LA CIRCULAR DEL ATTORNEY GENERAL SOBRE LA INVESTIGACIÓN DE FRAUDES ELECTORALES

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El día de hoy casi todos los medios de comunicación españoles se han hecho eco de una noticia relativa al proceso electoral estadounidense: el attorney general ha autorizado a investigar las denuncias de fraude electoral si tienen cierta base. Aunque ciertos medios televisivos han ofrecido la noticia con la ausencia de rigor habitual (alguno de los “sospechosos habituales” ha llegado a decir que lo que se autoriza es a investigar “las denuncias de Trump”) en este caso la prensa escrita, por lo general, ha obrado con bastante más rigor que la televisiva y, desde luego, mucho más acertadamente de lo que suele hacer gala y así, por ejemplo, el diario El Pais se refiere a la autorización de investigar “las acusaciones de fraude electoral “si son creibles” y alteran el resultado”. Sin embargo, el antaño prestigiosísimo diario ABC excrementa el siguiente titular: “Trump usa a la Fiscalía para intentar invalidar el resultado de las elecciones en EE.UU.” 

Como es regla habitual en esta bitácora, prescindamos de los medios de comunicación españoles, que no es que sirvan de ayuda, es que su lectura en estos casos es perjudicial para la salud. Nos hemos limitado a seguir el procedimiento habitual que, en este caso, pasa por consultar el documento firmado por el Attorney General. Y puesto que no deseamos influir para nada en la toma de posición del lector, nos limitaremos simplemente a ofrecer una traducción literal del citado documento, cuyo original en lengua inglesa es fácilmente accesible a través de internet.

He aquí el documento en cuestión:

“Oficina del Attorney General

Washington D.C. 20530

9 de Noviembre de 2020.

MEMORANDUM PARA: 

ATTORNEYS DE LOS ESTADOS UNIDOS

AYUDANTES DEL ATTORNEY GENERAL EN LA:

DIVISIÓN CRIMINAL

DIVISIÓN DE DERECHOS CIVILES

DIVISIÓN DE SEGURIDAD NACIONAL

DIRECTOR DE LA OFICINA FEDERAL DE INVESTIGACIÓN

DEL: ATTORNEY GENERAL

ASUNTO: INVESTIGACIÓN DE IRREGULARIDADES EN EL RECUENTO POST-ELECTORAL

La semana pasada, nuestra nación demostró nuevamente la fuerza de nuestra democracia, puesto que más de 140 millones de Americanos depositaron su voto para elegir sus líderes. Deseo dar las gracias a cada uno de vosotros y vuestros equipos por vuestros extraordinarios esfuerzos para asegurar que todos los Americanos pudiesen ejercer este más fundamental de sus derechos con confianza y en seguridad.

Ahora que la votación ha concluido, es imperativo que el pueblo americano pueda confiar que nuestras elecciones se han desarrollado de tal forma que el resultado refleje fielmente la voluntad de los votantes. Aunque los Estados tienen la responsabilidad primaria de dirigir y supervisar las elecciones bajo nuestra Constitución y las leyes aprobadas por el Congreso, el Departamento de Justicia de los Estados Unidos tiene la obligación de asegurar que las elecciones federales se desarrollan de tal forma que el pueblo americano pueda tener plena confianza en su proceso electoral y su gobierno.

Los criterios generales del Departamento en relación con las investigaciones por fraude electoral se encuentran en el Manual de Justicia. Estos criterios requieren, entre otras cosas, consulta con la Sección de Integridad Pública de la Rama de Delitos Electorales (“ECB”) en determinados casos. Estos criterios ya permiten investigaciones preliminares, incluyendo el interrogatorio de testigos, que se desarrollan sin consulta con la ECB. En los casos donde son consultados, la práctica general de la ECB ha sido aconsejar que los trámites de una investigación abierta no deben iniciarse hasta que la elección en concreto haya finalizado, su resultado certificado, y todos los recuentos y las impugnaciones finalizadas. Tal pasividad y enfoque de ejecución demorada puede dar como resultado situaciones donde las malas prácticas electorales no pueden ser rectificadas de forma realista. Mas aún, esta práctica de la ECB nunca ha sido un principio sólido y sumario, y deben efectuarse determinaciones y resoluciones para cada caso específico. Aunque muchas de las alegaciones de presuntas irregularidades electorales son de una escala tal que no tendrían impacto en el resultado final de las elecciones y, por tanto, la investigación puede con total propiedad ser retrasada, no siempre es el caso. Más aún, cualquier temor de que acciones abiertas realizadas por el Departamento pueden inadvertidamente tener impacto en unas elecciones es altamente reducido, si es que existe, una vez la votación ha concluido, incluso si el certificado de la elección aún no se ha completado.

Visto lo cual, y visto que la votación en nuestras presentes elecciones ha concluido ya, les autorizo a investigar las denuncias de irregularidades sustanciales en la votación y en el recuento anteriores a la certificación de los votos en vuestras jurisdicciones en ciertos casos, como ya he hecho en casos específicos. Tales investigaciones y revisiones pueden ser realizadas si existen denuncias claras y creibles de irregularidades que, de ser ciertas, pudieran tener un potencial impacto en el resultado de una elección federal en un estado concreto. Cualquier investigación sobre denuncias de irregularidades que, de ser ciertas, no tengan un impacto en el resultado de la elección federal en un estado concreto debe normalmente retrasarse hasta después de que la certificación de los resultados haya sido completada. En tanto los attorneys de los Estados Unidos mantengan su autoridad para desarrollar las pesquisas e investigaciones como estimen apropiado, sería prudente iniciar cualquier asunto relacionado con las elecciones como investigación preliminar, para constatar si existen pruebas que exijan más pasos en la investigación.

Aunque es imperativo que las denuncias creíbles sean efectuadas de forma efectiva y en plazo, es igualmente imperativo que el personal del Departamento obre con la adecuada cautela y mantenga la absoluta adhesión del Departamento a la justicia, neutralidad e imparcialidad. Sois los más veteranos cargos en el Departamento de Justicia de los Estados Unidos y confío actuéis con gran cuidado y juicio a la hora de tramitar las denuncias de irregularidades en las votaciones y los recuentos. Mientras que las denuncias serias deben ser gestionadas con gran cautela, las especulativas, fantasiosas o absurdas no deben servir de base para iniciar una investigación federal. Nada de lo dicho debe ser tomado como una afirmación en el sentido de que el Departamento afirma que las irregularidades en la votación han influido en el resultado de cualquier elección. Ofrezco estas indicaciones y guías para enfatizar la necesidad de tramitar apropiadamente las denuncias de irregularidades en las votaciones de tal forma que el pueblo americano, con independencia de su preferencia por un candidato o partido, pueda tener plena confianza en el resultado de nuestras elecciones. El pueblo americano y sus líderes libremente elegidos no merecen menos.”

Ese es el documento tal y como ha sido entregado a sus destinatarios. Hasta este momento nos hemos limitado a ofrecer información objetiva. A continuación, ofrecemos nuestra particular visión del asunto.

Ni forzando la interpretación del documento hasta extremos rayanos en la ficción puede concluirse que tal documento sirve de base para investigar las denuncias del presidente, o que pretende alterar el resultado electoral. De una lectura atenta puede concluirse lo siguiente:

1.- En los criterios de actuación del Departamento, que se encuentran recogidos en el Manual del Departamento de Justicia, ya se encuentra contemplado el modo de actuar en el caso de denuncias relativas a fraude electoral. Por tanto, este Memorandum o circular en realidad no establece o crea nada nuevo, sino que tan sólo se limita a especificar o aclarar cómo se debe proceder. Y si existe una palabra que pueda condensar todo el documento, esa no sería otra que: “prudencia.”

2.- En lo referente a las denuncias que se reciban, el Memorandum deja bien claro que debe prescindirse u orillarse aquellas gratuitas o carentes de base, y tan sólo aquellas que tengan una mínima base o apariencia de credibilidad pueden tenerse en cuenta. Por tanto, es bien claro que ya se establece un primer filtro de admisión: tan sólo deben aceptarse las que tengan un mínimum de credibilidad o de base.

3.- En el caso de que una denuncia por fraude electoral tenga ciertos visos de ser creíble, caben a su vez dos posibilidades:

3.1.- Que el fraude no tenga influencia alguna en el resultado de las elecciones. Es decir, que aun cuando exista un delito o irregularidad con relevancia penal, la misma carecería de eficacia práctica en lo que al resultado de las elecciones en concreto se refiere. En este caso, el Memorandum lo deja bien claro: las actuaciones de investigación se iniciarán una vez haya concluido el recuento, certificación y remisión de votos. Es decir, las actuaciones penales se iniciarán una vez se hayan culminado todas las fases del proceso electoral, que abarcan (y así se dice expresamente) no sólo recuento, sino impugnaciones administrativas y judiciales.

3.2.- Que el fraude tenga impacto o relevancia en el resultado. En este caso, sí que las actuaciones penales no admiten demora, por cuanto si la perpetración del fraude lo que busca es precisamente alterar el resultado electoral, no tendría sentido demorar las actuaciones y permitir que el fraude alcance el resultado pretendido, que es lo que ocurriría de esperarse a la finalización del procedimiento electoral en todas sus instancias. No obstante, incluso en estos casos el Memorandum exige obrar con extremada cautela, aconsejando efectuar investigaciones preliminares para verificar si se dan las circunstancias que exijan una acción penal inmediata.

No es infrecuente, sino que, por el contrario, es habitual en el seno de todos los procesos electorales estadounidenses (es decir, los comicios presidenciales, las elecciones a la Cámara de Representantes y al Senado) se produzcan impugnaciones tanto en vía administrativa como judicial (fases que en la terminología jurídica estadounidense reciben el nombre de protest y contest, respectivamente), lo que ocurre es que las mismas tan sólo adquieren (lógicamente) notoriedad cuando esa impugnación tiene visos de tener impacto directo en el resultado. Como ocurrió, por cierto, en el año 2000, cuando el candidato demócrata Albert Gore, tras haber felicitado telefónicamente a George W. Bush por su victoria en los comicios presidenciales, se retractó del reconocimiento al haberle informado sus asesores que la victoria del republicano en Florida era por tan escaso margen que un recuento o la anulación de un puñado de votos podría alterar la victoria en dicho estado, lo que supondría darle la presidencia al candidato demócrata. Nadie cuestionó entonces el legítimo derecho que tenía Gore a impugnar el resultado de las elecciones. Ello dio lugar a un largo procedimiento que culminó en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, más en concreto con la célebre sentencia Bush v. Gore, hecha pública el 12 de diciembre de 2000, fecha en la cual se despejaron todas las dudas acerca de quién sería el inquilino de la Casa Blanca. Sentencia, por cierto, de la cual los medios de comunicación españoles, como siempre, tocaron de oído y se refirieron a la misma e incluso la analizaron sin dar muestras de haberla leído.

En los años noventa, en una de las entregas del hilarante Debate sobre el estado de la Nación, que con tanto acierto dirigía maravillosamente el recordado Luís del Olmo acompañado de una pléyade de humoristas de la gala de Luis Sánchez Pollack “Tip”, José Luís Coll, Alfonso Ussía, Antonio Mingote y Antonio Ozores, el director del programa planteaba un interrogante a Tip, y cuando éste le respondió: “¿Y me lo preguntas a mí, Luís?”, el célebre locutor leonés precisaba: “Es que tengo que ir a la fuente”, ante lo cual la contrarréplica del humorista valenciano fue una de esas improvisaciones que hizo de él uno de los grandes: “Pues vete a la fuente, Luis. ¡Y lávate un poco!” 

En lo que se refiere al tratamiento de las noticias que provienen de los Estados Unidos, el mejor consejo que podría darse a los medios de comunicación españoles en general es el mismo que hace casi tres décadas recibió Luís del Olmo de ese genial humorista valenciano que fue Luís Sánchez Pollack.

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