UN BREVE E INTERESANTE ESTUDIO SOBRE LA RESURRECCIÓN.

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Estas navidades mi biblioteca se ha visto incrementada con un buen lote de libros. Unos no sólo beneméritos, sino absolutamente descatalogados, como los once tomos de las Obras completas de Jacinto Benavente (publicados en los años cincuenta del siglo XX por la editorial Aguilar), o dos tomos encuadernados del Club del Misterio, recopilación de novelas de dicho tipo que en los años ochenta sacó al mercado la extinta editorial Bruguera. Pero junto a ellos cayó en mis manos una novedad editorial recién salida de la imprenta: el notable estudio debido a Javier Alonso López que lleva por título La resurrección: de hombre a Dios, editado por Arzalia, precisamente el que deseo comentar en esta entrada. Se trata de una obra muy accesible, tanto en cuanto a tamaño (no llega a las doscientas páginas) como por el cuidadoso estilo, que huye de la simple y pura erudición para intentar llegar al lector no especializado en una materia tan árida y compleja como es el mundo del cristianismo primitivo.

Conviene deshacer ya de mano un posible equívoco: no se trata de un libro teológico ni religioso, sino pura y exclusivamente histórico, pues pretende analizar con las fuentes bibliográficas disponibles el tratamiento de un asunto clave para el nacimiento de la religión cristiana, pero abordándolas desde una óptica de historiador, no de teólogo. He de confesar que, al principio, pensé que no se trataría más que una adaptación al español del estudio que hace ya un trienio publicó Bart D. Erhman con el título How Jesus became God: The exaltation of a jewish preacher from Galilee, que aun cuando no ha sido traducido al español, gracias a las maravillas del siglo XXI cualquier interesado (como fue y es mi caso) puede uno hacerse con el mismo sin salir de casa, simplemente con una Tablet y una aplicación para la lectura de libros electrónicos. No obstante, aunque obviamente existen coincidencias tangenciales en cuanto a la temática, el estudio de Erhman es mucho más amplio, pues aborda el proceso sistemático de transformación de la figura de Jesús de Nazaret de simple profeta judío apocalíptico en una figura divina, lo que hace a través de un recorrido histórico por los principales hitos que jalonaron tal devenir. Frente a ello, Alonso López se centra única y exclusivamente en el aspecto de la resurrección.

El libro comienza con un recorrido por las diversas ideas que en la resurrección existían en el mundo del siglo I, tanto entre la comunidad judía como en la religión pagana, de la que se ofrecen numerosos ejemplos de ilustres personajes que, si bien no se puede decir estrictamente que resucitaran (puesto que para ello previamente deberían haber fallecido) sí que hicieron un viaje de ida y vuelta al Hades, lugar donde moraban las ánimas de los fallecidos; y así, desde Perséfone hasta Odiseo, Heracles y Orfeo. Una vez expuesto el marco histórico relativo a las creencias de la resurrección, el autor expone el hecho concreto objeto de estudio de una manera muy concreta: analizando las narraciones sobre el particular desde el punto de vista cronológico, y no desde el orden tradicional del Nuevo Testamento, donde la ubicación de los textos se hace en base a criterios de extensión y no de elaboración. Este punto de vista es revelador, por cuanto permite otear la evolución del tratamiento, que pasa de una consideración inicial que limita la resurrección al alma y no al cuerpo (textos paulinos) a una resolución corporal (los evangelios). Pero facilita al lector verificar las contradicciones existentes entre los distintos relatos evangélicos sobre el particular, y que contra lo que suele ser creencia habitual, predomina más la confusión que la claridad. Preguntas como dónde fue enterrado Jesús (en una fosa común o en una tumba particular), quién era en realidad José de Arimatea (si un simple funcionario judío encargado de dar sepultura a todos los ajusticiados o un seguidor de las doctrinas del nazareno), quiénes asistieron al entierro, quiénes fueron los primeros en tener noticia de la resurrección; interrogantes que el Alonso López va respondiendo puntualmente. Y, lo que es más, el autor es valiente y tras exponer una lectura crítica de los relatos neotestamentarios se aventura a dar su hipótesis sobre el particular.

No quisiera finalizar sin ofrecer al lector un curioso episodio, que es precisamente con el que se abre el primer capítulo del libro How Jesus became God. Erhman, profesor de cristianismo primitivo, indica que siempre plantea a sus alumnos que traten de adivinar, a través de una serie de pistas, la identidad de un personaje histórico que vivió en el primer siglo en un remoto lugar del Imperio Romano y cuya vida fue descrita por sus seguidores como milagrosa:

Antes de nacer, su madre tuvo una visita de un ser celestial que le anunció su hijo no sería un simple mortal, sino una divinidad. Su nacimiento vino acompañado por inusuales signos divinos en los cielos. De adulto, abandonó su hogar para dedicarse a una predicación itinerante. Fue por villas y ciudades predicando a todo el que quisiera escuchar que no debían preocuparse por los bienes materiales, sino por la vida espiritual y eterna. Logró rodearse de un número de seguidores que no lo consideraban un simple mortal, sino el Hijo de Dios. Obró milagros para confirmarles en sus creencias: podía curar a los enfermos, expulsar demonios y resucitar a los muertos. Al final de su vida se opuso a las autoridades romanas y fue juzgado. Pero no pudieron matar su alma. Ascendió a los cielos y allí continúa hasta hoy. Para acreditar que había resucitado tras su existencia terrenal, se apareció al menos a uno de sus dubitativos seguidores, quien se convenció así de que permanecía entre nosotros. Posteriormente, algunos de sus seguidores escribieron libros sobre él que aún podemos leer hoy en día.”

La tarea parece simple, pues las pistas encajan como un guante a Jesús de Nazaret. Sin embargo, Erhman tendió una sutil trampa a sus alumnos, porque en realidad se estaba refiriendo a Apolonio de Tiana, un pagano sobre el cual existe un libro escrito por su seguidor Filóstrato.

Y es que la historia antigua (reitero, historia), nos ofrece a veces curiosos ejemplos de “vidas paralelas”, aunque no sean las narradas por el gran historiador latino Plutarco.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Historia

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