EL VIRUS «ADMINISTRATIVO» ALTAMENTE «CONTAGIOSO»

Carlos Marx y Federico Engels iniciaban su conocidísima obra afirmando que un fantasma recorría Europa. Parafraseando a dichos autores, podríamos decir que en la actualidad “Un virus recorre el ordenamiento jurídico español. El virus de lo administrativo.” No, no es una broma. Hace unos días cierta cadena privada emitía una entrevista efectuada a un reputadísimo magistrado, quien seguramente estaba lejos de sospechar que en el rótulo que identificaba su cargo y especialidad figurase: “Magistrado Contagioso-Administrativo”. No, no es broma. He aquí la prueba que me ha facilitado un amable lector:

Pues bien, si acudimos al Diccionario de la Real Academia Española, podremos comprobar que el adjetivo “contagioso” tiene tres acepciones, de la cual sin duda alguna la más utilizada es la primera, según la cual: “Dicho de una enfermedad. Que se pega y comunica por contagio.” Es decir, que se trata de una enfermedad que se transmite de un ser a otro. Por tanto, en este caso, la enfermedad que se transmite es lo “administrativo”. La cuestión plantea varios interrogantes, y para responderlos nada mejor que acudir a uno de los virólogos más reputados de nuestro país, el doctor Enol Vido: 

PR: ¿Cuáles son los síntomas del virus “administrativo”?

EV: Un estado de decaimiento total. El individuo queda inutilizado en todas sus actividades de la vida diaria, precisando de una tercera persona (jurídico-pública) para ello. Se trata de un grado de dependencia absoluta, que anula no sólo las facultades motoras, sino que llega incluso a afectar gravemente a las cognoscitivas. Y, sobre todo, se trata de un virus sumamente oneroso, dado que ataca fundamentalmente al bolsillo del enfermo.

PR: ¿Cómo se transmite la enfermedad?

EV: Por la simple exposición a las actividades de la vida cotidiana, como al adquirir un vehículo o una vivienda, acudir a un centro docente o incluso al dar a luz. El virus está en todas partes. 

PR: ¿Quiénes son sus principales transmisores y sus potenciales víctimas?

EV: El principal agente transmisor es la bacteria “operarius publicus”, que es grave pero no letal. Sí que existe una variante muy peligrosa, el “praetor fiscus”, mortal de necesidad. Aconsejo a cualquiera mantenerse alejado de este último, dado que, además, posee un altísimo grado de toxicidad. Cualquier ciudadano puede caer víctima de ambos a través de la simple exposición a los mismos, no existiendo ningún modo de evitar la inoculación del virus en el cuerpo humano ante un contacto cercano.

PR: ¿Qué tratamiento existe para tal virus, si es que existe? ¿Hay vacuna para protegerse de la enfermedad?

EV: Desgraciadamente, no existe tratamiento conocido. Aún no existe vacuna que prevenga dicha enfermedad. Los especialistas llevan nada menos que doscientos años intentando encontrar una cura para el virus administrativo, pero cada avance tecnológico en lugar de retraer la enfermedad la expande. 

No es infrecuente que aparezcan errores no ya en los medios de comunicación, sino en las publicaciones oficiales. Ayer mismo el Boletín Oficial del Estado publicaba la Resolución de 10 de marzo de 2021 de la Subsecretaría del Ministerio de Transición Ecológica manifestando que en una resolución anterior: “en “Datos del adjudicatario”, en la columna “Nombre”, donde dice “Digo”, debe decir “Diego”; otorgando así publicidad oficial al célebre aserto popular de manera que, como decía el famoso político abulense, se eleve a la categoría de oficial lo que en la calle es algo real. No es, con todo, el error más divertido y significativo. En cierta ocasión, en la Disposición Adicional de cierta norma se aludía a la “Instrucción 1/2003 de 15 de enero del Pleno del Conejo General del Poder Judicial”. No obstante, en la década de los ochenta del siglo XX el jurista y escritor Fernando Vizcaíno Casas se hico eco en una de sus obras de la ocasión en que la norma aludió al “Consejo General del Joder Judicial”, si bien en este último caso a uno le entran dudas de si se trató de un error involuntario, de una declaración de principios o de un lapsus freudiano, vista la lamentable trayectoria de la institución.

En fin, que como dice el célebre aforismo latino, errare humanum est.

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