FENÓMENOS NATURALES Y ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA: EL INFORME DE 2017 SOBRE LA JUDICATURA FEDERAL.

Bronx-courtroom-824x549

Si es inevitable vincular el 1 de enero al Concierto de Año Nuevo que se celebra invariablemente en el Musikverein de Viena, para el jurista norteamericano o que sienta especial querencia por el ordenamiento jurídico estadounidense, el 31 de diciembre está ligado al End Year Report que elabora el chief justice, y en el que resume las estadísticas del año judicial en lo que a la judicatura federal se refiere. Pero, y esto es lo interesante, lo hace tras efectuar unas reflexiones sobre algún asunto de actualidad, y condensando tanto el desarrollo del tema como las cifras en apenas veinte páginas. Si a ello añadimos que suele hacerse en un estilo claro, elegante, depurado y ayuno de tecnicismos, nos encontramos con un texto accesible a cualquier persona, lo que le aleja sobremanera de los oscuros, farragosos, plúmbeos y en numerosas ocasiones ilegibles resúmenes estadísticos con que nos obsequia el Consejo General del Poder Judicial del Reino de España.

Este año, el 2017 End Year Report, hecho público a las seis de la tarde de ayer 31 de diciembre, el chief justice John Roberts ha querido vincular en su mensaje un recuerdo a las víctimas de las catástrofes naturales que han asolado el suelo estadounidense, con la actuación del tercero de los poderes federales. Así, tras evocar el huracán que asoló las Antillas y el sureste norteamericano en octubre de 1780 (en pleno conflicto bélico frente a Gran Bretaña, aún no definitivamente solventado ni decidido), da un salto histórico para situarnos en plena actualidad, y lo hace de forma magistral, precisa y sobria, recordando que pese a los avances tecnológicos, el ser humano sigue a merced de los fenómenos naturales, dando, además, un toque de atención sobre el vertiginoso y preocupante ritmo al que se mueven actualmente los canales de información:

Casi dos siglos y medio después, permanecemos vulnerables a las catástrofes naturales. Las comunicaciones modernas han aumentado nuestra capacidad para anticipar desastres inminentes, tomar precauciones y responder a aquéllos que tengan necesidad. Pero el actual ciclo de noticias puede igualmente desviar la atención de las continuas consecuencias de las calamidades. El torrente de información que tenemos al alcance de un dedo puede discurrir tan rápido como la tormenta misma, provocando que olvidemos las consecuencias reales de aquellos abandonados a la ola del infortunio.”

La ayuda a los damnificados y el remedio a los daños materiales ocasionados por los desastres naturales es competencia, lógicamente, tanto del ejecutivo como del legislativo. Pero ello no quiere decir que el Poder Judicial sea ajeno a los mismos, y así lo recuerda el chief justice:

La judicatura federal tiene la permanente responsabilidad de estar preparada para las catástrofes y asegurar que el tercero de los poderes permanece abierto y en funcionamiento durante el tiempo de emergencia nacional. La preparación de los Tribunales no ocupa los titulares, ni antes ni ahora. Pero es importante asegurar al público que los tribunales desarrollan su trabajo en anticiparse y estar preparados para ofrecer una respuesta de emergencia a las personas en necesidad.”

A continuación, tras exponer esa idea básica o inicial, desarrolla brevemente la misma, con ejemplos concretos de las medidas que se toman para prever una posible situación de emergencia y poder, en consecuencia, anticiparse a la misma y ofrecer una adecuada respuesta. Tras citar la previsión legal según la cual “Todos los juzgados y Tribunales de los Estados Unidos permanecerán siempre abiertos a los efectos de cubrir los impresos adecuados, emitir y devolver escritos, y efectuar mociones y resoluciones”, el máximo responsable de la judicatura federal glosa dicho precepto normativo afirmando que: “Es fácil cumplir dicha previsión en tiempos normales. Pero cuando azota el desastre, el mismo únicamente puede llevarse a cabo con los incansables esfuerzos de jueces, empleados del tribunal, personal de la Oficina Administrativa y los muchos amigos del Tribunal.” Y para todas esas personas, tiene un recuerdo el mensaje anual: “Se muy bien que muchos miembros del público, incluidos familiares de miembros de nuestro tribunal, continúan afrontando tiempos difíciles. Debemos continuar manteniéndolos en nuestro pensamiento y en nuestras oraciones.”

Tras diez sentidas páginas dedicadas a la rabiosa actualidad, donde se entremezclan sentimientos de recuerdo y aliento a las víctimas de catástrofes naturales con reflexiones sobre la actuación de los órganos jurisdiccionales en esos momentos, se pasa del calor a la frialdad de los datos estadísticos judiciales. Pero sin duda alguna el lector español se sorprenderá al ver que se resumen las cifras del Tribunal Supremo en apenas media página. Y así, sabemos que en el año judicial 2016 (que se inició el 1 de octubre de 2016 y finalizó el 30 de septiembre de 2017), el número de casos que entraron en el Tribunal Supremo descendió en un 2,63%, en concreto de 6.475 a 6.305; también se reduce el número de casos resueltos, que bajan de 70 a 62.

Las reflexiones sobre el funcionamiento de los órganos jurisdiccionales en épocas de desastres naturales o en condiciones climatológicas adversas, me evoca un episodio que sufrí en mis propias carnes hace justo ocho años, cuando hube de desplazarme para una vista señalada en diciembre de 2009 en el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo de Soria. Pues bien, quien suscribe hubo de efectuar el desplazamiento el día antes de la vista, y lo hizo desde el Principado de Asturias con nieve en casi todo el trayecto, aunque una vez superado Burgos el paisaje abandonó el blanco de la nieve por su color natural. No obstante, la mañana del día siguiente la ciudad de Soria aparecía cubierta por una gruesa capa de nieve. Dado que la vista no se había suspendido, quien esto suscribe acudió a la sede judicial, donde en efecto, tanto Juez como Letrado de la Administración de Justicia (ambos excelentes profesionales y con un correctísimo y afectuoso trato, dicho sea de paso) estaban al pie del cañón. Pero he aquí que dado que el puesto de Abogado del Estado en Soria se encontraba vacante, y transitoriamente ocupaba su puesto el residente en Logroño, he aquí que éste excusó su asistencia argumentando que el estado de las carreteras le impedía acudir……cuando todos los abogados de los demandantes en los distintos casos señalados para ese día habían acudido, y curiosamente, todos desde diversas partes del territorio nacional. Ignoro lo que hicieron los demás, pero cuando menos quien suscribe hizo constar expresamente, y así se reflejó en la oportuna diligencia, que se había desplazado desde una distancia de más de cuatrocientos kilómetros bajo condiciones climatológicas adversas (y lo mismo otros compañeros que venían desde la capital de la nación), y que la excusa esgrimida por el Abogado del Estado residente en Logroño le parecía una tremenda boutade. Porque estaba, además, convencido de que si fuera a la inversa (es decir, que si quien hubiese acudido fuese el miembro de los Servicios Jurídicos del Estado y el que esgrimiese las condiciones climatológicas fuere el letrado demandante), el empleado público encargado de la defensa de la Administración del Estado no hubiese sido, ni mucho menos, tan comprensivo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s