MARYLAND NATIONAL PARK v. AMERICAN HUMANIST ASSOCIATION: CUANDO LA CRUZ NO IMPLICA ENSALZAR LA RELIGIÓN.

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Imagínense ustedes que en un parque de su ciudad existe una cruz conmemorativa que pretende evocar la memoria de un grupo de vecinos de dicha urbe que perdieron la vida en la Primera Guerra Mundial. Imagínense que esa cruz lleva ubicada en dicho lugar casi un siglo, desde la tercera década del siglo XX, sin que nadie haya objetado nunca su ubicación ni su pertinencia. Extrememos aún más nuestra imaginación y pensemos que un grupo de ciudadanos requieren a la ciudad para que derribe esa cruz al sostener que dicho símbolo pretende ensalzar una determinada confesión religiosa, vulnerando así el principio de aconfesionalidad del Estado. ¿Debería retirarse esa cruz por ser un elemento religioso o, por el contrario, la finalidad última del monumento trasciende del elemento religioso objetivizándose y perdiendo su confesionalidad? No estamos ante un problema teórico ni un supuesto de laboratorio, sino ante un caso real que el Tribunal Supremo de los Estados Unidos ha resuelto el pasado jueves día 20 de junio de 2019 en la sentencia Maryland National Capital Park and Planning Commission v. American Humanist Association, donde el máximo órgano jurisdiccional estadounidense avaló el mantenimiento de la cruz, contando para ello incluso con el voto de Stephen Breyer, uno de los jueces liberales

Como en tantas otras ocasiones, el Tribunal Supremo hace gala de una capacidad de síntesis envidiable, pues resume los hechos determinantes de la controversia y los argumentos principales de los demandantes en un párrafo de trece líneas, en concreto el siguiente:

“Desde 1925, la Cruz de Paz de Blandensburg ha permanecido como tributo a 49 soldados de la zona que dieron sus vidas en la Primera Guerra Mundial. Ochenta y nueve años después de la construcción de la Cruz, los demandados incoaron este pleito, argumentando que se encuentran ofendidos por la ubicación del memorial en suelo público y que su presencia, así como los gastos públicos para su mantenimiento vulneran la Cláusula de Establecimiento de la Primera Enmienda. Para remediar tal vulneración, solicitaron de un juzgado federal la reubicación o demolición de la Cruz o cuando menos la retirada de sus brazos. El Tribunal de Apelaciones del Cuarto Circuito estimó que el memorial es inconstitucional y remitió el asunto para el establecimiento del remedio adecuado. Ahora revocamos tal pronunciamiento.”   

A continuación, el propio Tribunal resume en un párrafo algo más extenso el núcleo de su argumentación, que descansa en una sola idea: el monumento objeto del pleito no pretende ensalzar una religión concreta, sino a un grupo de personas de la ciudad que habían perdido su vida en Europa durante la Gran Guerra. Así razona la sentencia:

“Aunque la cruz ha sido durante mucho tiempo un símbolo preeminente Cristiano, su uso en el memorial de Blandensburg tiene un significado especial. Tras la Primera Guerra mundial, la imagen de una fila tras otra de cruces blancas marcando las tumbas en ultramar de soldados que habían perdido la vida en el horrible conflicto quedó impresa en las mentes de los Americanos que habían permanecido en el hogar, y la adopción de la cruz como la existente en el memorial de Bladensburg debe contemplarse en dicho contexto histórico. Durante casi un siglo, la Cruz de Bladensburg ha expresado el dolor de la comunidad por la pérdida de los jóvenes que perecieron, la gratitud por su sacrificio y su dedicación a los ideales por los que lucharon. Se ha convertido en una referencia prominente de la comunidad, y su retirada o modificación radical en esta fecha sería contemplada por muchas personas no como un acto neutral sino como una manifestación de “una hostilidad hacia la religión que no tiene lugar en nuestras tradiciones de Cláusulas de Establecimiento” Y contrariamente a las intimaciones de los demandados, no existe prueba alguna de intención discriminatoria en la selección del diseño del memorial o en la decisión de la comisión de Maryland para mantenerlo. Las Cláusulas de Religión de la Constitución persiguen fomentar una sociedad en donde personas de todas las creencias puedan vivir en paz de forma armoniosa, y la presencia de la Cruz de Blandensburg en el lugar donde ha permanecido durante tantos años es consistente con ese objetivo.”

Es realmente curioso ver cómo la sentencia, a continuación, hace un esfuerzo por situar adecuadamente la escultura en el contexto histórico en el que fue creada. Para ello, hace un esfuerzo de investigación histórica realmente digno de encomio. Tras reconocer que, en efecto, la cruz fue claramente desde el siglo IV un símbolo del cristianismo, sin embargo la sentencia incide en otra circunstancia, cual es la adopción de la cruz como emblema o enseña de entidades e incluso empresas privadas cuyo objetivo nada tiene que ver con la religión; y así son objeto de mención expresa el grupo Bayer (cruz blanca sobre fondo verde) la cruz roja (cruz roja sobre fondo blanco) y la bandera de Suiza (cruz blanca sobre fondo rojo).

Pero, dado que la cruz en cuestión se había construido y ubicado en el lugar concreto tras la Primera Guerra Mundial, la sentencia cita un estudio doctrinal según el cual: “Durante e inmediatamente después de la guerra, el ejército señaló las tumbas de los soldados con cruces de madera temporales o estrellas de David”, modificando así la costumbre anterior de marcar las tumbas con losetas rectangulares de piedra. Es más, la sentencia cita incluso los dos primeros versos de un poema de John McCrae donde recoge esa costumbre inaugurada en esa época: “En los campos de Flanders soplan las amapolas / entre las cruces, fila tras fila” y desciende incluso a citar un artículo del New York Times en 1921 donde se describe dicho poema como “el poema del ejército” y “de todos quienes comprenden el significado del gran conflicto.” Es más, la sentencia ofrece un dato esencial para determinar el verdadero carácter popular, y no religioso, de la cruz objeto de litigio:

“Tras el armisticio de 1918, el Departamento de Guerra anunció un plan para reemplazar las cruces de madera y Estrellas de David con losetas rectangulares uniformes como las que se habían usado con anterioridad en los cementerios militares americanos. Pero las manifestaciones públicas contra la propuesta fueron inmediatas y contundentes. Muchas organizaciones, incluidas las Madres Americanas de la Guerra, un grupo fundado en 1917, instaron al Departamento a mantener las cruces establecidas de forma temporal.”

La cruz en cuestión tiene en su centro el emblema de la Legión Americana, y las palabras “Valor”, “Resistencia”, “Coraje” y “Devoción”, y en una placa situada en el pedestal, tras la frase: “Dedicado a los héroes del condado Príncipe George, en Maryland, que perdieron sus vidas en la Gran Guerra por la libertad del mundo”, se identificaban uno por uno los cuarenta y nueve vecinos (por cierto, incluyendo a gente de color) que habían fallecido en la guerra.

Tras los hechos, se hace referencia al precedente aplicable, el caso Lemon v. Kurtzman (resuelto el 28 de junio de 1971) donde el Tribunal Supremo, en una sentencia redactada por el entonces chief justice Warren Burger, fijó los tres requisitos esenciales para considerar que una legislación no vulnera la cláusula de libertad de establecimiento: debe tener un propósito secular, es decir, no religioso; el efecto principal o primario no debe ni fomentar ni proscribir la religión; no debe resultar en una excesiva intromisión del estado con la religión. Esos tres principios o reglas se conocen precisamente como el lemon test que ha de aplicarse no sólo a la legislación, sino a cualquier monumento o construcción a los efectos de determinar si el mismo supone o no una vulneración de la cláusula de establecimiento. No obstante, en este caso la sentencia somete a una dura crítica al precedente aplicable, puesto que, en primer lugar, en el caso de construcciones de cierta antigüedad, es ciertamente difícil verificar su propósito originario; y, en segundo lugar, porque ciertos monumentos que no tienen originariamente un propósito determinado pueden llegar a tenerlo.

En este caso, el Tribunal se basa en la íntima conexión de la cruz con el contexto histórico y el propósito para el que fue erigida:

“Recuerda al pueblo de Bladensburg y sus alrededores los hechos de sus predecesores y los sacrificios que efectuaron en su lucha en nombre de la democracia […] El memorial representa lo que los familiares, amigos y vecinos de los soldados caídos sintieron en su momento y cómo optaron por expresar sus sentimientos. Y el monumento ha adquirido estratos adicionales de significado histórico en los años subsiguientes. La Cruz permanece ahora entre los memoriales a veteranos de guerras posteriores. Se ha convertido en parte de la comunidad.”

Los demandantes en la instancia, para intentar derribar la cruz, llegaron incluso a invocar que dicho emblema era el símbolo del Ku Klus Klan, la organización surgida en el profundo sur tras la guerra de secesión e integrada, dicho sea de paso, en su mayoría por simpatizantes del Partido Demócrata. Pero el Tribunal Supremo, tras afear a quienes eso invocan que ninguna prueba aportaban de que la cruz cuyo derribo pretendían tuviese la más mínima relación con el Klan, ofrece un argumento que va en contra precisamente de dicha tesis: en la placa conmemorativa situada en la base de la cruz aparece el nombre de varias personas de color, lo que acredita fehacientemente que no existía ninguna exclusión por motivo de raza.

En definitiva, estamos ante una sentencia que, como todas las del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, anima a la lectura por su estilo ágil, que no excluye la erudición y el academicismo. Pero, sobre todo, para comprobar que el rigor jurídico de los nueve jueces que lo integran se enriquece con una exhaustiva investigación histórica para contextualizar el caso. No se puede pedir mas.

 

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