aritmética parlamentaria, correspondía la propia jefatura del gobierno) tan sólo había logrado tres carteras ministeriales, y no precisamente las más decisivas (como Gobernación o Defensa). En tercer lugar, por la propia personalidad, nada radical, de los tres ministros cedistas. En este último punto, aun cuando Nieto no lo utiliza, conviene no perder de vista el testimonio del socialista Juan Simeón Vidarte en su obra El bienio negro y la insurrección en Asturias, donde incluye el siguiente párrafo: “Indalecio Prieto, que había bajado de su apartamento para comentar con nosotros la noticia, le decía a Caballero que si se daba un lugar en el gabinete a Anguera del Sojo nuestra posición al declarar la huelga general estaba poco justificada, pues éste había sido fiscal general de la República y gobernador de Barcelona en 1931, durante los gobiernos de colaboración republicano-socialista y desde entonces se hizo amigo de Azaña y Casares. No podíamos alegar su falta de republicanismo….”

Tras exponer los antecedentes, nos ofrece una crónica de la rebelión (utilizando para ello el testimonio de los protagonistas y ciñéndose a fuentes principalmente catalanas) y los acontecimientos que siguieron a la misma, más en concreto los debates en torno a la suspensión del Estatuto de Autonomía y a la causa seguida en el Tribunal de Garantías Constitucionales frente a los principales autores de la intentona. Destacan, a lo largo de esas páginas, la lucidez con la que se enuncia la teoría que el autor denomina del “doble alzamiento”: el político (protagonizado por las instituciones políticas, más concretamente por el Presidente y el Consejo Ejecutivo) y el social (por las fuerzas obreras), coincidentes en el tiempo aunque con objetivos y fines distintos y, en ocasiones, opuestos. Pero, sobre todo, permite distinguir claramente entre el Nieto historiador (el que expone acontecimientos previos a la rebelión y nos ofrece una visión del propio alzamiento y su derrota) y el Nieto jurista, que aparece en el capítulo final para lucir con gran altura a la hora de sumergirnos en los debates jurídicos acerca de la naturaleza del Estatuto de autonomía de Cataluña (en el debate de las Cortes sobre las medidas a adoptar tras la derrota de la insurrección) como al enfrentarse a la causa abierta en el Tribunal de Garantías Constitucionales.

En el momento de abordar las consecuencias del levantamiento, Alejandro Nieto distingue entre la explicación y la justificación del mismo, tesis que expone didácticamente en este delicioso párrafo: “A diferencia de la justificación, la explicación se mueve en el ámbito causal, físico o psicológico, no en el ético, y consecuentemente no suele coincidir con la justificación […] El historiador constata que el autor de una conducta se justifica (es decir, se cubre política o éticamente) invocando una razón (una agresión previa, por ejemplo) que él estimará plausible o no. El analista busca por su cuenta el hecho que causó el fenómeno físico (el disparo al que siguió la muerte)  o provocó el acontecimiento (las arbitrariedades del príncipe, a las que siguió la rebelión de los súbditos). En este último ejemplo, la justificación ética y la explicación causal coinciden. Ahora bien, lo ordinario es que sean distintas. El nombramiento del Gobierno radicalcedista pudo justificar la rebelión armada en opinión de aquellos que lo consideraron agravio o amenaza suficiente; pero no vale como explicación dado que no fue causa de la rebelión, aunque sólo sea porque ésta se preparó ya antes del cambio de Gobierno. La crisis psicológica de un presidente bipolar pudo ser, quizás, la causa que provocó la rebelión armada y, por tanto, sirve como explicación, pero en modo alguno la justificaría” (página 254)

Se trata de una magnífica obra cuya lectura recomendamos desde el presente blog.

 

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de Monsieur de Villefort Publicado en Historia

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