RECORDANDO A KIRK DOUGLAS CON UNA FRASE DE «ESPARTACO» QUE REFLEJA LA SITUACIÓN DE LA POLÍTICA ACTUAL.

El pasado miércoles día 5 de febrero de 2019 se apagó definitivamente el resplandor de una de las últimas estrellas del Hollywood clásico, el gran Kirk Douglas. No digo “la última” porque, hasta donde tengo conocimiento, permanece viva otra de las grandes leyendas del celuloide, Olivia de Havilland, que pese a contar a sus espaldas con ciento tres primaveras, a la vista de las fotografías más recientes uno piensa que tan sólo cuenta con poco más de ochenta. Algo que no ocurría con Douglas a quien, ciertamente, los años no respetaron tanto como a su otra colega de profesión.

El listado de obras maestras protagonizadas por “el hijo del trapero” (título de su libro de memorias) es inmensa. En estos días los noticiarios han recordado Senderos de Gloria y Espartaco (sus dos trabajos a las órdenes de Stanley Kubrick) así como Duelo de titanes, el célebre western de John Sturges que protagonizaba junto a su gran amigo Burt Lancaster. Pero se han olvidado de otras grandes interpretaciones, como El gran carnaval (quizá porque los medios de comunicación se vieron ferozmente retratados en el personaje que encarnaba, un periodista totalmente falto de escrúpulos que se aprovecha de una tragedia ajena en su beneficio profesional), Retorno al pasado (donde competía con un estupendo Robert Mitchum), Ulises (adaptación de la Odisea, donde coincidía con Anthony Quinn), Los vikingos (donde compartía protagonismo con Tony Curtis) o la curiosísima El último atardecer, western crepuscular con una interesante revelación final (sorprendente para la época en la que se rodó) y donde el duelo final entre Kirk Douglas y Rock Hudson fue tenido muy en cuenta por Sergio Leone para rodar el que protagonizaron Charles Bronson y Henry Fonda en Hasta que llegó su hora. Por no olvidar su divertidísimo cameo en el film Oscar, quita las manos, donde interpretaba nada menos que al padre del gangster Angelo “snaps” Provolone (Sylvester Stallone).

He de confesar que, si he de escoger una de las interpretaciones de Kirk Douglas, me quedo con una quizá no tan conocida para el gran público: la del productor Jonathan Shields en Cautivos del mal, un amargo autorretrato del séptimo arte. La escena inicial es absolutamente impagable: Shields asiste al concurridísimo funeral de su progenitor, y al finalizar los oficios, según la concurrencia abandona el responso, Shields va entregando un billete a cada uno de ellos, que no eran conocidos del finado, sino extras del estudio a quienes se contrató para la ocasión. Ello unido al reparto de lujo (en el que descollaban Walter Pidgeon, Lana Turner, Ricardo Montalbán, Gloria Graham y Dick Powell) junto a la dirección de Vicente Minelli hacen de esta película una autentica joya de obligada visión para cualquier aficionado al séptimo arte.

En todo caso, es innegable que la imagen de Kirk Douglas estará siempre ligada al célebre esclavo que lideró una rebelión contra Roma en los años postreros de una República agotada por las guerras internas y que apenas acababa de reponerse de la dictadura de Lucio Cornelio Sila. La cinta, de la que Kirk Douglas no sólo era intérprete, sino productor, adaptaba a la gran pantalla la novela de Howard Fast, aunque con algunas modificaciones de calado, entre ellas el final, que aun cuando universalmente conocido no revelaremos por si alguien aún no lo ha visto. A la hora de elaborar el guión, Dalton Trumbo, personaje que por sus simpatías comunistas había sufrido en carne propia el veto que siguió a la “caza de brujas” auspiciada por el senador MacCarthy, ajustó cuentas con éste. Aprovechando la lucha entre patricios y plebeyos, que personifica en Marco Licinio Craso (un gigantesco Laurence Olivier) y Graco (genial Charles Laughton, en la que sería su penúltima aparición en la gran pantalla) Trumbo se permite otorgar inequívocamente a Craso rasgos de MacCarthy, entre ellos una referencia expresa a “listas” de simpatizantes populistas.

Ahora bien, aun cuando su antipatía por Craso es manifiesta y su opción por Graco evidente, tampoco deja de manifestar ciertas reservas ante el comportamiento de éste. Existen dos frases que revelan la fina línea que separa la apelación a pueblo del simple populismo demagógico.

La primera es un aserto manifestado ante el pleno del Senado y en el que justifica la corrupción en nombre de la democracia: “Toleraría sin problemas cierta corrupción en una república donde las libertades estén garantizadas”, lo cual no deja de ser algo autojustificativo, pues en los minutos finales de la película, cuando Graco demuestra su dignidad y altura, viene a reconocer implícitamente su pasado corrupto en una línea que pasa desapercibida. En todo caso, lo que revela es que siempre existen personas que en nombre de la democracia y la libertad justifican actitudes y hechos deleznables, en este caso, la corrupción.

La segunda frase de Graco no se pronuncia en público, sino en medio de un baño en las termas romanas y en el seno de una conversación con su discípulo Cayo Julio César. En el Senado se había planteado la posibilidad de dejar escapar a los esclavos, algo a lo que César se había opuesto por el ejemplo que ello supondría para los que aún permaneciesen en Italia. Al encontrar a Graco en las termas, éste le revela que ha negociado con los piratas cilicios para que éstos pongan sus naves a disposición de los esclavos rebeldes a fin de permitirles escapar; mas no por motivos altruistas, o por un análisis político de calado, sino porque con esa medida debilitaría a su rival Craso, que deseaba abiertamente el enfrentamiento. Ante un atónito César, el senador Graco pronuncia una frase que sin duda alguna ha cobrado rabiosa actualidad en el mundo del siglo XXI:

“No te escandalices. La política es una profesión práctica. Si un criminal tiene lo que quieres, debes negociar con el.”

Toda una declaración de principios.

En fin, para finalizar esta evocación a uno de los grandes actores del Hollywood dorado, y puesto que estamos a escasas horas de la ceremonia de entrega de los Oscar, optamos por reproducir este divertidísimo número que Kirk Douglas protagonizó junto con su colega y amigo Burt Lancaster en la ceremonia del año 1958, y donde ambos expresaban su alegría por no estar nominados entonando la canción: “It´s great not to be nominated”. Que lo disfruten.

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