UNA DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS: A PARTIR DE MAÑANA…..I´M GONNA LIVE UNTIL I DIE!

Finalizado el periodo vacacional y a punto de la obligada vuelta a las tareas del cotidiano quehacer profesional, la situación vivida durante los meses de abril a junio y la nueva etapa que se avecina (caracterizada por interrogantes de los que aún se desconoce la respuesta y por la inestabilidad debida a hechos ajenos a la voluntad humana), ha ocasionado, o cuando menos a quien suscribe le ha servido para hacer un repaso a la trayectoria vital y a replantearse varias cosas. Y es que, superada ya la primera mitad de ese partido que es la vida, e iniciando la segunda parte del encuentro, debe uno afrontar el resto de la jornada desconociendo cuanto tiempo se prolongará la estancia en el césped, a lo que debe añadirse la súbita mutación de las reglas de juego impuestas en plena lid. Por ello, sirva este post como una declaración de principios para lo que resta de existencia vital, principios que vienen ilustrados por dos temas musicales.

A mediados de los años ochenta, escuché por primera vez el tema A partir de mañana, de Alberto Cortez. A mi padre, un gran aficionado a la lírica y a la música ligera y que tenía una magnífica voz, admiraba profundamente al cantautor argentino, y no era infrecuente oírle entonar en casa la voz temas como Castillos en el aire, En un rincón del alma, Las moscas (no fue Juan Manuel Serrat quien puso música al célebre poema de Antonio Machado, sino que fue Alberto Cortez en los cincuenta quien lo hizo) y ese A partir de mañana que tanto me persiguió desde entonces. Y si cuando el redactor de estas líneas, en los últimos coletazos de su infancia y en plena transición a la adolescencia, escuchó por vez primera dicho tema sin apenas prestar atención a la letra, hoy en día, transcurridas casi cuatro décadas, puede escuchar tal pieza desgranando lo que la misma pretende transmitir: la voluntad de vivir de una persona que, traspasado el ecuador de su vida, explicita su intención de vivir al máximo y con gran intensidad lo que le reste de existencia. La letra es maravillosa, y de ella destaco el estribillo: “Hasta el día de hoy, solo fui lo que soy, “aprendiz de Quijote”./He podido luchar, y hasta a veces ganar, sin perder el bigote./Ahora debo pensar, que no pueden dejar de sonar las campanas/Aunque tenga que hacer, más que hoy y que ayer/A partir de mañana”.

He aquí al inmortal Alberto Cortez interpretando en los años ochenta su célebre tema-declaración de principios:

El segundo tema, complementario del anterior, es quizá hoy en día más conocido al haber sido utilizado como tema central en la película Knives out (aquí traducida como Puñales por la espalda). Me estoy refiriendo al I´m gonna live until I die, interpretado por el “viejo ojos azules” o “la voz”. Si el título es ya de por sí significativo, la letra no es menos explícita. Lo que en Alberto Cortez era una declaración teñida de cierta melancolía, en Frank Sinatra se convierte en un torrente de vitalidad y con una música frenética que transmite una arrolladora fuerza, podemos escuchar que: “They’re gonna say «What a guy!»/I’m gonna play for the sky/Ain’t gonna miss a thing/I’m gonna have my fling/I’m gonna live, live, live till I die.” Juzguen ustedes mismos escuchando a uno de los puntales básicos del añorado Rat Pack:

Lo cierto es que cercano al medio siglo, y tras más de dos décadas de ejercicio de la abogacía, uno se replantea muchas cosas. Jesús González Pérez afirmaba en el prólogo a la tercera edición de su imprescindible Manual de Derecho Procesal Administrativo, que si la redacción inicial de la obra se elaboró con toda la ilusión y en pleno ímpetu juvenil, la que a la postre sería la última (fechada en el año 2000) se hacía con la desmoralización ocasionada por tres décadas de ejercicio profesional observando cómo la jurisprudencia contencioso-administrativa se refugiaba en formalismos y rituales para abdicar de su tarea esencial, que era proteger la libertad del ciudadano. ¡Dichosísimos tiempos aquéllos que precisaban treinta y cinco años para desmoralizar a un jurista, cuando ahora ese mismo objetivo se consigue en la cuarta parte del tiempo! Los últimos meses han visto confirmada una vieja tesis de quien esto suscribe, y es que a quienes depositen sus esperanzas en el Poder Judicial confiando en que éste tutelará las libertades individuales, lo único que cabría es felicitarles por su optimismo y decirles, como en la célebre frase bíblica: “grande es tu fe”. Porque, como el mismo González Pérez afirmaba en el capítulo inicial de otra de sus obras, en concreto en Responsabilidad patrimonial de las Administraciones públicas, los jueces han sido tradicionalmente más una rémora que un acicate para lograr un Estado de derecho; frase esta última, por cierto, que el autor significativamente mantuvo en las sucesivas ediciones de la obra. La historia del Poder Judicial en nuestro país da la razón al ilustre administrativista, lo cual no puede dejar de causar una honda desazón a la vez que una pérdida de las ilusiones que, lógicamente, pasan factura desde el punto de vista anímico por muy optimista que uno sea.

Ante la doble lucha que se avecina, la de un poder acrecentado que, con la excusa de la lucha frente al COVID-19, sitúa a los ciudadanos en un estado de perpetua vigilancia, y la de un Poder Judicial que abdica de su tarea de proteger las libertades individuales en aras de un panestatalismo hegeliano, no queda otra opción que replantearse los principios y afirmar que, ante el nuevo inicio del curso: A partir de mañana……I´m gonna live until I die.

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