LA ADMINISTRACIÓN, EN LA BASURA.

CONTENEDOR

En el año 1985, dentro del magazín radiofónico diario Protagonistas, comenzó a emitirse una vez a la semana el espacio titulado Debate sobre el estado de la nación, donde un peculiar e impagable grupo de comediantes que se autodenominaban “señorías” y que se encontraban entre lo más granado del panorama humorístico español  (Antonio Mingote, Manuel Summers, Tip y Coll, Alfonso Ussía, Chummy Chummez, Jordi Estadella, Antonio Ozores), desgranaban la actualidad con un envidiable e intenso sentido del humor. El programa constituía un verdadero oasis donde refugiarse de la triste realidad y durante cincuenta minutos más de una vez el propio Luis del Olmo se vio imposibilitado de contener la risa. En el mismo lo cotidiano se convertía en objeto de severa crítica desde el prisma humorístico, dando lugar a poemas y ripios que iban desde la hilarante escatología de Chummy Chummez (“la llevo dentro de mi/con ella es mi amanecer./Ay, almorrana, almorrana/tienes nombre de mujer”), a la cómica seriedad de Mingote (“A un político ruín, de seso escaso/payaso le han llamado injustamente./¡Nunca será ridículo un payaso.!).

Pero, sin duda alguna, el alma del espacio era Luís Sánchez Pollack Tip, uno de los más brillantes humoristas que han existido en España. En cierta ocasión inauguró una sección dedicada a exponer curiosísimos timos, en los que muchas veces improvisaba. En uno de ellos, creo recordar que era el “timo de las carnestolendas afrodisíacas”, un timador llamaba a la puerta de un domicilio, y al recibirle la señora de la casa, tenía lugar este diálogo, según nos contaba el genial humorista valenciano:

-¿Dónde está su marido? (pregunta el caco, o presunto caco).

-Está haciendo caca (responde la ingenua vecina).

-¿Puedo pasar? Soy el contador de vientres, y vengo a revisar el contador de su marido

Confieso que cuando hace apenas un año en determinado Ayuntamiento de una villa española anunció que los contenedores destinados a la recogida de residuos iban a tener que abrirse con tarjeta identificativa para controlar los residuos que generan los ciudadanos, ello me hizo evocar de forma inmediata la divertida narración que Tip efectuara a principios de los años noventa. ¡Quién iba a decir que la ficción humorística iba a convertirse en realidad!

Exagera usted, me dirá sin duda alguna el atento lector, pues la Administración no ha instalado contadores de vientres. Pues bien, si uno profundiza un poco comprobará que, por el momento (incido en este punto, por ahora) la Administración en efecto, no cuenta todos los vientres, si bien ello no se debe en modo alguno a falta de ganas, sino a la carencia de medios técnicos y humanos para ello, que sin duda alguna con el tiempo no tardará en perfeccionar. Pero sí bien no directamente, de forma implícita sí que cuenta determinados vientres, en concreto los de los más pequeños. Porque es evidente que quienes por su cortísima edad no han aprendido aún a controlar su aparato excretor, han de valerse de los pañales a la hora de efectuar la necesaria deposición, y dichos pañales con su oloroso aditamento habrán de depositarse en los contenedores pertinentes, que no son otros que los destinados al residuo orgánico, para cuya apertura el interesado precisará utilizar la correspondiente tarjeta identificativa. Ya tenemos, pues, el hecho: de forma indirecta la Administración puede controlar la intensidad de emisión y el volumen de las heces de determinados individuos, precisamente la de quienes por edad son más indefensos. No tardarán en idearse inodoros que precisen una identificación cada vez que sean utilizados, y sin duda alguna las autoridades impondrán en el futuro la obligatoriedad de instalarlos en las viviendas so pretexto de que el interés público justifica la medida, para contribuir al ahorro del consumo de agua y suponer una medida contra el cambio climático. No faltarán tampoco quienes defiendan que, además, por cada uso del inodoro deba imponerse el “céntimo defecario” como instrumento de política medioambiental.

En fin, que la Administración se refocila literalmente (y se refocilará aún más en el futuro) en las heces, excrementos, residuos y basuras. Claro está que, para mayor comodidad de sus empleados, lo hará de forma indirecta, trasladando la carga al ciudadano. Es de lamentar tamaña falta de valor y renuncia a enviar inspectores que examinen, literalmente, los contenedores de basura, como en cierta ocasión hicieron los empleados públicos de uno de los estados que integran la federación para intentar demostrar la falsedad del domicilio fiscal indicado por el sufrido contribuyente, que veía menoscabado así el aspecto menos limpio de su intimidad.

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