ALEJANDRO NIETO Y SUS “TESTIMONIOS DE UN JURISTA”: DESGARRADORA Y CREPUSCULAR VISIÓN DEL DERECHO PÚBLICO ESPAÑOL.

Testimonios de un jurista

Acabo de cerrar la última página de un delicioso y jugosísimo libro, Testimonios de un jurista (1930-2017) una especie de memoria-compendio debida a la sin par pluma de Alejandro Nieto. Se trata de una memoria porque a lo largo de sus páginas desgrana sus recuerdos y experiencias ligados al Derecho público desde su entrada como alumno en la Universidad de Valladolid hasta prácticamente el año pasado, constituyendo así una especie de mirada retrospectiva sobre los aspectos más destacados de la evolución institucional a lo largo de las últimas seis décadas. Pero también se trata de un compendio, porque a modo de síntesis se condensa todo el pensamiento del autor durante su más de medio siglo de vinculación al mundo del Derecho; síntesis, además, que estructura en compartimentos en forma de capítulos, cada uno de los cuales nos muestra la evolución de un sector del Derecho público: la Universidad, el Estado, la Administración, el Poder Judicial, el Derecho Administrativo. Todo ello con el peculiar estilo del autor, cuyo realismo le impide mantenerse en silencio como el público de la célebre fábula cuando ve a su monarca desprovisto de todo atuendo que cubra sus vergüenzas.

Varias son las notas características de este libro:

Primero.- Realismo. Si por algo se caracteriza Alejandro Nieto en todas sus obras es por su defensa a ultranza de un tratamiento eminentemente realista de los temas analizados. Las evasiones metafísicas hacia un mundo idealizado (ya sea la República de Platón o la Utopía de Tomás Moro) no están, ciertamente, desprovistos de valor, pero su campo propio es el de la literatura o la filosofía, no en el mundo del Derecho. De ahí que Alejandro Nieto no se deslumbre por los oropeles normativos ni por las erudiciones meramente académicas, sino que se atenga a los “acontecimientos que cotidianamente suceden en la rua”, por utilizar la célebre definición de Antonio Machado. Para llevar a cabo dicha tarea, el autor ha tenido que efectuar su personal depuración crítica, que describe con palabras harto divertidas en la página inicial:

Tengo ochenta y seis años. A los dieciocho entré en la universidad, llamada el Templo de la Ciencia. De los 23 a los 20 he deambulado por los pasillos de los Juzgados donde mora la Justicia, y habitado en las covachuelas de la Administración, en las que se gestionan los intereses públicos y el bien común Luego, durante otros tres años cumplidos y seguidos, he rodado por el mundo sin becas ni empleo para ir perdiendo el pelo de la dehesa académica y lavarme la mugre burocrática. Completada así mi formación personal regresé a la universidad y desde la altura de una cátedra entre los 22 y los 55 he estado enseñando a los estudiantes y lectores los secretos del Derecho que con tanto esfuerzo había estado recogiendo hasta entonces: los arcanos de la ley, del Estado y de la Administración que hacen posible la convivencia pacífica y social.

Hasta que me di cuenta que estaba actuando como un maestro sin pulso, de que vivía engañado y del engaño y engañando a los que me escuchaban, puesto que la justicia de que yo hablaba era un fata morgana, y el Derecho y el Estado que explicaba eran instrumentos de explotación inventados por los poderosos y desarrollados por los sabios de plantilla. No me fue fácil, ciertamente, abrir los ojos a la realidad que había descubierto y aún menos obrar de acuerdo con esta nueva diosa;…”

Es difícil no resistirse a la lectura de una obra que se inicia con tan sincera declaración de intenciones.

Segundo.- Crepuscular. Se trata de una obra claramente crepuscular, una especie de evocación efectuada al barojiano modo, como el genial autor vasco hiciera en sus crepusculares memorias tituladas Desde la última vuelta del camino. En efecto, el propio autor reconoce que lo avanzado de su edad le permite otear la evolución de las instituciones jurídico-públicas con el bagaje intelectual, cultural y realista que le han facilitado su experiencia y el camino recorrido. Es, en efecto, como el alpinista que contempla el paisaje desde la llanura, sube la montaña y otea el panorama desde la cumbre para, en el descenso, efectuar un contraste entre ambos, de tal manera que lo que inicialmente le parecía ver con lo que realmente ha visto desde las alturas. Si en la célebre novela La marcha Radetzky su autor, Joseph Roth, evoca el declive del imperio austrohúngaro con un tono melancólico aunque sin ocultar las miserias y disfunciones institucionales y sociales del régimen, la descarnada crudeza de Alejandro Nieto permite intuir, en determinadas ocasiones, una cierta melancolía a la hora de evocar el lejano pasado, como ocurre, por ejemplo, a la hora de describir la Universidad.

Tercero.- Pesimismo. Aunque, como hemos dicho el libro es realista, está muy bien escrito y en ningún momento se rinde a las exigencias de la nueva inquisición cultural que es la “corrección política”, no obstante, si una sensación invade al lector, y máxime al jurista, es el pesimismo. Los negros tintes con los que describe al Poder Judicial (en línea con sus anteriores publicaciones), al Estado, a la Universidad, casi sumen a uno en la desazón. Valga un ejemplo entre otros muchos que, como jurista práctico, me ha llamado sumamente la atención, no porque considere que el juicio es equivocado, sino porque no es usual un reconocimiento tan explícito. El ejemplo en cuestión es el párrafo en el que quien fuera catedrático de la disciplina, describe la situación del Derecho Administrativo en la segunda década del siglo XXI:

El Derecho Administrativo -en la Administración, en los tribunales y en la universidad- se ha desnortado por completo, ha perdido el pie, no sabe dónde está ni acierta a reaccionar. Sencillamente la realidad le ha desbordado. Los derechos subjetivos que reconocen pomposamente las leyes se han convertido en privilegio de unos pocos. Los tribunales se han cerrado para el común de los mortales y están sólo a disposición de quienes tienen paciencia y dinero para pleitear, que no son todos, y lo que se entrega como pan de la justicia al cabo de tantos años de litigios ya no es pan, sino piedras; mientras que la Administración obra a su antojo apoyada en su impunidad. En estas condiciones la vía que queda es la de la consabida picaresca con un aumento vertiginoso de la corrupción, que es el Derecho Administrativo verdaderamente eficaz.” (página 279)

Es no sólo atípico, sino valiente, reconocer que allá donde fracasa la defensa efectiva de los derechos fundamentales, al ciudadano no le quede otra opción, ya que las vías legales fracasan, acudir no a la ilegalidad, sino a la alegalidad, mientras que gran parte de la élite bordea abiertamente los muros de ambas sobrepasando con creces los muros de aquélla. Es frecuente, cuando en las alturas se destapan una y otra vez casos de corrupción, la tan manida frase de “no fallan los controles, fallan las personas”, lo cual constituye una bufonada monumental; por cuanto tal afirmación sería cierta para un caso o dos, pero cuando la corrupción y los escándalos no son casos aislados, sino sistémicos, no se puede, con un mínimo de seriedad, burlarse de los ciudadanos arrojándoles a la cara tan manida frase, a no ser que abandonamos el buenismo roussoniano del “hombre bueno por naturaleza” o “buen salvaje” y regresemos a la visión hobbessiana del homo homini lupus.

Pero esa visión realista y negativa no la ostenta el autor sólo del Derecho Administrativo. No me resisto a finalizar la presente reseña sin ofrecer un párrafo sobre la judicatura, que suscribo al cien por cien. Nieto salva y reconoce la labor de los jueces (con la excepción, y no total sino parcial, de la que en otras ocasiones califica como “alta magistratura”), pero el tener buenos jueces no implica necesariamente tener un Poder Judicial independiente. Y es aquí donde introduce esta reflexión que el autor de estas líneas suscribe hasta la última coma:

Los partidos políticos tienen atrapados a los jueces a través del Consejo General del Poder Judicial, que es una de las farsas institucionales más cínicas que conocemos. Porque este organismo, que fue creado para asegurar la intangibilidad de los jueces, se ha convertido en un instrumento de su envilecimiento. Partiendo de un pretendido autogobierno se ha terminado en la manipulación más descarada: aquí no se engaña a nadie, todo se hace a la vista del público. No oculta su sumisión a los partidos políticos como estos no ocultan sus intenciones de dominación. Los nombramientos se hacen para cargos importantes -que es su tarea más delicada- se hacen en una feria al aire libre en cuotas escrupulosamente predeterminadas sin necesidad de esconderse en un callejón. Y luego, a la hora de proceder a la provisión de vacantes, vuelve a abrirse el mercadillo y los feriantes se cambian una presidencia por dos vocalías de Sala, un juzgado de instrucción de la Audiencia Nacional por un par de miembros de Tribunales Superiores y al final todos tan amigos, aunque el regateo haya sido duro y se hayan dejado vacantes durante varios años.” (página 198)

La situación descrita no es ni mucho menos exagerada, puesto que a la vista de todos está que la negociación para nombramientos del Consejo General del Poder Judicial o del Tribunal Constitucional (instituciones ambas que están pidiendo a gritos su supresión y que, en una eventual reforma constitucional, debieran pasar a mejor vida) es más propia de un zoco que de otra coas.

Por ello, tras recomendar vivamente a los seguidores de este blog la lectura de estos imprescincibles testimonios de Alejandro Nieto, para levantar algo el ánimo tras la desasosegada visión que a uno le queda de nuestras instituciones, pongamos fin a esta entrada con una obra musical que debiera sonar de fondo en cada una de las negociaciones que tienen lugar a la hora de cubrir una vacante tanto en el Consejo General del Poder Judicial como en el Tribunal Constitucional: En un mercado persa, de Ketelbey.

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Un comentario el “ALEJANDRO NIETO Y SUS “TESTIMONIOS DE UN JURISTA”: DESGARRADORA Y CREPUSCULAR VISIÓN DEL DERECHO PÚBLICO ESPAÑOL.

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