LECTURAS SEMI-JURÍDICAS PARA UN CONFINAMIENTO

El confinamiento domiciliario impuesto por el Gobierno el pasado día 14 de marzo, que en principio se prolongará, cuando menos, hasta el 26 de abril, unido a la paralización forzosa de la Administración de Justicia, limitada a los servicios esenciales, ofrece al jurista la oportunidad de distraer momentáneamente su atención del derecho positivo para orientarla a la lectura de obras que, sin estar totalmente desvinculadas del mundo jurídico, salpimentar éste condimentándolo con especias procedentes de otros territorios como la filosofía o la historia e, incluso, por qué no, la novela.

De ahí que me permita humildemente ofrecer a los visitantes del blog las lecturas de las que, en previsión de una extensión moderada del confinamiento, me he previsto con anterioridad a la reclusión en el domicilio. Las lecturas en concreto son las siguientes:

1.- Revolución francesa y Administración contemporánea, del maestro Eduardo García de Enterría (reimpresión de la cuarta edición, Civitas, Madrid, 2004). En realidad, se trata de una recopilación de tres estudios en los que expone con la lucidez y rigor habitual del maestro de administrativistas el nacimiento del moderno Derecho administrativo y el régimen municipal.

2.- Los primeros pasos del estado constitucional. Historia administrativa de la Regencia de María Cristina, de Alejandro Nieto (segunda edición, Ariel, 2006). Magna obra donde el autor bucea en las fuentes no sólo normativas, sino que utiliza con abundancia los diarios de sesiones de las Cámaras así como la prensa periódica para ofrecer todo un fresco jurídico-histórico que abarca los distintos aspectos de lo que hoy en día se considera la parte general del derecho administrativo: sistema de fuentes, Administración central, Administración periférica, empleo público y control del poder ejecutivo. Se trata, por tanto, de una visión “administrativa” de una época crucial, cual es la definitiva puesta en marcha del sistema constitucional (tras los fracasos anteriores, sobre todo del trienio) con una guerra civil de fondo. El autor no cae en la tentación de cesar su análisis con el mero texto de la norma positiva, sino que la inserta en el contexto histórico, lo que permite al lector comprobar que, en numerosas ocasiones, la eficacia de las normas no iba más allá del alcance de las armas que la sustentaban, dado el conflicto bélico que se prolongó durante todo el periodo abarcado (1833-1840).

3.- Cincuenta años de procedimiento administrativo en un mundo cambiante, de Francisco González Navarro (Iustel, Madrid, 2008). Publicada con motivo del cincuentenario de la benemérita Ley de Procedimiento Administrativo de 1958, el catedrático y magistrado González Navarro aprovecha para efectuar un recorrido por toda la historia normativa del procedimiento administrativo desde los orígenes del constitucionalismo en Cádiz hasta el momento en el que escribe la obra. Como el propio autor reconoce en el prólogo, intenta aunar derecho, historia y filosofía para articular un sistema conceptual propio.

4.- Oliver Wendell Holmes: A life in War, Law and Ideas, de Stephen Budiansky (Norton Company, Nueva York, 2019). Se trata de una recentísima biografía de uno de los jueces más célebres de los Estados Unidos. Este libro permite aseverar cómo en muchas ocasiones es más decisiva para la formación de un jurista la experiencia que los conocimientos. Holmes, nacido en el seno de una familia de clase alta en el Boston de mediados del siglo XIX (su progenitor fue el médico y escritor Oliver Wendell Holmes sr., con quien, por cierto, mantuvo una peculiar relación de amor-odio), al igual que ocurriera casi un siglo antes con John Marshall, se vio mucho más influido por el conflicto bélico en el que participó (la guerra de secesión, donde fue herido de gravedad hasta en tres ocasiones) que por su formación académica. Dos notas fundamentales le caracterizaban: su defensa a ultranza del self-restrain, que le llevó no a una deferencia, sino a una auténtica sumisión al legislativo y un sentido del humor que a veces no estaba exento de cierto cinismo. Me quedo con una frase antológica, la explicación ofrecida a sus secretarios cuando éstos le preguntaban cómo elaboraba sus resoluciones judiciales: “es como orinar: aplicas una presión, una ligera presión, y sale” (página 10). Me pregunto si en el caso que Holmes consultase algunas resoluciones de cierto “tribunal” español (que paradójicamente no está inserto en el poder judicial) no alteraría ligeramente la metáfora sustituyendo las referencias a la micción por el ejercicio de la función excretora.

Si el jurista desea no perder el contacto con el mundo del derecho, pero en esta ocasión dotándolo de unos perfiles más novelescos, les recomiendo también otras dos lecturas:

1.- La serie de novelas escritas por el jurista Erle Stanley Gardner protagonizadas por el abogado criminalista Perry Mason, personaje sin duda alguna conocido por la serie homónima de finales de los cincuenta y principios de los sesenta donde el personaje principal estaba interpretado por el actor Raymond Burr, cuyo rostro estará por siempre ligado a Mason como la recientemente desaparecida Barbara Hale siempre estará en nuestra memoria como la eficaz y cómplice secretaria Della Street. Pese a que muchas personas en los Estados Unidos reconocieron haber optado por la carrera de Derecho tras ver las diversas temporadas de la serie Perry Mason, lo cierto es que esa serie de obras son más novelas de misterio tipo Agatha Christie o Arthur Conan Doyle que otra cosa, si bien sustituyendo al detective por un abogado. El vector jurídico no es, por tanto, más que una simple coartada, y los estrados en lugar donde ese misterio es resuelto, y donde normalmente Mason se trasmuta en Hércules Poirot o Sherlock Holmes para arrojar luz a la trama. Una curiosa mezcla de misterio, novela negra y drama judicial. Aunque hay una edición en la benemérita editorial Molino, yo manejo las publicadas a mediados de los ochenta en la impagable colección Grandes Maestros del Crimen y Misterio, que salió al mercado en los años ochenta del siglo XX y en la que, además de Gardner, se publicaron obras de autores como Raymond Chandler, Maurice Leblanc, Patricia Highsmith, Ross McDonald, Georges Simenon, Edgar Wallace, Rex Stout y, por supuesto, Agatha Christie y Arthur Conan Doyle.

2.- Matar un ruiseñor, de Harper Lee, obra con la cual sin duda alguna los lectores estarán familiarizados con la adaptación cinematográfica, que le valió a mi admiradísimo Gregory Peck el Óscar al mejor actor. En este caso el drama judicial que acontece (un juicio, en un estado del profundo sur, contra un ciudadano de color a quien se imputa una violación) permite a la autora describir la vida cotidiana en un pueblecito del sur de los Estados Unidos durante la gran depresión, con la particularidad que esa visión tiene lugar a través de la óptica de una niña, Scout, la hija de Atticus Finch, el abogado protagonista del relato.

Para finalizar con una sonrisa, una deliciosa pieza que sirve para acreditar el gran sentido del humor que tenía Raymond Burr. Pese a que las exigencias del guión le exigían mantener casi en todo momento un rostro serio y acorde con la gravedad de las circunstancias, lo que se veía recompensado por su invariable éxito al final de todo caso, cuando Perry Mason hubo de defender al humorista Jack Benny, a quien se imputaba el gravísimo delito de asesinar a un gallo, no tuvo precisamente su día……

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