DONALD TRUMP, FRANCISCO UMBRAL Y LA “PUTREFACTA” TELEVISIÓN ESPAÑOLA.

trump

Hace ya un cuarto de siglo, en el año 1993, el escritor Francisco Pérez Martínez, conocido en el mundo literario como Francisco Umbral, fue protagonista de un ya célebre episodio cuando, en el programa Queremos saber, presentado por la incombustible Mercedes Milá, mostró su enojo porque si había acudido al programa era para “hablar de su libro.” Aun cuando es posible que en tan inesperada salida de tono influyera el quizá excesivo culto al dios Dionisio, en determinado momento el inefable Paco Umbral lanzó esta afirmación: “Esto es un engaño como toda la televisión, que es putrefacta, como dicen todos los días los columnistas de televisión.” Es altamente significativo que ninguno de los intervinientes, ni tan siquiera la presentadora, rebatiesen dicho aserto; y de todos es sabido que quien calla otorga.

La frase pronunciada en su día por Francisco Umbral vino a mi memoria hace apenas unos días al comprobar el tratamiento que los noticiarios españoles hacen de los acontecimientos que tienen lugar en los Estados Unidos. Pero si alguien lleva la palma es, sin duda, José Ángel Abad, corresponsal de Antena 3 Televisión en dicho país, porque lo cierto es que, al escucharle, uno oscila entre la hilaridad y la arcada, dado que el meritado individuo parece haberse marcado como objetivo convertirse en el portavoz oficioso de la derrotada candidata demócrata a la presidencia.

Ahí van, a título ilustrativo, algunos botones de muestra.

Primero.- Hace apenas un par de semanas, los noticiarios se hicieron eco a bombo y platillo de la inminente aparición del libro Fire and fury: inside the Trump White House, escrito por Michael Wolff y que, en principio, se basa en información suministrada por Steve Bannon, antiguo asesor de Donald Trump. Incluso antes de que saliera a la venta, ya los medios españoles se hicieron eco de su inminente aparición en el mercado editorial y de su jugoso contenido, donde el nuevo inquilino de la Casa Blanca no era favorablemente retratado (entre otras cosas, se cuestionaba su salud mental), y donde se acusa al hijo del mandatario de reunirse con determinadas personalidades rusas, comportamiento que se llega a equiparar a la traición. El inefable José Ángel Abad, a la hora de comentar el evento, no pudo resistirse a aportar su peculiar granito de arena contra Trump, realizando una afirmación antológica: “El hecho de que se cuestione su estado mental ya es sin duda algo preocupante.” Obviamente, dicho corresponsal no consideró oportuno poner en conocimiento de los espectadores que el día 7 de enero de 2018 el New York Times publicaba una noticia titulada Bannon tries backing away from explosive comments, donde la teórica fuente de la que bebe el autor del libro trató de marcar distancias con éste, y donde se refierió explícitamente a Donald Trump jr  como “both a patriot and a good man” (tan buen patriota como buen hombre).

Con todo, hay un hecho que demuestra la “imparcialidad” del corresponsal español. A mediados del pasado año 2016, en plena campaña electoral, apareció un libro titulado Crisis of character, escrito por Gary J. Byrne, un antiguo miembro del Servicio Secreto de los Estados Unidos, donde narraba sus años de servicio en la Casa Blanca en la época del presidente Clinton. En dicha obra, se cuestiona abiertamente la salud mental de Hillary Clinton, a quien se presenta como una persona bipolar. En las propias líneas iniciales describe su visión de la entonces primera dama con la siguiente frase: “It was like watching Humphrey Bogart in The Caine Mutiny obsessing about a quart of missing strawberries-and losing sight of the world war raging about him.” (era como ver a Humphrey Bogart en el Motín del Caine, obsesionado con unas cuantas fresas perdidas, perdiendo la visión del mundo en guerra que le rodeaba). Cierto es que salieron voces que, al igual que en el reciente libro de Wolff, cuestionaron las afirmaciones de Byrne, pero lo relevante es que el corresponsal español no consideró oportuno informar a los españoles de la existencia de dicha obra ni a considerar “preocupante” que se dudase de la sanidad mental de la señora Clinton. Claro que, de haberlo hecho, es muy posible que con su rigor habitual hubiese indicado que la misma estaría sufragada con fondos rusos, en una campaña orquestada para desprestigiar la imagen de Hillary, de quien, por cierto, el senador demócrata Bernie Sanders (que le disputaba la candidatura por dicha formación) dijo expresamente que: “no está cualificada para la presidencia.”; pero claro, con toda probabilidad para nuestro corresponsal el senador Sanders seguramente también forma parte de la campaña rusa para desprestigiar a Hillary.

Segundo.- Comparecencia del Presidente de los Estados Unidos en la Casa Blanca. Una voz se alza entre los miembros del público, la de un hispano que protesta contra la política de deportaciones que sigue el ejecutivo norteamericano. El inquilino de la Casa Blanca corta abruptamente al individuo recordándole: “You are in my house. It´s not respecful when you are invited by somebody…” (estás en mi casa; no es educado cuando alguien te invita…). Sin duda alguna una escena muy propia del actual presidente. El problema es que el protagonista de dicha escena no fue Donald Trump, sino por Barack Obama. ¿Cuál creen que fue la reacción del público asistente y de los representantes de los medios? Aciertan de pleno: aplausos al mandatario. En honor al señor Abad diremos que sí ofreció las imágenes en cuestión (mutilando el minuto y medio de grabación y reduciéndolo a unos pocos segundos), pero, como no podía ser menos, sus comentarios en esta ocasión se centraron en la habilidad de Obama y en la falta de respeto de quien le interpelaba.

Por cierto, que hablando de política migratoria. En mayo de 2017 se publicaba en la Harvard Law Review un trabajo sobre el tema, titulado Immigration and the bully pulpit. Cuando la autora asiste a una reunión en California para hablar sobre la política migratoria de Trump, se encuentra con que un joven activista le espeta lo siguiente: “We are glad you are here, but we felt so alone during the Obama years” (nos encanta que esté aquí, pero nos encontramos tan solos en los años de Obama). Sobra todo comentario.

Tercero.- Sobre la ausencia de acuerdo presupuestario. No es la primera vez que la Administración estadounidense se ve abocada al cierre por la inexistencia de un acuerdo presupuestario. En octubre de 2013, cuando Barack Obama apenas llevaba nueve meses de su segundo mandato, hubo de enfrentarse al cierre de la Administración federal (algo que en terminología jurídico-política estadounidense se denomina shutdown of government), algo que sirvió para que desde esta bitácora dedicáramos un post específico al análisis jurídico de dicho particular. La situación se repite ahora. ¿Cuál es la diferencia entre ambas? ¿Adivinan? ¿A quien se culpaba en el año 2013 del desacuerdo presupuestario? En efecto, al Congreso. ¿A quien se culpa en 2018? Aciertan nuevamente, a la Casa Blanca. Por cierto, ayer tuve la curiosidad de escuchar el programa Washington today, de la cadena C-SPAN, cuya credibilidad está a años luz de los medios españoles, y lo cierto es que la versión que pude escuchar (en un perfecto inglés) difería bastante de la que nos transmiten los medios españoles, pues incluso el líder de los demócratas en el Senado reconoció que tuvo una reunión con el presidente en la Casa Blanca y explícitamente se refirió a la voluntad de negociación del jefe del ejecutivo. Aun sin decirlo expresamente, apuntó a otra dirección en cuanto a la falta de acuerdo.

Cuarto.- Cuestión del machismo. El corresponsal español facilitó las imágenes de una manifestación que protestaba contra los modos del mandatario en lo que se refiere al trato que profesa a las integrantes del género femenino. Bien, en este punto es incuestionable que sus formas no son lo que se dice las más adecuadas. Pero lo cierto es que no he visto ni una sola manifestación, ni una sola crítica al programa de Howard Stern (y desafío a cualquiera a que me diga si el modo de tratar a las mujeres en el mismo no es, cuanto menos, tan denigratorio como el que se imputa a Trump, si no abiertamente peor). Tampoco estaría de más recordar que Bill Clinton tuvo varias denuncias por acoso sexual, y que su mujer, en lugar de permanecer callada (algo que todo el mundo entendería porque no puede pedirse a una mujer que condene públicamente a su marido) lo que hizo fue precisamente atribuirlo todo a una campaña mediática que tenía como único objetivo de acabar políticamente con su esposo. Es decir, se alineó con el acosador, y no con las víctimas.

Quinto.- Por último, un hecho anecdótico pero que sirve para retratar nuevamente a nuestro corresponsal y su nunca suficientemente ponderado sentido de la imparcialidad. Es costumbre habitual que el mandatario estadounidense se someta anualmente a un chequeo médico para verificar su estado de salud. En este caso, parece que la Trump no tiene en ese aspecto problema alguno. Pero el señor José Ángel Abad no quiso desaprovechar la ocasión para hacer méritos como portavoz de los opositores al Presidente, y deslizó el siguiente comentario, absolutamente antológico: “El médico que lo reconoció, militar y por tanto a sus órdenes” (sic); insinuaba hábilmente, con ello, una posible manipulación (sin pruebas, por supuesto). Silenció este personaje, no podía ser menos, que el único caso donde se ha constatado que hubo no manipulación, sino compra abierta de un médico para falsificar un informe sobre el estado de salud fue el caso de John F. Kennedy, quien hubo de procurarse un falsísimo certificado médico de salud para acreditar que gozaba de perfecta salud, cuando lo cierto es que (y en la actualidad ha costado, pero se admite) de haberse hecho públicos sus problemas de salud jamás hubiera sido elevado a la presidencia.

Una cosa no se puede negar: el nuevo presidente de los Estados Unidos está cumpliendo a rajatabla o, cuando menos, intentando en la medida de lo posible cumplir con el programa electoral en base al cual fue elegido. Podrá gustar más o menos, pero ello es así. Es claro que en un país como el nuestro, donde se ha insertado en nuestro ADN político el incumplimiento masivo y constante de las promesas electorales, ello puede parecer chocante y, por tanto, ser objeto de crítica. Pero lo lógico y normal es que quien sale elegido en base a un programa electoral trate de cumplir lo máximo posible.

Es cierto, y sería ocioso negarlo, que Donald Trump no es una persona que despierte simpatías. Sus dotes como diplomático son las mismas que tenía el barón Sergei Ivanoff, el diplomático ruso encarnado por el actor Kurt Kasznar en la película 55 días en Pekín. No es una persona de trato fácil y le falta sutileza en sus formas. Tiene un ego y una megalomanía infinitas. Pero una cosa es reconocer eso y otra muy distinta el efectuar un tratamiento de la información tan sesgado y parcial como el que realizan los medios españoles en general y el corresponsal citado en particular. No es preciso retorcer y manipular los hechos hasta extremos hilarantes ni ocultar información relevante, pues lo único que ello demuestra es la falta de credibilidad de quien lo efectúa.

Por ello, una vez más, el consejo profesional de quien suscribe es que el lector interesado en conocer con cierto grado de fiabilidad los acontecimientos que suceden en los Estados Unidos de América, se abstenga, bajo prescripción médica, de consultar medios españoles. Es perjudicial para la salud.

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de Monsieur de Villefort Publicado en Opinión

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