BREVES NOTAS A RAÍZ DE LAS CONCLUSIONES DE LA INVESTIGACIÓN SOBRE TRUMP

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A principios de esta semana se han hecho públicas las conclusiones del Comité especial de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos creado a los efectos de las investigaciones previas a un posible impeachment al actual presidente Donald Trump. Y nunca mejor dicho lo de “conclusiones”, en plural, porque se han redactado dos documentos: uno, suscrito por los demócratas (actualmente dominantes en la Cámara Baja) muy crítico e implacable con el presidente; otro, por la minoría republicana, que incide en la ausencia total de base que sustente las acusaciones.

Hay un hecho objetivo incuestionable: desde el mismo día de su elección, la sombra del impeachment planeó sobre Donald Trump. El hecho de que fuese un candidato extramuros de la vida política oficial y que venciese contra la inmensa mayoría de los medios de comunicación, hizo su victoria algo poco menos que intolerable, máxime cuando en algunos medios se contemplaba el proceso de elección presidencial de 2016 algo menos que una simple formalidad para elevar a la Casa Blanca a una persona muy aceptada por la política oficial, pero extremadamente odiada por un amplio sector de la población estadounidense, amén de estar bajo la espada de Damocles de la corrupción, aspectos estos que, por ejemplo, en nuestro país los medios de comunicación se guardaron muy mucho de informar.

En este punto, llamo la atención sobre dos párrafos ubicados al inicio de las conclusiones efectuadas por los republicanos:

“Los Demócratas en la Cámara de Representantes han intentado destituir al Presidente desde su misma elección. Los Demócratas introdujeron cuatro resoluciones separadas en 2017 y 2018 para iniciar un proceso de destitución del Presidente Trump. En enero de 2019, en su primer día de sesiones, la Cámara Demócrata introdujo nuevamente los artículos de destitución. El mismo día, una congresista electa prometió a un auditorio de simpatizantes: “vamos a avanzar en ello, y vamos a destituir al [palabra elminada] Sus afirmaciones no son algo aislado. La Presidenta de la Cámara Nancy Pelosi llamó al Presidente “impostor” y dijo que era “peligroso” permitir a los votantes americanos evaluar su actuación en 2020.”

Esto no sólo es cierto, sino que incluso el público español tiene una prueba evidente y manifiesta de la veracidad de dicho aserto. Acudan a la red y si es posible, sintonicen los informativos de cierta cadena privada y las intervenciones de su corresponsal durante los últimos tres años, y podrán observar cómo dicho individuo lleva desde febrero de 2017 afirmando inasequible al desaliento que: “la sombra del impeachment” se cernía sobre Trump. Lo cierto es que dicho corresponsal transmite al espectador una sensación entre hilaridad y pena, dado que uno se siente tentado a que se inicie dicho procedimiento a ver si de una vez finaliza esa cantinela.

Pero es que, en segundo lugar, el informe republicano apunta directamente a la única prueba evidente y objetiva: el contenido de la llamada:

“En el núcleo del asunto, la investigación para el impeachment afecta a los actos de tan sólo dos personas: el Presidente Trump y el Presidente Zelensky. La transcripción de su conversación telefónica el 25 de julio de 2019 no muestra un quid pro quo o indicación alguna de condicionamientos, amenazas o presiones, y mucho menos evidencia de soborno o extorsión. La misma evidencia risas, cortesía y cordialidad.”

Es cierto que en la conversación sale a relucir Joseph Biden, pero no es menos cierto que ello obedece a que dicho personaje se jactó públicamente de presionar al antiguo mandatario ucraniano para que destituyese al fiscal general de dicho país. Eso sí que es un comportamiento delictivo, reconocido, además, por el autor, entonces la segunda autoridad de los Estados Unidos. Y el hecho de que el retoño del vicepresidente extorsionador ostentaba la condición de miembro del Consejo de Administración de la principal empresa ucraniana (cuyo presidente se encontraba, además, investigado por corrupción), con unos emolumentos nada despreciables; compañía cuyo presidente es, seguramente, una de esas casualidades de la vida que tan sólo los malpensados pueden relacionar con la actuación de papá Biden. Lo único que se extrae de la llamada telefónica es que el presidente Trump pide a su homólogo ucraniano que compruebe si las afirmaciones de Biden (en el sentido de ser quien provocó la destitución del fiscal ucraniano) eran ciertas. Es decir, no pide ayuda contra Biden, ni que se investigue in totum a éste, sino tan sólo que se comprobase si las propias afirmaciones efectuadas públicamente por Biden respondían a la realidad.

Pero es que si uno comprueba los interrogatorios, comprobará que no existe ninguna prueba directa de los hechos imputados. El único medio objetivo, es decir, la llamada, ni aun efectuando una interpretación generosa o amplia de la misma con el objetivo de perjudicar a Trump puede sostenerse que en la misma se solicita una investigación a Biden o una ayuda para la reelección. Esta conclusión se extrae del testimonio de personas algunas de las cuales, en el contrainterrogatorio al que fueron sometidos, reconocieron noblemente que esa idea no se basaba en hechos, sino en interpretaciones personales; “lo cual no es nada”, como acertadamente replicaba un congresista republicano.

Llamo la atención de los lectores sobre un hecho aparentemente incomprensible si uno se fija tan sólo en la información que suministran los medios españoles. Joseph Biden, hasta hace poco omnipresente y a quien se describía como el candidato con más posibilidades de ser el rival de Trump ha desaparecido prácticamente de los medios. Lo cual, en principio, es inexplicable, por cuanto la actuación imputada oficialmente a Trump debería acarrearle las simpatías al situarle como víctima de un intento de perjudicarle en la carrera electoral. Ahora bien, si uno conoce los hechos, esa desaparición del antiguo vicepresidente (cuya opción a ser candidato demócrata a la presidencia se ha volatilizado prácticamente) es mucho más comprensible.

Es francamente desafortunado que el informe demócrata comience citando el discurso de despedida de Washington en 1796, cuando anunció que no optaría a una tercera reelección. Porque en ese mismo discurso, el virginiano alertaba sobre el peligroso espíritu de facción y división que estaba surgiendo, y reclamaba el fin de la división partidista y la vuelta a la unidad. Justo lo contrario de lo que hace el informe que utiliza la figura indiscutida del primer presidente de los Estados Unidos.

 

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