TRUMP, UCRANIA Y EL «IMPEACHMENT»: LOS ANTECEDENTES QUE LOS MEDIOS SILENCIAN.

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De nuevo ha sucedido. La prensa española en general ha vuelto a enfangarse de lleno a la hora de “informar” (risas) sobre una presunta irregularidad cometida por el presidente Donald Trump y alertar sobre la cercanía de un proceso de destitución. Es hilarante ver, una vez más, a un inefable corresponsal español (cuya faz a la hora de dar ciertas noticias asemeja a la de quien está sufriendo un calambre en el intestino grueso) refiriéndose por nonagésimo novena vez la inminencia de un proceso de destitución frente a Donald Trump, algo de lo que con total seriedad y rigor (más risas) lleva advirtiendo nada menos que desde la toma de posesión del actual mandatario.

Conviene tener una visión completa o global de los hechos, no la visión sesgada, parcial y torticera que ofrecen los medios de comunicación españoles que, reiteramos, a la hora de transmitir noticias relativas a los Estados Unidos hacen gala de la desinformación más absoluta cuando no de una parcialidad tan evidente que no produce otra cosa que arcadas.

Primero.- Los hechos del caso.

1.1.- Sobre la conexión Biden-Ucrania.

Los hechos se remontan a inicios de la segunda década del siglo XXI, es decir, en el segundo mandato del presidente Barack Obama y su vicepresidente Joe Biden, quien fue el encargado de las relaciones con Ucrania, a cuyo efecto se desplazó a dicho lugar en varias ocasiones. En 2014, el hijo del entonces vicepresidente, Hunter Biden, fue contratado por la mayor compañía petrolífera y gasística ucraniana, en concreto Burisma Holdings. La contratación se produjo, pues, en una empresa dedicada a un sector estratégico, y coincidió temporalmente con una campaña del país ucraniano para influir favorablemente en el Congreso de los Estados Unidos con el objetivo de facilitar una independencia energética del país. En esos esfuerzos por inclinar las instituciones norteamericanas en favor de los intereses ucranianos también intervinieron un antiguo jefe de gabinete y un consejero del entonces Secretario de Estado John Kerry.

Evidentemente, cualquier lector objetivo ya ve algo que le suena, pero en la otra cara del espectro político norteamericano. Y es que nada menos que el hijo del vicepresidente (demócrata) de los Estados Unidos formando parte activa de una sociedad mercantil de un país al que su padre efectúa viajes oficiales con frecuencia, y que, a mayor abundamiento, es una empresa que lucha activamente por influir en los Estados Unidos para obtener el apoyo de este país y no depender estratégicamente de Rusia. Parece evidentemente claro que existía un conflicto de intereses que, sin embargo, el vicepresidente Biden negó de forma tajante.

Según parece, el fiscal general de Ucrania inició una investigación sobre el Hunter Biden, que tras uno de los viajes del vicepresidente y después de una reunión con el máximo mandatario ucraniano, fue sospechosamente archivada. El propio ex vicepresidente, en una reunión celebrada con varios corresponsales, se jactó expresamente de haber influido en el presidente ucraniano para destituir a un fiscal con la amenaza de que, de no hacerlo, no recibiría ayuda económica americana por valor de un millón de dólares.

¿Incurrió Hunter Biden en algún comportamiento ilícito? Es algo que, honestamente, no es posible sostener con total certeza. Sí es posible afirmar (algo que ni el propio Hunter Biden ni su padre han negado) que aquel entró a formar parte del consejo de administración de la mayor compañía petrolífera y gasística ucraniana en un momento en el que ésta buscaba influir en los Estados Unidos, de igual forma que es un hecho objetivo que las autoridades ucranianas iniciaron una investigación sobre sus actividades y la misma fue cerrada abruptamente.

¿Cometió el entonces vicepresidente Joseph Biden un comportamiento ilícito? En este punto, sí podemos decir que, aun cuando no ilícito, sí al menos incurrió en comportamientos inapropiados. Amenazar a un jefe de estado de un tercer país con negarle ayuda económica si no destituye a un fiscal (hecho este que, insistimos, ha sido reconocido por el propio Biden, es, cuando menos, un abuso de autoridad, cuando no una extorsión.

1.2.- Sobre la conversación entre Donald Trump y Volodymr Zelensky.

El día 25 de julio de 2019, tuvo lugar una conversación telefónica de media hora de duración entre el presidente Donald Trump y el nuevo mandatario ucraniano Volodymr Zelensky, conversación que en principio es (como todas las que mantienen jefes de estado o de gobierno) secreta, sin perjuicio de que existan determinadas personas que la escuchan o la transcriban.

Pues bien, un medio de comunicación afirma, con una transcripción parcial (entiéndase, incompleta) de la conversación que Trump habría solicitado de su homólogo ucraniano que retomara las investigaciones sobre el hijo de Biden, con el objetivo de perjudicar políticamente a un hipotético contrincante en las elecciones presidenciales de 2020.

Donald Trump no negó haber aludido de pasada a Biden en la conversación, pero sí rechazó que hubiese solicitado el inicio de investigaciones sobre el hijo del exvicepresidente. No sólo eso, sino que hizo algo más. El día 24 de septiembre de 2019 aprobó levantar el secreto que pesa sobre las comunicaciones efectuadas desde la Casa Blanca y desclasificó toda la conversación sostenida con el presidente ucraniano, que se ha hecho pública.

El párrafo en cuestión en el que se alude a Biden es el siguiente:

“Se habla mucho del hijo de Biden, que Biden detuvo la investigación y un montón de gente desea saber eso, por lo que lo que pueda hacer con el Fiscal General será perfecto. Biden anda por ahí alardeando que detuvo la investigación, por lo que si puede comprobarlo….Suena horrible”

Segundo.- Valoración: las clamorosas omisiones de la prensa española al dar la noticia.

Como el amable lector de la bitácora habrá podido comprobar, los hechos reales distan mucho de ser los que la prensa española ha transmitido, lo cual implica que no se ha ofrecido información veraz. Según los medios españoles, Trump habría demandado claramente al presidente ucraniano que investigase al hijo del vicepresidente, pero se cuidan mucho de decir por qué, con la finalidad de aparentar que se trata de una iniciativa presidencial norteamericana motivada por el deseo de perjudicar a un posible rival demócrata.

Ahora bien, conviene plantearse varios interrogantes

2.1.- ¿Por qué los medios de comunicación españoles silencian, omiten u ocultan la pertenencia de Hunter Biden a la mayor compañía petrolífera ucraniana en unos momentos en que Joe Biden era Vicepresidente de los Estados Unidos y cuando Ucrania intentaba influir activamente en las instituciones norteamericanas para asegurar su independencia económica en sectores estratégicos? Es sumamente extraño que quienes se hartaron hasta la saciedad de denunciar al yerno del actual presidente por realizar presuntos negocios irregulares en Rusia guarden el más absoluto silencio sobre la incorporación efectiva y real del hijo del vicepresidente demócrata Joe Biden a una compañía petrolífera ucraniana. Es decir, que el hijo del vicepresidente norteamericano perteneciese de iure y de facto como miembro de pleno derecho en una compañía de un sector estratégico en unos momentos en los que esa compañía intenta influir en las instituciones estadounidenses, a los medios españoles les debe parecer lo más normal del mundo.

Insisto, esto es un hecho objetivo que apunta claramente a la compra de voluntades. Pero, curiosamente, para la prensa española, silencio total.

2.2.- ¿Por qué los medios de comunicación españoles no aluden, ni tan siquiera de pasada, a los rumores que apuntan a que el vicepresidente Biden intervino para detener las investigaciones que las autoridades ucranianas habían iniciado sobre las actividades de Hunter Biden? En este caso, de acreditarse la veracidad de los hechos, estaríamos ante un comportamiento gravísimo y delictivo del entonces vicepresidente, que habría presionado a un jefe de gobierno de un tercer país utilizando su influencia personal para evitar la investigación sobre un familiar. Ya hemos visto que el propio Biden se jactaba públicamente de haber influido en la destitución de un fiscal. Sin embargo, insistimos, la prensa española al respecto, no sabe, no contesta.

2.3.- En cuanto al fondo del asunto, ¿Puede entenderse que Donald Trump requirió al presidente ucraniano para reactivar la investigación? Hemos traducido de forma literal el párrafo concreto en el que Donald Trump menciona de forma expresa a Joseph Biden. En este punto, mi opinión personal (y, por tanto, subjetiva y falible) es que la acusación frente a Trump no tiene el más mínimo recorrido. Léase la frase en su totalidad. En la misma existen tres afirmaciones:

2.3.1.- En primer lugar, Trump manifiesta que “se habla mucho del hijo de Biden”. Lo cual, objetivamente es cierto, puesto que los medios norteamericanos sí se han hecho eco de los negocios de Hunter Biden en Ucrania. Que en España sus nefastos medios de comunicación (tanto públicos como privados) hayan optado por silenciar la noticia es otra cosa.

2.3.2.- En segundo lugar, alude a la circunstancia que “Biden anda por ahí alardeando que detuvo la investigación”. Objetivamente es cierto, pues ya hemos visto que el propio Biden se jactó abierta y públicamente de haber amenazado al entonces presidente ucraniano con negar ayuda económica por un millón de dólares si no destituía a un fiscal.

2.3.3.- Por último, lo que pide Trump es “si puede comprobarlo”. Es decir, si las afirmaciones de Biden relativas a que detuvo la investigación son ciertas. No pide reactivar la investigación, sino que pide lisa, pura y llanamente comprobar si las manifestaciones de Biden al respecto son ciertas. Porque de serlo, es Joseph Biden quien habría incurrido en un delito perseguible ante los tribunales estadounidenses.

2.4.- Existe una última cuestión que nadie se ha planteado, cual es el tema de la filtración interesada y parcial de conversaciones que por su naturaleza tienen carácter legal de secretas. En principio, ello supone que algún empleado de la administración estadounidense habría cometido un delito muy grave, hecho que los medios de comunicación españoles también orillan, como no podía ser menos. Uno se pregunta qué hubiera ocurrido si se hubiese filtrado una conversación privada cuando Barack Obama era el inquilino de la Casa Blanca. Probablemente los mismos voceros que ahora claman por el impeachment presidencial estarían clamando por averiguar la identidad de quien filtró la información y exigiendo su inmediato cese.

3.- Sobre los procedimientos de impeachment en la historia estadounidense.

En los Estados Unidos, a lo largo de su historia únicamente han tenido lugar tres procedimientos de impeachment frente a autoridades o cargos federales de importancia.

3.1.- El primer intento serio de impeachment no tuvo lugar frente a un presidente, sino nada menos que frente a un juez del Tribunal Supremo. En efecto, a finales de 1804 el entonces presidente Thomas Jefferson quiso enviar un recado al máximo órgano judicial estadounidense (copado por federalistas) y promovió un intento de impeachment frente al juez Samuel Chase, magistrado a quien popularmente se conocía como bacon old face. La Cámara de Representantes formuló las acusaciones y el enjuiciamiento por impeachment tuvo lugar en el Senado, que constitucionalmente presidía el entonces vicepresidente Aaron Burr, muy en boca de todos por cuando unos meses antes había tomado parte activa en un lance de honor frente a Alexander Hamilton que había finalizado con la muerte de éste. Sin embargo, todo el mundo alabó a Burr por la manera en que presidió el acontecimiento, que finalizó con una absolución de Chase.

3.2.- El segundo intento tuvo lugar en 1868, cuando un legislativo en manos del ala radical del Partido Republicano promovió un impeachment frente a Andrew Johnson. Johnson, un demócrata sureño que había acudido a las elecciones presidenciales de 1864 en una candidatura de unidad como vicepresidente de Abraham Lincoln, había accedido a la presidencia en abril de 1865, tras el magnicidio que tuvo lugar en el Teatro Ford. Johnson, un profundo racista y que puso todas las dificultades posibles para extender los derechos civiles en el sur (ahí están los estudios debidos a Eric Foner que lo demuestran) protagonizó varios sonoros desencuentros con el Congreso, que finalizaron con su intento de destitución. El procedimiento seguido en la Cámara Alta, presidida a esos efectos por el entonces chief justice Salmon P. Chase (antiguo Secretario del Tesoro de Lincoln). Johnson se libró por la mínima, pues 35 senadores votaron favorablemente a su destitución y 19 en contra, siendo 36 los votos necesarios para que el impeachment hubiese prosperado.

3.3.- El tercer y último intento tuvo lugar en octubre de 1998, cuando la Cámara de Representantes inició un proceso de destitución frente a Bill Clinton acusándole de perjurio y de obstrucción a la justicia. El procedimiento en el Senado se desarrolló bajo la presidencia del chief justice William H. Rehnquist, y finalizó con una absolución del presidente, no alcanzándose ni de lejos la mayoría necesaria, pues en la acusación de perjurio 45 senadores votaron favorablemente a la condena y 55 en contra, mientras que en el cargo de obstrucción a la justicia el voto fue de 50 a 50.

Por cierto, quien desee una narración asequible y sencilla acerca de los dos primeros impeachments, puede consultar el libro Grand Inquest: The impeachments of Samuel Chase and Andrew Johnson, escrito en 1998 precisamente por William H. Rehnquist, quien ese mismo año presidiría el impeachment de Clinton.

En el caso de Donald Trump, es altamente improbable que el impeachment prospere. En primer lugar, porque los hechos por los que se pretende incoar en modo alguno revisten la gravedad que se les pretende dar. Y en segundo lugar, porque en un Senado dominado por los republicanos, es francamente difícil que se alcancen los 67 votos necesarios para que salga adelante la destitución.

No obstante, los medios de comunicación españoles seguirán entretenidos con este juguetito unos meses más. Y cuando el mismo agote su virtualidad, buscarán otro motivo para el impeachment. Por ejemplo, que Donald Trump ha mentido porque el color de su pelo no es natural y se aplica tinte, comportamiento intolerable por suponer un engaño al pueblo americano merecedor de una destitución fulminante.

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3 comentarios en “TRUMP, UCRANIA Y EL «IMPEACHMENT»: LOS ANTECEDENTES QUE LOS MEDIOS SILENCIAN.

  1. Marcelo Molina

    Interesante artículo, por lo visto el tema es mucho más extenso y complicado de lo que nos cuentan los medios. Dicho lo cual, si recorremos la historia de Estados Unidos de América, con esta vara de medir que se desea aplicar ahora, se debería procesar por traición, deslealtad, ejercicio abusivo del derecho, la fuerza y la política y un largo etcétera. Pues han estado (con o sin justificación -casi todos sin justificación-) en todo fregao en el mundo, que estratégicamente les convenía, sólo un pequeño ejemplo, la invasión a Panamá para derrocar a Noriega, cuando lo cierto es que Noriega fue formado por la Administración de USA (CIA) para servir a sus intereses, y cuando se quiso pasar de listo, justificaron una invasión para quitárselo del medio.
    Como dices, fundadamente, este impeachment no llegara a ningún sitio, pero de investigarse debería investigarse a Biden, su hijo y al propio Trump, porque aunque los otros hayan cometido una ilegalidad, la forma y el fondo de como ha procedido Trump ante esta situación, también es ilegal, ya que la forma no es continuar presionando, ni si quiera sugerir al gobierno de otro estado, la investigación de un ciudadano de su país, con clara finalidad política partidista, y lo está haciendo, esto es, Biden actuó/ejerció ilegalmente, abusando del poder de su cargo, colocando a su hijo, pero la forma de investigar esa actuación debería ser por los cauces políticos y judiciales adecuados y no con la forma prepotente con la que actúan las altas esferas de los distintos gobiernos de USA.

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  2. Marcdelo Molina

    Quise decir «con esta vara de medir que se desea aplicar ahora, se debería procesar por traición, deslealtad, ejercicio abusivo del derecho, la fuerza y la política y un largo etcétera, a la casi totalidad de ex presidentes y altos funcionarios de casi todas las administraciones»

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