SCHEIN v. ARCHER WHITE: EL “DEBUT” DE BRETT KAVANAUGH EN EL TRIBUNAL SUPREMO.

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Brett Kavanaugh, el juez recién incorporado al Tribunal Supremo de los Estados Unidos, ha efectuado su debut profesional como ponente en la reciente sentencia Henry Schein inc v. Archer White Sales inc, hecha pública el pasado día 8 de enero. En este punto cabe indicar que el Tribunal Supremo ha respetado dos reglas no escritas: por un lado, iniciar el primer trimestre con paso lento pero seguro; por otro, ofrecer a cada nuevo miembro la posibilidad de debutar institucionalmente con un asunto poco controvertido y que le permita aglutinar un sólido apoyo de sus colegas en ese asunto inicial. Y es que, en efecto, entre los meses de octubre y diciembre el Tribunal tan sólo ha hecho públicas tres sentencias (dos en noviembre y una en diciembre), si bien esa ejecución del compás a ritmo de adagio ha dado paso a un molto vivace en enero, donde en los siete primeros días del mes se han hecho públicas cuatro sentencias, es decir, más que en todo el trimestre anterior. Además, en el caso Schein, Kavanaugh logró el respaldo de todos sus colegas. En realidad, el caso Schein se enfrenta a un asunto técnico-jurídico de escasas repercusiones o implicaciones socio-políticas, puesto que se limita a efectuar una interpretación de la Ley Federal de Arbitraje, más concretamente a efectuar un análisis concreto de la excepción de “asunto totalmente infundado”, que permite en cierta medida a los órganos judiciales resolver asuntos pese a encontrarse éstos sometidos a arbitraje por la expresa voluntad de las partes.

Según la Ley Federal de Arbitraje (que data nada menos que del año 1925):

La cláusula contractual estipulando que una disputa en relación a las transacciones comerciales objeto del contrato se resuelva mediante arbitraje será válida, irrevocable y ejecutable, excepto en aquellos asuntos en derecho o equidad relativos a la anulación de cualquier contrato.”

En otras palabras, que el sometimiento voluntario a arbitraje excluye a los órganos judiciales del conocimiento de las controversias derivadas de la ejecución del propio contrato, salvo el asunto relativo a la propia validez del contrato. No obstante, como recuerda la sentencia Schein:

Aun cuando las partes contratantes hayan atribuido la cuestión disputada a un árbitro, el Tribunal de Apelaciones del Quinto Circuito y algunos otros Tribunales de Apelación han resuelto que ha de ser un Tribunal, en vez de un árbitro, quien resuelva la cuestión sometida a arbitraje si, bajo el contrato, el motivo del arbitraje es totalmente infundado. Argumentan dichos órganos judiciales que la excepción de “asunto totalmente infundado” les permite bloquear intentos frívolos de transferir disputas del sistema judicial al arbitraje.”

El Tribunal Supremo, a través del ponente Kavanaugh, se limita a desautorizar dicha jurisprudencia por: “ser contraria al texto de la ley y a nuestros precedentes.” Y motiva su decisión amparándose en una interpretación literal de la ley:

Debemos interpretar la Ley tal y como está escrita, y la Ley en cuestión requiere que interpretemos el contrato tal y como está escrito. Cuando las partes contratantes delegan la resolución de disputas en un árbitro, un órgano judicial no puede sobrepasar el contrato. En tales circunstancias, los órganos judiciales carecen de la posibilidad de decidir cuestiones sometidas a arbitraje. Ello es así incluso aunque el tribunal considere que la controversia de un asunto sometido a arbitraje en una particular disputa es absolutamente infundado.”

La sentencia no se detiene ahí, sino que cita en su apoyo dos resoluciones judiciales emanadas del propio Tribunal Supremo en el mismo sentido, si bien es cierto que la más reciente de ambas, el caso AT&T Technologies inc v. Communications Workers data nada menos que del 7 de abril de 1986 (es decir, se trata de una de las últimas decisiones del Tribunal Supremo bajo la presidencia de Warren Burger), fue redactada por Byron White y, al igual que en el caso Schein, fue unánime.

En cierta ocasión, creo que fue Stephen Breyer quien comentó el hecho que la mayoría de los asuntos que llegan al Tribunal Supremo cuentan a la hora de resolverse con sólidas mayorías, tipo ocho contra uno o siete contra dos, y que tan sólo un pequeño grupo de asuntos se resuelven por el reducido margen de cinco frente a cuatro. Lo que ocurre es que ese pequeño grupo de asuntos suele ser los relativos a asuntos de gran relevancia mediática o con tangenciales implicaciones políticas. No se trata realmente de algo novedoso. En la época de Roosevelt, aunque en decisiones de suma importancia como el análisis de la constitucionalidad de la National Industrial Recovery Act el Tribunal hizo piña y se mostró como un sólido bloque homogéneo (declarando la inconstitucionalidad de dicha norma en el caso Schechter Poultry Corp v. United States, hecha pública el 27 de mayo de 1935), lo cierto es que en otros asuntos mostró una división interna análoga a la existente en la actualidad, resolviendo algunos asuntos por un margen tan reducido que tan sólo precisó el viraje de uno de los magistrados, Owen Roberts, para que la jurisprudencia diese un giro de ciento ochenta grados.

En definitiva, nada nuevo bajo el sol.

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