FELICES (Y NOSTÁLGICAS) FIESTAS A TODOS.

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En uno de sus maravillosos y nostálgicos relatos incluidos en el muy recomendable libro A este lado del gallinero, el director y escritos José Luís Garci evoca, a través de las películas, diferentes etapas de su vida, entre ellas la infancia. Una idea que ha explicitado muchas veces tanto por escrito como en diversas intervenciones radiofónicas, es que para él (y para los niños de su misma “quinta”) la navidad comenzaba el día 22 de diciembre con el sorteo de la lotería, extendiéndose hasta el día 6 de enero. Ello reducía a quince intensos días, que para un niño transcurrían muy deprisa, y que finalizaban abruptamente una vez transcurrida la noche de reyes, cuando, “sin apenas tiempo para disfrutar de los regalos”, al día siguiente, siete de enero, había que volver a la rutina de las clases y la vida cotidiana.

Mucho tiempo ha transcurrido desde entonces, y mucho se ha desnaturalizado la navidad. Por un lado, el mercantilismo exacerbado ha impuesto que ya desde mediados de octubre empiecen a verse en los establecimientos adornos, bienes y motivos relacionados con la navidad. A ello se une la continua erosión de valores, no exclusivamente cristianos, sino que deberían trascender a cualquier confesión o ideología; valores tales como el respeto, la educación, el saber estar, que parecen haber quedado reducidos a una simple exposición en un museo de antigüedades. La navidad ha quedado hoy en día reducida simple y llanamente a una paga extraordinaria y a unos días de vacaciones en determinados sectores.

Por ello, estoy cada vez más convencido de la vigencia del sermón final que en la imprescindible cinta La mujer del obispo, el clérigo Henry Brougham (magnífico David Niven) pronuncia ante sus feligreses una fría e invernal nochebuena. Bien es cierto que el sermón navideño, en realidad, fue elaborado por Dudley (insuperable Cary Grant) un ángel venido del cielo en respuesta a la oración de un angustiado Brougham, superado por acontecimientos que afectan a su vida clerical y personal. Recomiendo a quien desee pasar un buen rato y disfrutar de ciento diez minutos de buen cine clásico imbuido de espíritu navideño, que vea esta atemporal película dirigida por Henry Koster en 1947.

Y con estas palabras que el obispo Brougham dirige a los asistentes a su misa de navidad, aprovecho para desear a todos los lectores de este blog unas felices fiestas.

 

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