ESTRATEGIA Y TÁCTICA DEL SEPARATISMO CATALÁN VISTOS POR ALEJANDRO NIETO.

Urna

El pasado día 18 de septiembre del presente año dedicábamos una entrada a glosar el libro La rebelión militar de la Generalidad de Cataluña contra la República, un lúcido estudio que hace un trienio publicó el sin par Alejandro Nieto y donde disertaba analíticamente sobre la intentona golpista del gobierno catalán que tuvo lugar el día 6 de octubre de 1934. Pues bien, el pasado día 3 de octubre de 2017 el mismo Alejandro Nieto dedicaba su intervención en el seno de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas a plasmar su particular visión del proceso independentista puesto en marcha hace un trienio por el gobierno de Arturo Mas y continuado por el de Carlos Puidgemont. Este breve (dieciséis páginas) pero jugoso opúsculo lleva por título Estrategia y táctica del separatismo catalán y en el mismo se nos ofrece unas impagables pinceladas del conflicto que amenaza seriamente con volar por los aires el sistema constitucional de 1978.

Ya en sus líneas iniciales el autor deja patente tanto la complejidad del sistema como los diversos aspectos o puntos de vista del análisis que puede efectuarse (constitucional, político, social, fiscal, psicológico –“el aspecto que más me atrae”, reconoce el autor-), y el enfoque por el que se ha optado en el trabajo, que se centra, como el propio título indica, en aspectos de estrategia y táctica, prescindiendo, eso sí, de interpretaciones que ofrecen los diversos medios que pueblan nuestro rico y variopinto panorama escrito y audiovisual, sino “tal como yo lo he visto con mis propios ojos y me han informado mis parientes, amigos y discípulos catalanes, que son muchos y de cuya sinceridad me fío.”  Por tanto, no nos encontramos ante un análisis objetivo, sino ante unas meras reflexiones ligadas a la percepción subjetiva de hechos que en ocasiones son vistos en primera persona y en otras a través de la visión de un tercero, lo que evidentemente y por mucha fiabilidad que merezca el interlocutor lastra en cierto modo el análisis, aunque no por ello deja de ofrecer interés, más que nada por la auctoritas del redactor, catedrático de Derecho administrativo y uno de los integrantes de la benemérita generación de la Revista de Administración Pública, autor de diversos trabajos sobre la corrupción y el desgobierno de lo público.

Llama la atención un hecho curiosísimo con el que nuestro autor inicia su análisis, y no es otro que en este caso el separatismo “se ha organizado desde el poder”. No es que otros movimientos de tal carácter no hayan tenido altos impulsos y ayudas de determinadas instituciones, pero sí que en esta ocasión son las propias instituciones autonómicas el núcleo desde el que se irradia la defección constitucional. Instituciones que, además, han decidido optado por una vía insurreccional muy concreta: “no se ha acudido a las armas sino al pueblo. Y más concretamente todavía: no a los representantes del pueblo designados por elección legal ni a su mayoría expresada en un procedimiento con garantías […] sino al pueblo directamente manifestado en la calle sin contar, por tanto, con el pueblo que no sale a la calle.” Sin duda alguna con ello se pretende legitimar el movimiento con la aureola mágica que le otorga el adjetivo “democrático”, pues se daría así una comunión inexcusable entre instituciones representativas y el pueblo representado. Ahora bien, conviene recordar en primer lugar, que como decía hace casi dos siglos José María Blanco White, la tiranía puede provenir igualmente de las Asambleas; y en segundo lugar que ese “pueblo” no está dotado de infalibilidad, pues ejemplos hay en la historia universal y española de tomas de posición que a la postre se demostraron erróneas, y que uno de los regímenes más sanguinarios y opresores, el estalinismo, se adjetivaba como “democracia popular”. Quizá por ello se penetre en el núcleo de ese elemento “popular” para descubrir que, al igual que en otras épocas históricas, por mucho que se agite a la masa en cierta dirección, en pocas ocasiones ese movimiento “popular” merece la calificación de espontáneo. En este sentido, tan “populares” son las manifestaciones pro y anti separatistas como los motines de Esquilache y Aranjuez. De ahí que en mitad de esta reflexión surja Alejandro Nieto de cuerpo entero con este párrafo que explicita su pensamiento tributario de un ultrarrealismo sazonado con tintes pesimistas: “Tal es la gran masa que vota y ocupa las calles cuando es requerida. Su número, obediencia y disciplina son admirables; pero políticamente no son decisivos en unos tiempos en que se congregan poco menos que a diario cientos de miles de personas para celebrar triunfos deportivos, extasiarse ante un divo musical o sencillamente rendir culto a la promiscuidad sexual. Aunque materialmente son los que obran y ejercen la presión. Lo importante no es la masa sino quienes la organizan o dirigen después de haberla formado.”

I.- La estrategia del separatismo se basa, según Nieto, en la “formación de una comunidad cultural consciente de su identidad nacional.” Es evidente que esto se ha logrado por un cúmulo de circunstancias, de las cuales destacan fundamentalmente tres:

1.- Una criminal dejación de funciones del estado, que abdicó sus competencias educativas en los territorios (a diferencia de lo que ha ocurrido en el país vecino), algo que han denunciado personas de ideología y procedencia tan dispar como Federico Jiménez Losantos (Lo que queda de España) o Santiago Muñoz Machado (El problema de la vertebración del estado en España), a lo que habría que añadir la inestimable intervención (no podía faltar este roto para el descosido) del máximo intérprete del texto constitucional, con su Sentencia 337/1994 de 23 de diciembre. Una vez puesta en marcha la educación desde los niveles inferiores, es cuestión de tiempo. Y, como apunta Nieto, a quienes resistan la asimilación de ese sentimiento impuesto, se les puede orientar a través de tres instrumentos: persuasión, coerción (“técnicas manifiestas y ocultas hasta apoderarse de sus facultades de cognición y decisión hasta tal punto que quieren, piensan y actúan como sus manipuladores les indican”), coacción e imposición. En este sentido, y según Nieto, “La estrategia del separatismo catalán ha sido en este punto extraordinariamente ambiciosa puesto que ha utilizado los cuatro mecanismos. Primero ha intentado –en verdad sin demasiado entusiasmo- persuadir racionalmente. Pero, constatada la ineficacia de este método, no ha vacilado en utilizar técnicas de coerción e incluso de coacción.”

2.- La ocupación absoluta del poder autonómico en toda su extensión. En este sentido, los partidos nacionalistas (antigua Convergencia y Unión) y separatistas (Izquierda Republicana de Cataluña) han gobernado prácticamente desde la transición. El primero, se mantuvo en el poder solo o en compañía de alguno de los partidos nacionales (a diestra y siniestra) durante un cuarto de siglo, en el cual la política catalana estuvo monopolizada por la figura de Jorge Pujol, el que fuera auténtica encarnación de Cataluña y hoy convertido en un auténtico “ídolo de barro” debido al enriquecimiento familiar a costa del erario público, demostrando además una escasa querencia por el catalanismo al desviar las sumas a entidades financieras andorranas o suizas. Ulteriormente, tras el declive del nacionalismo, se optó por la experiencia de un “tripartito” en el que el elemento ya abiertamente independentista, numéricamente inferior, era sin embargo quien imponía la agenda política, dando lugar a manifestaciones tan hilarantes como la de un Presidente de la Generalidad, cordobés de nacimiento, que manifestó públicamente que estaba aprendiendo catalán “para enterarse de lo que se decía en el Consejo de Gobierno” (sic); inevitable recordar el personaje encarnado por Alfonso del Real en el musical Cinco minutos nada más, el “presidente de la liga contra la mentira” que, con un acento catalán, espetaba a quien le preguntaba por su origen: “aunque no lo crea, soy de Córdoba.”

3.- La inacción del estado, que en este aspecto ha optado por renunciar a plantear la batalla mediática, dejando el campo libre al separatismo: “puede calcularse que a cada cien actos públicos de propaganda independentista se corresponden tres de signo contrario.” Si tradicionalmente las instituciones estatales se mostraron sumamente comprensivas, tolerantes e incluso dóciles con los excesos, en el último quinquenio el sustantivo que mejor ilustra la situación es el de “abandono”, en proporción directa con el carácter del actual jefe del ejecutivo, que si a alguien recuerda es a Peter Ramsey (el personaje encarnado por Tony Randall en la divertidísima Lover come back –aquí titulada Pijama para dos-) cuya indecisión congénita era tal que en la única ocasión que tomó la iniciativa (con desastrosas consecuencias) lo primero que hizo fue llamar a su psiquiatra para decirle textualmente: “Doctor, ¡he tomado una decisión!” El caso es que esta dejación es descrita por Nieto en los siguientes términos: “Por sorprendente que resulta es el caso que el Poder estatal contempló impávido los excesos de la política autonómica haciendo caso omiso de las denuncias presentadas al respecto; y cuando los tribunales se decidían a intervenir para corregir las ilegalidades, las Autoridades regionales se negaban en redondo y sin tapujos a cumplirlas. Lo legal y lo ilegal, lo constitucional y lo inconstitucional entraban en el mismo saco y, en suma, lo anómalo se convirtió en habitual. En este punto, el territorio de Cataluña se puso fuera de la ley con absoluta impunidad. Y como al amparo de ésta nada se ocultaba y hasta se exhibía, basta leer la prensa para comprobarlo.”

II.- En cuanto a la táctica, el trabajo glosado contempla un conjunto de maniobras que sutilmente combinadas han permitido lograr un grado tal como para permitir cuando menos unas nada desdeñables posibilidades de éxito. Ya nos hemos referido a una de las operaciones a largo plazo, la de la educación. Un segundo es el de los medios, tanto los dependientes de las instituciones (radios y televisiones públicas autonómicas) como los privados que han abrazado abiertamente el separatismo. Y, como no podía ser menos, entra en juego el “victimismo”, es decir, el presentarse como una víctima de agresiones externas, ya sean éstas reales o imaginarias. Y la cúspide del movimiento táctico llega con la que se denomina “provocación”, que en Nieto describe magistralmente en un párrafo que, pese a su extensión, reproducimos textualmente:

La provocación es quizás el arma más eficaz de la táctica separatista porque quien la maneja hábilmente gana siempre, le salga bien o mal. Si le sale bien y el adversario no responde ha dado un paso adelante; y si se le responde adecuadamente, gana como víctima, que es aún más importante. Con las víctimas se asegura una escalada en espiral, que es el camino de la victoria. Esto lo sabe el Gobierno central y por eso ha aguardado estoicamente las constantes provocaciones que ha padecido. Hasta que llegaron las intervenciones policiales del 15 de septiembre (de 2017), cuyas consecuencias –según proclama oficiosa- fue un empujón más al independentismo, puesto que a la calle acudieron en protesta muchos que hasta entonces no se habían pronunciado. El presidente Puigdemunt es un maestro de la provocación: está haciendo constantemente gestos aparentemente suicidas con la deliberada intención de ser detenido; lo que según sus asesores provocaría el incendio final de la lucha. Y, además, trabaja sobre seguro porque seguro es que tarde o temprano vendrá un indulto como lo sabía Companys y sus socios en la rebelión de 1934. 

No es muy optimista don Alejandro Nieto en cuanto a la solución del conflicto. Situado ante una posible “negociación”, plantea que, en efecto, “Negociar está muy bien, desde luego; pero antes habría que ponerse de acuerdo sobre qué es lo que va a negociarse, entre quiénes y cómo.” Orillando una circunstancia no apuntada por nuestro autor (cómo es posible que un cargo público que ha desobedecido reiteradamente resoluciones judiciales puede estar legitimado como parte negociadora) se pone lúcidamente sobre la mesa una circunstancia que, hasta el momento, no he visto exponer a ninguno de los miles de contertulios que pululan por los variopinto panorama mediático español: “¿porqué los protagonistas habían de ser los partidos políticos cuando lo que está en juego son territorios y patrias? El Partido Popular no es quién para hablar en nombre de los intereses de Galicia ni el PSOE en el de los de Andalucía ni ERC por los de las provincias catalanas. ¿Es que se puede dejar a un lado a los viejos reinos cuando se está ventilando el destino del Principado de Cataluña? Mientras no se precise todo esto, mal puede empezar la negociación, salvo que se considere que el asunto únicamente afecta a Barcelona y a Madrid.” Y a tan lúcido y necesario interrogante se acompaña el pesimismo clásico del autor, avalado en este caso por nuestra experiencia histórica: “¿Puede alguien citarme un pacto español negociado de buena fe y que no haya consistido en un reparto de botín presente o futuro?”

Cuando el lector ha finalizado la atenta lectura de esas dieciséis apretadas páginas siente que don Alejandro Nieto le ha inoculado el virus del pesimismo realista (o el realismo pesimista). Lo cierto es que frente al activismo estratégico y táctico del separatismo catalán el gobierno de España no ha demostrado tener previsión alguna, más allá de las simples manifestaciones (que no desbordan el ámbito puramente dialéctico) que muy de cuando en cuando ofrecen el Presidente del Gobierno y sus acólitos, que lo único que provocarían es hilaridad si la situación no fuese trágica.

Y lo cierto es que cualquier aficionado al séptimo arte que haya visto, siquiera una vez, la célebre adaptación cinematográfica de la novela Ben-Hur que en 1959 dirigiera William Wyler, comprobaría que en los minutos iniciales de este largometraje el tribuno Messala (Stephen Boyd) plantea agudamente tanto el problema como la solución al nacionalismo judío que alimenta la resistencia a la dominación romana: “Me has preguntado cómo se combate una idea. Te lo diré. Utilizando otra idea.” Pero claro, para ello hay que tener esa idea, y parece que el ejecutivo nacional ha sido invadido por la nada.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Opinión

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